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Rondón Marcano,T.S.(2026). Percepción y disposición docente hacia las estrategias motivacionales
para el fomento del carácter emprendedor en estudiantes universitarios. Dialógica, Revista
Multidisciplinaria. 23(1), 165-183.
actitudes emprendedoras que permitan a los estudiantes convertirse en agentes de
cambio.
Para ello, es indispensable que el docente universitario asuma un rol activo como
gestor de aula, capaz de identificar las potencialidades de sus estudiantes y aplicar
estrategias motivacionales que favorezcan el aprendizaje significativo. En este punto, el
docente estratega no se limita a instruir, sino que diseña experiencias formativas que
despiertan el interés, fortalecen la autonomía y promueven la iniciativa personal. Como
señala Zabalza (2007), el profesor universitario debe ser un profesional reflexivo, con
dominio de herramientas pedagógicas que le permitan adaptar su práctica a las
necesidades reales del contexto.
Sin embargo, la motivación estudiantil no es un fenómeno lineal, es decir, cada
estudiante construye sus propios referentes motivacionales al iniciar su trayectoria
académica, pero estos pueden verse afectados por factores estructurales, institucionales y
personales. Es por ello que, las dificultades económicas, las carencias formativas previas,
la rigidez de los programas de estudio y la escasa vinculación con el entorno productivo
pueden generar procesos de desmotivación que impactan negativamente en el
rendimiento y la proyección profesional (Deci y Ryan, 2000). En este escenario, el docente
se convierte en un mediador clave, capaz de reorientar el proceso formativo mediante
estrategias que reconozcan la diversidad de intereses y estilos de aprendizaje.
Se parte del supuesto de que, la motivación, entendida como motor interno que
impulsa la acción, puede ser estimulada mediante prácticas pedagógicas contextualizadas,
capaces de generar sentido y propósito en el aprendizaje. En este sentido, el carácter
emprendedor no se reduce a la creación de empresas, sino que se concibe como una
actitud proactiva, resiliente y creativa frente a los desafíos del entorno (Gibb y Hannon,
2005). La pertinencia del estudio se enmarca en las exigencias de un mundo globalizado,
caracterizado por la aceleración tecnológica y la valorización del conocimiento
especializado. En este contexto, la educación superior debe asumir el reto de formar
profesionales con capacidad investigadora, pensamiento crítico y vocación emprendedora.