Borge, L., Blanco, Y., Primelles, I. y Rodríguez, R.
Revista Actividad Física y Ciencias Año 2026, vol. 18, Nº2. Segundo semestre julio / diciembre
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La capacitación de los grupos comunitarios mediante la recreación inclusiva a través de
las actividades físico–recreativas inclusivas responde a la necesidad de articular la dimensión
lúdica con la formación de valores sociales y ambientales. En este sentido, la recreación no se
concibe únicamente como un espacio de esparcimiento, sino como un proceso formativo que, al
integrar principios de inclusión y sostenibilidad, contribuye al desarrollo integral de los
participantes. Autores como Álvarez de Zayas (2019) y Sierra Salcedo (2007) han señalado que
las estrategias pedagógicas, cuando se diseñan en correspondencia con las características de los
educandos y las condiciones del contexto, se convierten en instrumentos eficaces para la
transformación social. De igual manera, la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, 2021) enfatiza que la educación inclusiva es clave
para garantizar igualdad de oportunidades y respeto a la diversidad, principios que pueden ser
aplicados en la recreación comunitaria como medio de capacitación.
En ese sentido, la inclusión, entendida como la participación equitativa de todos los
miembros de la comunidad independientemente de sus capacidades físicas, cognitivas o sociales,
constituye un eje esencial de la propuesta. En el ámbito comunitario, la recreación inclusiva
permite superar barreras sociales y culturales, fomentando la solidaridad y la cohesión grupal.
Hernández Álvarez, et al. (2019) destacan que la práctica físico–recreativa adaptada favorece la
integración plena de los participantes, incrementa la autoestima y fortalece la percepción de
autoeficacia. En el caso del Consejo Popular San Agustín, donde confluyen actores sociales
diversos, la inclusión se convierte en un requisito indispensable para garantizar la efectividad de
cualquier estrategia de capacitación.
Por otra parte, la Agenda 2030 de Naciones Unidas (2015) plantea la necesidad de formar
ciudadanos conscientes del impacto de sus acciones en el medio ambiente, promoviendo
prácticas responsables y sostenibles. En este marco, las actividades recreativas comunitarias
pueden convertirse en espacios de sensibilización ambiental, mediante el uso de materiales
reciclados, la organización de caminatas ecológicas y la realización de dinámicas que vinculen la
práctica física con el cuidado del entorno. Baena Morales, et al. (2023) subrayan que la
Educación Física y la recreación ofrecen oportunidades únicas para integrar la sostenibilidad en
el currículo y en la vida comunitaria, generando aprendizajes significativos que trascienden el
ámbito escolar.
En este caso, la literatura sobre desarrollo comunitario en Cuba ha destacado cómo, tras
los procesos de actualización del modelo económico y social, se ha reforzado el llamado a
potenciar la iniciativa local y la capacidad de gestión desde las comunidades (Garcés 2021 y
Espina 2019). Sin embargo, los modelos tradicionales de capacitación para delegados,
presidentes de Consejo, activistas de organizaciones de masas y líderes naturales suelen
privilegiar enfoques verticales de transmisión de contenidos (normativas, procedimientos),
dejando en un plano secundario el desarrollo de las competencias transversales y psicosociales
indispensables para el liderazgo efectivo en el siglo XXI, facilitación del diálogo, mediación de