Quiñones, J. y Aguilar, G.
Revista Actividad Física y Ciencias Año 2026, vol. 18, Nº1. Primer semestre / enero – julio
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La relación de ser humano con la naturaleza ha estado marcada, desde su inicio, por
diversos eventos que han devenido la afectación de ambos. En la actualidad dicha relación
ha llegado a un punto de alto riesgo para la sobrevivencia del conjunto de los
seres vivos. Para revertir tal situación, es imprescindible formular una ruta crítica
que se inicie con la comprensión de esta relación en el marco de la integralidad de los
acontecimientos, reconociendo su elevada complejidad. (p. 1047).
Desde luego, las interacciones humanas en los ecosistemas han llevado a una crisis
ambiental que amenaza el suministro vital y la biodiversidad global. Esta situación nos obliga a
considerar la necesidad urgente de establecer un nuevo paradigma que permita alcanzar una
relación armónica entre la naturaleza, el ser humano y la sociedad. Sin embargo, para lograr este
propósito, es innegable que deben ocurrir cambios significativos impulsados por un ideal de
sostenibilidad a escala mundial, Gutiérrez (2025) sostiene que los debates sobre la naturaleza, tanto
en el ámbito teórico como en el político, nos obligan a cuestionar los modelos actuales que
priorizan la modernización, la extracción de recursos y una lógica puramente instrumental. Esta
propuesta de la autora señalada, nos refiere que debemos impulsar nuevas formas de conocimiento
con un dialogo transdisplinario que conecte la filosofía, el ámbito académico y los saberes de las
comunidades ancestrales. Para interactuar socialmente que promuevan la recuperación de los
ecosistemas y una mayor justicia para las comunidades y el ambiente.
Se explica, que estos cambios deben originarse en el ser humano, principal responsable de
la crisis ambiental actual. Por lo tanto, la solución radica en el perfilamiento de un nuevo ser
humano, dotado de una formación que le proporcione las herramientas cognitivas y afectivas
necesarias para abordar con inteligencia y responsabilidad los complejos problemas ambientales
que él mismo ha generado.
Ante esta realidad, Rodríguez La Rosa (2024) surge la necesidad de crear, dentro de
América Latina, sociedades más articuladas, sistemas educativos integrados y políticas más
inclusivas donde el ser humano, desde sus primeros años de vida, tenga la posibilidad de
desarrollar un amplio sentido crítico de la naturaleza. También, la Organización de las Naciones
Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) (2024) a través Educación para el
Desarrollo Sostenible (EDS) asegura que; equipar a individuos de todas las edades con el
conocimiento, las habilidades, las capacidades y los valores esenciales. Con ello, les permite
abordar desafíos críticos como el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, el consumo
excesivo de recursos y la desigualdad, problemas que afectan directamente tanto el bienestar de
las personas como la salud del planeta. En este marco, la EDS se convierte en un pilar fundamental
para fomentar la conservación ambiental al dotar a las futuras generaciones de las herramientas
necesarias para proteger y regenerar nuestro entorno.
De este modo, la conservación ambiental ha emergido como una preocupación apremiante
a nivel mundial y local, exigiendo no solo una comprensión exhaustiva de los desafíos ambientales
que enfrentamos, sino también la implementación de medidas tangibles y efectivas para