Es de anotar que las mujeres escriben poco en comparación con los hombres. En las
revistas, escriben cuentos, poemas y artículos que manifiestan sus inquietudes, vivencias, sueños,
proyectos y reclamos, además de discutir el cultivo del alma, la importancia de la escritura y los
derechos de los desposeídos. En la revista Sábado, fundada en 1921, participaron mujeres como
Blanca Isaza de Jaramillo Meza, Sofía Ospina de Navarro, Esther Restrepo, Lola Restrepo y
Enriqueta Angulo. Sábado realiza concursos de literatura, cuyos jurados son los directores. Entre
ellos se encuentra una mujer, Lorenza Quevedo de Cock, con Gonzalo Restrepo J. y Félix Mejía.
Cyrano y Sábado tienen un alto contenido literario y pueden considerarse revistas pioneras,
debido a que en ellas se encuentran registros de escritura de mujeres de 1921 a 1923. El
investigador Escobar Calle (1991) dice que la reacción hacia las “muchachas escritoras” —como
las llama el “Tuerto López”— (Escobar Calle, 1991) es de censura, debido a que los textos
literarios de María Cano y María Eastman se los juzga de “demasiados sensuales” (p. 1). En
especial, los textos políticos de María Cano se califican de “panfletos comunistas” (p. 1).
Ejemplos de estos tipos de textos elaborados por María Cano son algunos poemas
publicados en la revista Cyrano. Entre los “demasiados sensuales” están el poema “Tú”,
publicado en la revista 29 de 1922, donde escribe: “Que soy vaso colmado! / Por eso sereno mi
paso, / temiendo rebose, / que yo bebo amante, en mi vaso tu vida” (1922b, p. 348), y
“Azahares”, publicado en la revista 19 de 1922, que expresa: “El candor de aquella alma de niña,
abría su cáliz cual azahar aromado, y recibía, inconsciente, un rayo del gran sol que debía
fecundarla” (1922a, p. 233). Un ejemplo de “panfleto comunista” es el artículo “Día de la
Manifestación Obrera Pro-Presos de Barranca Bermeja”, publicado en El Correo Liberal, el del
7 de julio de 1925a, en la edición 3001, donde se lee: “Soy mujer y mi sangre se agita al sentir el
ultraje hecho a mi raza. Quiero yo también lanzar el grito de protesta contra todas las
humillaciones y oprobios que se imponen a nuestros hombres” (p. 3).
Lo anterior ocasiona, en clara oposición, que un selecto grupo de señoras y señoritas
conservadoras (Teresa Santamaría de González, Sofía Ospina de Navarro, Ángela Villa de Toro
y Alicia Merizalde de Echavarría) funden, en 1926, su propia revista, Letras y Encajes, en la que
realizan publicaciones desde 1926 hasta 1956. En la revista 2 de 1926, en un aparte de un
artículo sobre Las revistas y la mujer, escrito por La Dirección, se lee:
Las revistas escritas por las mujeres y para las mujeres son siempre sanas y pueden
entrar a los hogares más recatados sin ofender a nadie: no puede ser de otro modo,
pues no se comprende que ellas puedan escribir cosas contra la moral. No serían
mujeres si así lo hicieran. (p. 1)
En tono con la anterior idea, en esta época circuló la revista Gloria (1946), publicada por la
empresa Fabricato. En sus páginas participaron mujeres como Carlota de Correa, María Cristina,
Cecilia Calvo, Elisa de Sierra y Enriqueta H. Espinosa, así como la columnista Dorothy Dix,
quien escribía con frecuencia en la sección titulada “Inquietudes femeninas”. En general, sus
publicaciones estaban permeadas por la defensa del rol de las amas de casa, junto con temas de
moda y belleza. Se conserva registro de la revista Gloria en la Biblioteca Pública Piloto hasta
1952.
Además, en este tiempo, en Bogotá, se publicó Agitación Femenina (1944), fundada por
“Ofelia Uribe de Acosta, Inés Gómez de Rojas, Carmen Medina de Luque, Eloísa Mariño de
Machado, Elvira Sarmiento de Quiñones, Aída de Hoyos, Marina de Pinzón Saavedra, Mercedes
Arenas de Lara, Alicia Solano Sanabria y Leonor Barreto Rubio” (Uribe de Acosta, 1963,
pp. 202-203). En ellas, los textos son más extensos y tratan temas como la moral, el feminismo,
los principios, los derechos de las mujeres y el trabajo social. Asimismo, en Agitación Femenina,
los textos abarcan también asuntos sobre la política y la triangulación de los derechos —
educación, voto y trabajo—.
Para Arango Rodríguez (2016), la escritura permite a las personas formarse como sujetos y
explorar temas sociales, culturales y políticos. Destaca que escribir sobre experiencias personales
es una acción política que posibilita a los individuos expresar su conocimiento y compartir lo que
han aprendido en contextos específicos. Según Arango Rodríguez (2017), al analizar la
experiencia, se investiga la historia de la formación del individuo, que es un producto de
múltiples discursos. Esta historia de la formación es, en esencia, la historia de las experiencias,
un proceso continuamente transformador que no puede comunicarse de manera directa.