
Estrategias lúdico-didácticas para potenciar habilidades
sociales en las dinámicas de convivencia escolar
Investigación y Postgrado, 40(2), octubre 2025, pp. 89-111
Competencias como la amabilidad, la mentalidad abierta, la responsabilidad, la
colaboración, la resiliencia, el optimismo, un enfoque positivo ante las dificultades, la
autodeterminación, la esperanza, la estabilidad emocional, la extroversión, la
proactividad, entre otras, podrían ser de gran valor para superar esta problemática. Si la
personalidad es un conjunto de fuerzas que producen disposiciones y respuestas
conductuales (Grasso, 2018), es esencial actuar mediante la educación del carácter y los
rasgos de personalidad para orientar las acciones hacia el bien, utilizando metodologías
capaces de preparar a los niños para desarrollar valores, habilidades y conocimientos
relacionados con la paz, la democracia, la sostenibilidad y la ciudadanía.
En este sentido, los principios de la enseñanza cooperativa y el constructivismo
social (Vygotsky, 1981), así como el paradigma del aprendizaje activo y experiencial
(Dewey, 1986), ofrecen una epistemología de referencia para las metodologías que
apoyan actividades que involucran diálogo, debate y colaboración para construir una
cultura de paz y ciudadanía. Esto es esencial especialmente en contextos caracterizados
por la vulnerabilidad, ya que los niños se ven más estimulados a practicar valores como
la empatía, la escucha, la comprensión, la solidaridad y la participación en la alegría y el
sufrimiento (Galtung y Fisher, 2013).
Desarrollar actividades sobre problemas reales que requieren un enfoque
interdisciplinario e intercultural, puede fomentar una cultura de debate y discusión,
utilizando la diversidad como recurso, a través de dramatizaciones y otras técnicas, para
la búsqueda de un pensamiento colectivo. De este modo los niños pueden superar los
prejuicios, y abordar conflictos y separaciones, motivados por el deseo de coexistir
pacíficamente mediante una cultura de tolerancia.
La pedagogía del diálogo, el juego, la discusión, la no violencia y la democracia
como proceso educativo, que caracterizó la obra de Paulo Freire (1994), también ofrece
un valioso apoyo teórico para las actividades en el aula, las cuales, con base en dichas
enseñanzas, deben incluir también momentos de profunda reflexión emocional que
favorezcan cambios en comportamientos y actitudes. La pedagogía mayéutica y
liberadora de Freire se fundamenta en la capacidad generativa del aprendizaje como
recurso para transformar la realidad, mediante un proceso educativo que se centra en
categorías como la no discriminación, el respeto a la diversidad y la justicia, la libertad,
la creatividad, las relaciones y la colaboración, intrínsecamente vinculadas con estas
técnicas. De hecho, a través de las relaciones que promueve la lúdica, los jóvenes tienen
la oportunidad de gestionar tensiones, comprender su interdependencia, negociar roles y
contribuir a la construcción del conocimiento y su utilidad social y cultural.
Los desafíos educativos actuales exigen la protección de los derechos humanos, la
inclusión, la eliminación de todas las formas de desigualdad y la igualdad de
oportunidades para el desarrollo integral de cada persona, con el fin de promover la
convivencia pacífica y democrática entre pueblos y culturas. Sobre estos temas, el
Informe de la UNESCO (2021) además de las leyes promulgadas por los distintos países,
representan marcos regulatorios capaces de promover una nueva forma de contrato
social, para acompañar a la humanidad hacia formas de sostenibilidad y convivencia
pacífica a través de la educación.