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Dimas, A. (2026). Más allá del aula: construyendo puentes entre familia y escuela en educación
primaria. Dialógica, Revista Multidisciplinaria. 23(1), 233-253.
Universidad Pedagógica Experimental Libertador
Vicerrectorado de Investigación y Postgrado
Instituto Pedagógico “Rafael Alberto Escobar Lara”
Subdirección de Investigación y Postgrado
Autora: Armelvis Dimas
adimas@uvoriental.org
https://orcid.org/0009-0004-9734-0112
Dpto. de Educación de la Asociación Venezolana de los Adventistas del 7mo. Día
Puerto Ordaz, Bolívar - Venezuela
PP. 233-253
MÁS ALLÁ DEL AULA: CONSTRUYENDO PUENTES ENTRE FAMILIA Y
ESCUELA EN EDUCACIÓN PRIMARIA
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primaria. Dialógica, Revista Multidisciplinaria. 23(1), 233-253.
MÁS ALLÁ DEL AULA: CONSTRUYENDO PUENTES ENTRE FAMILIA Y ESCUELA EN
EDUCACIÓN PRIMARIA
Autora: Armelvis Dimas
adimas@uvoriental.org
https://orcid.org/0009-0004-9734-0112
Dpto. de Educación de la Asociación Venezolana de los Adventistas del 7mo. Día
Puerto Ordaz, Bolívar - Venezuela
Resumen
La influencia de la familia en el desarrollo educativo del niño es fundamental
especialmente en la etapa primaria. Es a partir de ahí que se hace una prioridad brindar
orientación familiar como estrategia pedagógica en el ámbito escolar. Este estudio tuvo
como propósito examinar la orientación familiar como una prioridad fundamental en la
educación primaria, reconociendo su papel crucial en el desarrollo integral del niño. Este
análisis reflexivo indica que la participación activa de los padres en la supervisión de
tareas y comunicación con la escuela se asocia positivamente con mejores resultados
académicos. Se concluye que la implementación de programas de orientación familiar en
las escuelas primarias es crucial para potenciar el desarrollo integral del niño y fortalecer
el vínculo familia-escuela.
Palabras clave: Orientación familiar, escuela, educación primaria, infancia.
BEYOND THE CLASSROOM: BUILDING BRIDGES BETWEEN FAMILY AND SCHOOL IN
PRIMARY EDUCATION
Abstract
The influence of the family on a child's educational development is fundamental,
especially in primary school. Therefore, providing family guidance as a pedagogical
strategy in the school setting is a priority. This study aimed to examine family guidance as
a fundamental priority in primary education, recognizing its crucial role in the child's
holistic development. This reflective analysis indicates that active parental participation in
supervising homework and communicating with the school is positively associated with
Recibido: Julio 2025
Aceptado: Diciembre 2025
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better academic results. It concludes that implementing family guidance programs in
primary schools is crucial to fostering the child's holistic development and strengthening
the family-school bond.
Key words: Family guidance, school, primary education, childhood.
Introducción
En la actualidad las familias enfrentan grandes desafíos en la crianza y educación de
los hijos, los cambios ocurridos a nivel mundial en el área tecnológica, económica e
ideológica han logrado un impacto significativo en los protagonistas del proceso
educativo. El propósito de este artículo fue examinar y sistematizar aportes de la
literatura especializa en torno a la orientación familiar como una prioridad fundamental
en la educación primaria, reconociendo su papel crucial en el desarrollo integral del niño.
Con ello, se buscó destacar cómo el fortalecimiento de las habilidades parentales y
la provisión de herramientas educativas a las familias pueden mejorar significativamente
el rendimiento académico, el bienestar emocional y la integración social de los
estudiantes. En este sentido se buscó proponer estrategias prácticas que fomenten una
colaboración más estrecha entre la escuela y el hogar, consolidando así una base sólida
para el futuro de las nuevas generaciones en un entorno globalizado y en constante
cambio.
Resulta importante señalar, que las familias se encuentran inmersas en un torbellino
de desafíos sin precedentes en lo que respecta a la crianza y educación de sus hijos. Los
vertiginosos cambios a nivel mundial en el ámbito tecnológico, con la omnipresencia de
las pantallas y la información digital; en el plano económico, con la creciente precarización
laboral y la necesidad de dobles ingresos; y en el terreno ideológico, con la diversidad de
valores y modelos de familia, han logrado un impacto significativo en los protagonistas del
proceso educativo: padres, madres, tutores y docentes.
Esta compleja dinámica global ha modificado radicalmente las estructuras familiares
tradicionales y las interacciones cotidianas. Los padres, en muchas ocasiones, se ven
desbordados por las exigencias laborales y la presión social, lo que reduce el tiempo y la
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energía disponibles para una dedicación plena a la educación de sus hijos. A esto se suma
la brecha digital y generacional, que a menudo dificulta la comprensión y el
acompañamiento efectivo de los niños en su relación con las nuevas tecnologías. En este
escenario, la orientación familiar se establece como una herramienta indispensable para
dotar a las familias de las competencias necesarias para navegar estos desafíos, promover
un ambiente familiar propicio para el aprendizaje y el desarrollo emocional, y fortalecer
así el vínculo vital entre el hogar y la institución educativa.
Moratinos (2019) afirma que, “es en la familia donde el ser humano encuentra el
ambiente más adecuado para educarse y crecer como persona” (p. 41). Es decir, el
ambiente familiar proporciona las mejores condiciones para iniciar con el proceso de
enseñanza y aprendizaje, es en el hogar donde los niños reciben las primeras
instrucciones, afianzan los valores, creencias y principios. La familia cumple un papel
fundamental en el proceso educativo; pues es en este ambiente donde los niños se inician
como imitadores de conductas a través de la observación y a su vez van potencializando
su aprendizaje social.
Muchos padres se preocupan por lograr que sus hijos tengan una buena educación,
otros no saben cómo brindar a sus hijos una educación de calidad, mientras que otros
creen que esta responsabilidad es solo de la escuela; aunado a esto la tecnología ha
tenido un alcance y un impacto muy significativo, es en el entorno familiar, donde
encontramos que el celular, la tablet y computadora son los medios que están educando o
mal formando a los niños. En la mayoría de los casos no existe un control del tiempo para
que los niños se vean obligados a cumplir con sus responsabilidades escolares; padres
muy ocupados con sus trabajos, actividades o simplemente padres ausentes. Por tal
motivo se hace tan urgente y prioritaria la orientación familiar.
Es vital que la familia tenga bien definido el orden de prioridad en su vida, en el afán
de satisfacer las necesidades del hogar, se coloca en primer lugar el trabajo dejando a sus
hijos en un segundo plano. En ocasiones no es ni suplir las necesidades sino algún
pasatiempo, deporte, amistades o simplemente el ocio; esto trae como consecuencia
padres desligados, no involucrados en el proceso educativo y niños desmotivados, con
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gran desinterés; es decir las circunstancias laborales, financieras, académicas y sociales de
los padres de familia afectan directamente el rendimiento escolar de los hijos.
Cuando se sensibiliza a la familia sobre la importancia de colocar a los hijos como
una prioridad los resultados son visibles. expertos confirman que dedicar diariamente
tiempo exclusivo, sin interrupciones y de calidad a los hijos en el hogar esto permite crear
un vínculo afectivo que genera una red de apoyo, motivación y un fuerte compromiso
emocional; como consecuencia los niños se sienten emocionalmente amados, motivados y
dispuestos a aprender y aprovechar el tiempo con sus padres.
La orientación familiar tiene como propósito lograr una educación de calidad que
inicie en el hogar y se fortalezca en las instituciones educativas; Moratinos (ob cit.)
enfatizó que “necesitamos aprovechar los beneficios de la orientación familiar y aplicarlos
para solucionar problemas del proceso educativo” (p. 41). Esto nos indica que la
orientación familiar sirve como intervención pedagógica aumentando la participación
activa de los niños y por ende la de sus padres en el involucramiento del proceso
educativo. La orientación familiar permite optimar la parte académica de los niños en su
etapa primaria, ayuda a los padres a prepararse como formadores y a elevar la calidad de
vida en familia.
Las instituciones educativas consientes de la importancia de trabajar en conjunto
para lograr en los niños un desarrollo integral, brindan herramientas a los padres para
empoderarlos y lograr niños donde su rendimiento académico sea exitoso. Estas, en sus
esfuerzos por lograr esta unidad y compromiso de parte de la familia utilizan estrategias
como charlas, seminarios, talleres y encuentros virtuales para lograr concientizar a los
padres sobre su papel protagónico. Pero todos estos esfuerzos son muchas veces nulos
cuando los padres no le dan prioridad a la educación de sus hijos dejando de asistir a las
convocatorias o programas realizados por la escuela para brindar orientación a la familia.
Es a través de la orientación familiar donde se empieza a construir una
comunicación efectiva entre padres y maestros; este binomio mejora significativamente el
rendimiento escolar y se va construye un ser humano preparado para enfrentar los
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desafíos de esta sociedad moderna. Estudios demuestran que la mayoría de los niños que
tienen buen rendimiento escolar se debe al involucramiento de los padres con la escuela.
Los padres y maestros también deben crear vínculos en beneficio de la formación de los
niños, es en esta etapa donde se asientan las bases y cimientos sólidos para así brindar
una educación de calidad.
Metodológicamente, el artículo es un ensayo reflexivo, derivado de un estudio
cualitativo interpretativo en desarrollo, sustentado en una revisión documental que
permitió profundizar en las experiencias, percepciones y significados que tanto padres
como docentes y niños otorgan a la orientación familiar y su impacto. Fue ideal para
explorar las dinámicas complejas y las interacciones humanas, así como para comprender
el cómo y el por qué detrás de las actitudes y prácticas en la formación integral del niño en
la actualidad. En consonancia a lo descrito, el estudio se apoya en la revisión documental
sistemática (Moreno et al., 2018), que permite “profundizar la temática en pro de generar
un aporte a la sociedad científica y educativa” (p. 45); y además añade que, “esta práctica
rigurosa permite identificar las mejores prácticas, las limitaciones de las investigaciones
anteriores y las preguntas de investigación aún sin respuesta, lo que orienta el diseño de
nuevos estudios y contribuye a la generación de conocimiento confiable y válido” (p.45).
En cuanto a la ruta procedimental metódica de este artículo, se puede describir que
las fuentes se seleccionaron mediante una búsqueda intencional y sistemática en bases de
datos académicas reconocidas. Se utilizaron descriptores específicos como orientación
familiar, relación familia-escuela y desarrollo integral en primaria.
Para la construcción de este artículo reflexivo, se seleccionaron y analizaron doce
fuentes clave. De estas, cuatro corresponden a teorías fundamentales (sociocultural,
resiliencia familiar, participación parental) y el resto a investigaciones recientes que
validan la problemática actual. Se aplicaron criterios de pertinencia, donde se abordó
directamente el vínculo pedagógico entre el hogar y la institución escolar. Otro criterio fue
la autoridad, sustentada con autores reconocidos en el área de la psicología educativa y
sociología.
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Por otra parte, la información se organizó siguiendo una estructura dialéctica y
temática, que permitió la Identificación del problema actual (desafíos de la crianza), así
como la Fundamentación teórica (el papel de la familia como agente educador), el Análisis
de la interacción (la sinergia familia-escuela) y la propuesta reflexiva (la orientación como
herramienta preventiva). Esta organización permitió que el ensayo fluya desde la teoría
general hacia la argumentación de la necesidad de programas de orientación en las
escuelas.
Vale mencionar, además, que se utilizó el método de análisis de contenido y síntesis
reflexiva con el fin interpretativo de los textos seleccionados. El proceso consistió en
contrastar las teorías de autores clásicos con las realidades sociales actuales, lo que
permitió extraer las inferencias que sustentan la orientación familiar como la estrategia
pedagógica más efectiva para el desarrollo integral del niño.
El dedicar tiempo a los niños en su educación primaria
El permanecer siempre en casa no es sinónimo de ayuda o acompañamiento al niño
en su formación académica. Beltrán (2013) afirma que “Los padres no siempre interactúan
con los hijos cuando están en el hogar. Existen actividades que influyen más en la
educación de los hijos cuando sus padres están cerca de ellos, como por ejemplo, la
supervisión de tareas o la disponibilidad para colaborar con la realización de las mismas”
(p. 128) Esto nos quiere decir que no se trata sólo de estar en casa siendo pasivo sino
participar activamente, llevando un control de las actividades asignadas, teniendo una
constante revisión de las tareas escolares, no dando por sentado que el hijo tiene la
capacidad para realizar sus tareas escolares en tal sentido significa estar atento a todos los
aspectos del desarrollo educativo del niño.
El tiempo que se le dedica a la educación de los hijos proporciona un efecto
significativo en el desempeño del mismo y principalmente se produce en la etapa de la
educación primaria del niño. Dedicar tiempo a los niños durante su educación primaria es
una inversión invaluable que trasciende el mero acompañamiento en tareas escolares.
Implica construir un puente sólido de comunicación y confianza, donde los padres o
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cuidadores se convierten en figuras de apoyo y guía, no solo en lo académico sino en el
desarrollo integral del infante. Este compromiso activo permite identificar
tempranamente fortalezas y debilidades, celebrar pequeños logros y abordar desafíos con
empatía, fomentando la autoestima, la curiosidad y el amor por el aprendizaje. Es en este
tiempo compartido donde se siembran las bases de hábitos de estudio, resiliencia ante la
frustración y la comprensión de que la educación es un viaje continuo, no una meta a
alcanzar.
Más allá de los beneficios evidentes en el rendimiento académico, el tiempo
dedicado a la educación primaria de un niño fortalece los lazos familiares y consolida un
ambiente de seguridad emocional. Cuando los niños perciben que sus padres están
genuinamente interesados en su progreso escolar y en sus experiencias diarias, se sienten
valorados y comprendidos. Esta conexión profunda facilita que expresen sus inquietudes,
miedos y alegrías, creando un espacio de diálogo abierto fundamental para su bienestar
psicológico. En esencia, dedicar tiempo no es solo supervisar deberes, es acompañar,
escuchar, motivar y modelar la importancia del conocimiento y el esfuerzo, sentando así
las bases para un futuro de individuos autónomos, conscientes y comprometidos con su
propio crecimiento.
Vale mencionar además que esta dinámica de acompañamiento activo encuentra un
sustento profundo también en la perspectiva de Bronfenbrenner (1987), quien sostiene
que el desarrollo del niño es el resultado de la interacción entre sus entornos inmediatos.
No basta con que la familia y la escuela existan de forma aislada; es la calidad de los
vínculos y la comunicación entre ambos lo que verdaderamente potencia el aprendizaje.
Cuando el padre o la madre se involucran en la supervisión de tareas, no solo están
cumpliendo con un deber administrativo, sino que están fortaleciendo el mesosistema,
ese puente invisible que le comunica al niño que su mundo escolar y su mundo afectivo
están alineados.
Es por ello, que esta coherencia ambiental reduce la ansiedad infantil y permite que
la energía cognitiva se enfoque plenamente en el descubrimiento, consolidando la idea de
que la educación es un valor compartido y no una carga impuesta por terceros. Por
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consiguiente, la presencia parental debe entenderse como un ejercicio de mediación
afectiva que transforma el hogar en un escenario de aprendizaje incidental.
Como bien señala Bronfenbrenner (ob cit.), la interacción constante y recíproca en
el núcleo familiar actúa como el motor primario del desarrollo psíquico. En la etapa de
primaria, esta mediación se traduce en la capacidad de los padres para modelar la
resiliencia y la curiosidad; al estar presentes y disponibles para colaborar en los desafíos
escolares, los cuidadores validan las emociones del niño ante la frustración del error. Así,
el tiempo de calidad se convierte en el sustrato donde se cultiva la autonomía, lo que
demuestra que el éxito educativo no depende únicamente de la instrucción docente, sino
de la robustez de un sistema familiar que acompaña, interpreta y celebra el crecimiento
del estudiante como un proyecto de vida común.
La Familia como Primer Agente Educador y su Influencia en el Desarrollo Integral del
Niño.
Desde el instante en que un niño llega al mundo, la familia se constituye como su
primer y más influyente agente educador. Mucho antes de pisar un aula, es en el seno del
hogar donde se adquieren las bases fundamentales para la vida: los primeros balbuceos
del lenguaje, la comprensión de normas básicas, la expresión de emociones y la formación
de hábitos esenciales. Este proceso, a menudo invisible y natural, moldea la percepción
del niño sobre sí mismo y el mundo que le rodea. Los valores, las creencias y las pautas de
comportamiento que se viven y transmiten en el núcleo familiar se internalizan,
configurando la brújula moral y social que guiará al infante en sus interacciones futuras y
en su desarrollo integral, abarcando no solo lo cognitivo, sino también lo emocional, social
y ético.
La influencia de la familia en el desarrollo integral del niño es profunda y duradera.
El ambiente familiar, caracterizado por el afecto, la seguridad o la ausencia de ellos,
impacta directamente en la autoestima, la confianza y la capacidad de resiliencia del
pequeño. Un entorno que fomenta la curiosidad, la exploración y el diálogo, incluso ante
las dificultades, sienta las bases para un aprendizaje activo y una adaptación saludable a
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nuevos desafíos. Por el contrario, la falta de estimulación, el descuido o la inconsistencia
en las pautas educativas pueden generar inseguridades y deficiencias que repercutirán en
el rendimiento escolar y en la construcción de relaciones interpersonales sanas a lo largo
de su vida.
En este sentido, la orientación familiar se vuelve crucial, no como una intervención
reactiva, sino como un acompañamiento proactivo que empodera a los padres en su rol
educador. Reconocer a la familia como el pilar fundamental en la educación primaria del
niño implica comprender que es allí donde se gestan las competencias emocionales y
sociales que le permitirán integrarse exitosamente en la sociedad. La escuela, aunque
indispensable, complementa y refuerza lo aprendido en casa; no puede sustituir el
impacto formativo de las primeras interacciones y experiencias vividas en el seno familiar.
Invertir en el fortalecimiento de la familia como agente educador es, por ende, invertir en
el desarrollo pleno y armónico de las futuras generaciones.
Vale destacar, que la familia como primer agente educador y su influencia crucial en
el desarrollo integral del niño es ampliamente respaldado por la psicología educativa y la
sociología de la educación, como lo describió Vygotsky (1978), en el cual su teoría
sociocultural del desarrollo sostenía que el aprendizaje y el desarrollo cognitivo son
procesos fundamentalmente sociales, donde las interacciones con el entorno y,
especialmente, con los cuidadores primarios (la familia), son esenciales. Es por ello que,
Vygotsky (1978), postula que:
Las funciones mentales superiores se desarrollan a través de la mediación
social, y es en el hogar donde el niño internaliza las primeras herramientas
culturales, como el lenguaje y las formas de interacción, que son la base de
todo futuro aprendizaje académico y competencia socioemocional (p. 23).
De esta perspectiva, se deduce que la educación impartida en el seno familiar no se
limita a la transmisión de hábitos básicos, sino que moldea el carácter, la autoestima y las
competencias interpersonales que determinarán la capacidad del niño para prosperar en
la escuela y en la sociedad. La cultura familiar, sus valores implícitos y explícitos, y la forma
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en que gestiona la disciplina y el afecto, constituyen el currículo oculto que más
profundamente impacta el desarrollo integral.
Bajo esta misma línea reflexiva, es fundamental considerar lo propuesto por Epstein
(2018), quien sostiene que el éxito del estudiante no es producto de esfuerzos aislados,
sino de la interconexión entre las esferas de influencia que rodean su vida: la familia, la
escuela y la comunidad. Esta perspectiva contemporánea refuerza la idea de que la
educación primaria es un proceso compartido donde las responsabilidades no se dividen,
sino que se solapan. Al concebir a la familia no solo como un apoyo externo, sino como un
socio estratégico, la orientación familiar adquiere una dimensión de justicia educativa. Se
trata de asegurar que el hogar posea el capital social y las estrategias comunicativas
necesarias para que el mensaje pedagógico sea coherente en ambos espacios, evitando
que el niño se enfrente a disonancias entre lo que vive en casa y lo que se le exige en el
aula.
Por lo tanto, la participación de los padres debe trascender la asistencia protocolaria
a eventos escolares para convertirse en una colaboración activa y consciente en el
aprendizaje. Como destaca Epstein (2018), cuando la escuela abre canales de orientación
efectivos, permite que los padres se reconozcan como figuras capaces de influir
positivamente en las actitudes y hábitos de sus hijos hacia el conocimiento. Esta sinergia
no solo optimiza el rendimiento académico, sino que garantiza que el desarrollo integral
del niño se sustente sobre una base de confianza y seguridad emocional. En última
instancia, fortalecer las capacidades de la familia es asegurar que la escuela tenga un
interlocutor válido y comprometido, consolidando un ecosistema educativo donde el niño
se siente verdaderamente acompañado en cada etapa de su formación.
La Colaboración Familia-Escuela: Una Sinergia Indispensable para el Éxito Educativo
La educación de un niño en la etapa primaria no es una tarea que recaiga
exclusivamente en la escuela o en la familia; es, en esencia, una responsabilidad
compartida que demanda una sinergia constante y efectiva. Cuando padres y educadores
trabajan de la mano, se crea un entorno de aprendizaje coherente y enriquecedor que
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potencia el desarrollo integral del estudiante. Esta colaboración va más allá de asistir a
reuniones de padres y representantes; implica una comunicación fluida y bidireccional,
donde se comparten observaciones sobre el comportamiento, el progreso académico y las
necesidades emocionales del niño, tanto en el hogar como en el aula. Solo así se puede
construir un frente común que ofrezca al niño estabilidad, seguridad y un mensaje
unificado sobre la importancia del esfuerzo y el aprendizaje.
El impacto de esta colaboración activa se manifiesta en múltiples facetas del
desarrollo infantil. Un niño que percibe la conexión entre su hogar y su centro educativo
tiende a sentirse más seguro, motivado y valorado. La escuela, al conocer el contexto
familiar, puede adaptar mejor sus estrategias pedagógicas y brindar un apoyo más
personalizado, mientras que los padres, al comprender los objetivos y métodos escolares,
pueden reforzar el aprendizaje en casa y generar un ambiente propicio para el estudio.
Esta alianza permite identificar y abordar tempranamente cualquier dificultad que pueda
surgir, ya sea académica, social o emocional, lo que evita que pequeños obstáculos se
conviertan en grandes barreras para el éxito educativo del niño.
En última instancia, la colaboración familia-escuela no es solo un ideal pedagógico;
es una estrategia indispensable para optimizar el éxito educativo y el bienestar de los
niños. Fomenta un sentido de comunidad y pertenencia, donde tanto el niño como los
adultos involucrados se sienten parte de un equipo. Invertir tiempo y esfuerzo en
fortalecer esta sinergia significa construir puentes de confianza y respeto mutuo entre dos
de los pilares más importantes en la vida de un niño. Es a través de esta unión que se logra
una educación más holística, pertinente y, sobre todo, mucho más efectiva, lo que
prepara a las nuevas generaciones para los desafíos del futuro.
Vale mencionar que la sinergia indispensable entre familia y escuela para el éxito
educativo como lo describe Epstein (2018), se vincula con “la responsabilidad compartida
fundamental para optimizar los resultados del aprendizaje y el desarrollo del niño” (p. 89).
Esto evidencia que al involucrar a las familias activamente en la vida escolar (crianza,
comunicación, apoyo al aprendizaje en casa, voluntariado, decisiones y comunidad), las
escuelas logran crear un entorno coherente que potencia el éxito educativo. Para Epstein,
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esta colaboración activa y organizada disuelve las barreras entre el hogar y el aula, lo que
resulta en un aumento del rendimiento académico, una mejor asistencia, una reducción
de los problemas de conducta y una mayor motivación por parte del alumnado.
La perspectiva de la autora enfatiza que la colaboración debe ser sistemática y
recíproca, trascendiendo la simple comunicación puntual. No se trata solo de que los
padres apoyen las tareas escolares, sino de que ambas instituciones, la familia y la
escuela, compartan el liderazgo y se consideren socios iguales en la educación del niño.
Esta alianza estratégica permite un seguimiento más holístico y coherente del desarrollo.
Al unificar criterios sobre expectativas, valores y estrategias de aprendizaje, se asegura
que el niño perciba un respaldo consistente en ambos entornos, lo cual es vital para su
seguridad emocional y su capacidad de adaptación. Por lo tanto, fortalecer esta sinergia,
mediante programas de orientación, es esencial para establecer el puente de confianza
que el texto anterior destaca como vital para el éxito educativo.
En este mismo contexto, resulta pertinente considerar los aportes de Razeto
(2016a), quien sostiene que la colaboración efectiva no ocurre de manera espontánea,
sino que requiere de una gestión institucional que reconozca a la familia como un aliado
con saberes propios. Según esta perspectiva, el éxito educativo está intrínsecamente
ligado a la capacidad de la escuela para diseñar estrategias de participación que se
adapten a la diversidad de realidades familiares. Cuando la institución educativa se abre al
diálogo y ofrece canales de orientación claros, logra mitigar las barreras culturales y
socioeconómicas que muchas veces distancian al hogar del aula.
Esta visión refuerza la idea de que la sinergia es una construcción cotidiana donde la
confianza mutua permite que el niño transite entre ambos mundos de forma fluida,
percibiendo un soporte sólido que impulsa su curiosidad y compromiso escolar. Asimismo,
Razeto (2016b) enfatiza que el involucramiento parental debe ser comprendido como una
estrategia pedagógica de alto impacto que va más allá del apoyo académico directo. Al
fortalecer las capacidades de la familia a través de la orientación, se promueve un
ambiente de altas expectativas en el hogar, lo cual es uno de los predictores más potentes
del éxito en la educación primaria.
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Vale destacar que, esta dinámica relacional transforma la cultura escolar,
convirtiéndola en una comunidad de aprendizaje donde la responsabilidad por el
bienestar integral del infante es compartida. En consecuencia, la sinergia familia-escuela
se consolida como un factor de equidad educativa, lo que asegura que cada niño,
independientemente de su origen, cuente con un andamiaje emocional y cognitivo
coherente que le permita enfrentar los retos del currículo escolar con mayores garantías
de éxito.
En este sentido, esta construcción de puentes entre el entorno escolar y el familiar
encuentra un respaldo fundamental también en las investigaciones que proponen que al
involucrar los padres debe centrarse en el soporte a la autonomía, lo que permite que el
niño se sienta competente y motivado de manera intrínseca. La verdadera sinergia ocurre
cuando la escuela orienta a las familias no para controlar el rendimiento, sino para crear
un clima de apoyo emocional donde se valore el proceso de aprendizaje por encima de la
calificación.
Esta perspectiva reflexiva sugiere que el éxito en la educación primaria depende de
cómo los adultos significativos validan el esfuerzo del infante, lo que transforma el
acompañamiento en las tareas en un espacio de conexión y descubrimiento. Así, la
colaboración familia-escuela se convierte en una red de seguridad que permite al
estudiante explorar sus capacidades con confianza, donde ambos pilares educativos
comparten una visión común sobre su crecimiento personal. Bajo esta óptica, el papel de
la orientación familiar es decisivo para equilibrar las exigencias académicas con las
necesidades psicológicas básicas de los niños.
Cuando los padres participan activamente y de forma estructurada, se reduce la
presión externa y se fomenta un sentido de pertenencia que es vital durante los primeros
años de escolaridad. La sinergia, por tanto, no debe ser vista como una simple supervisión
técnica, sino como una alianza afectiva que protege la salud emocional del menor frente a
los desafíos del sistema educativo moderno. En definitiva, integrar la voz de la familia en
la dinámica escolar a través de programas de orientación sistemáticos asegura que el
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desarrollo integral sea una realidad tangible, donde el niño no solo aprenda contenidos
académicos, sino que desarrolle una identidad sólida y resiliente apoyada por su
ecosistema educativo más cercano.
La Orientación Familiar como Herramienta Preventiva y de Acompañamiento ante los
Desafíos de la Educación Primaria.
La Orientación Familiar emerge como una herramienta preventiva y de
acompañamiento fundamental en la etapa de educación primaria, trascendiendo la mera
intervención reactiva ante problemas. Su esencia radica en empoderar a los padres y
cuidadores con conocimientos y estrategias que les permitan anticipar y gestionar los
desafíos inherentes al crecimiento y aprendizaje de sus hijos. Al proporcionar información
sobre las etapas del desarrollo infantil, las exigencias académicas y los retos
socioemocionales propios de la primaria, la orientación familiar capacita a las familias para
construir un ambiente doméstico que fomente la autonomía, la resiliencia y el amor por el
estudio. Se trata de sembrar semillas de proactividad, preparando el terreno para que los
niños afronten con confianza desde la adaptación a la escuela hasta la gestión de las
primeras frustraciones académicas.
Vale destacar que las familias a través de las complejidades que puedan surgir
durante la educación primaria. Ante situaciones como el bajo rendimiento escolar, el
acoso escolar (bullying), la gestión del tiempo frente a pantallas o los cambios de
comportamiento, la orientación ofrece un espacio seguro para el diálogo y la búsqueda de
soluciones constructivas. No se limita a señalar problemas, sino que proporciona
herramientas prácticas y personalizadas para fortalecer las competencias parentales, tales
como técnicas de comunicación efectiva, estrategias de disciplina positiva o el fomento de
hábitos de estudio saludables. Este apoyo continuo asegura que los padres no se sientan
solos en el proceso educativo de sus hijos, brindándoles recursos para afrontar los
desafíos con mayor eficacia y confianza.
En definitiva, concebir la Orientación Familiar como una estrategia preventiva y de
acompañamiento es reconocer su papel crucial en la construcción de un ecosistema
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educativo robusto. No solo busca corregir desviaciones, sino que aspira a fortalecer los
pilares familiares para que estos sean el primer soporte de seguridad y aprendizaje para el
niño. Al dotar a los padres de las herramientas necesarias para anticipar y afrontar los
retos de la educación primaria, se promueve un desarrollo infantil más armónico y se
reduce la probabilidad de que las dificultades se cronifiquen. Es una inversión a largo
plazo en el bienestar integral del niño, lo que asegura que cuenten con el respaldo familiar
necesario para florecer académica, emocional y socialmente.
Por consiguiente, la orientación familiar como herramienta preventiva y de
acompañamiento proactivo se fundamenta en la teoría de la Resiliencia Familiar,
desarrollada por autores como Walsh (2016), el cual postula que:
Las familias no son receptores pasivos de los desafíos, sino sistemas activos y
adaptables que pueden ser fortalecidos para superar crisis y adversidades.
Desde esta perspectiva, la orientación familiar trasciende la intervención
reactiva en momentos de conflicto para enfocarse en la capacitación proactiva
de los padres (p. 56).
En este sentido, el objetivo es construir y consolidar los procesos clave de la
resiliencia en el núcleo familiar, como la comunicación clara, la promoción de la
autonomía, el desarrollo de sistemas de creencias compartidas que den sentido a la
adversidad, y la conexión con recursos sociales. Esto dota a los padres de las
competencias parentales necesarias para anticipar y gestionar los desafíos típicos de la
educación primaria, como la gestión de la disciplina, el fomento de hábitos de estudio o el
uso responsable de las nuevas tecnologías, lo que transforma la orientación en una
estrategia de inmunización familiar contra futuras crisis.
Es por ello, que, al integrar la orientación como un componente proactivo, se logra
un impacto significativo en la prevención de problemas antes de que escalen al ámbito
escolar. La Resiliencia Familiar se optimiza cuando se ofrecen herramientas de
afrontamiento y de crianza positiva, permitiendo que el hogar se convierta en un
ambiente seguro y predecible que fomenta la seguridad emocional y la capacidad de
adaptación del niño.
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La visión de Walsh convierte la orientación familiar en una inversión estratégica en
el capital emocional y social de la familia. Al preparar a los padres para manejar los
inevitables obstáculos del camino educativo con flexibilidad y coherencia, se minimiza el
estrés, se fortalecen los lazos afectivos y se asegura que el niño tenga una base firme para
desarrollar su propia resiliencia y afrontar los desafíos académicos y socioemocionales de
la educación primaria de manera efectiva.
Aunado a lo anterior, resulta esencial considerar además los planteamientos de
Martínez y Becedóniz (2009), quien sostiene que la orientación familiar debe concebirse
como un proceso de acompañamiento continuo que refuerza la autoeficacia parental.
Según esta perspectiva, cuando la escuela ofrece programas de formación que dotan a los
padres de herramientas de comunicación asertiva y resolución de conflictos, se está
construyendo un entorno protector que minimiza los riesgos de desadaptación escolar.
Esta visión reflexiva sugiere que la prevención no consiste únicamente en evitar el
fracaso, sino en potenciar las capacidades instaladas en el hogar para que la familia actúe
como una red de soporte emocional capaz de transformar los desafíos cotidianos en
oportunidades de aprendizaje. De este modo, la orientación se convierte en un recurso
pedagógico que asegura una transición armónica entre las exigencias académicas y la
estabilidad del núcleo familiar.
Por lo tanto, la integración de estrategias de educación parental en la educación
primaria permite que la relación familia-escuela trascienda el carácter informativo para
volverse verdaderamente colaborativa. Como destaca Martínez y Becedóniz (2009), el
éxito de estas intervenciones radica en su capacidad para generar un lenguaje común
entre docentes y padres, facilitando un seguimiento coherente del progreso del niño.
En este sentido, esta sinergia preventiva asegura que el infante no solo reciba
instrucción en el aula, sino que encuentre en su hogar un espacio de validación y refuerzo
de los valores y hábitos necesarios para su desarrollo integral. En última instancia,
concebir la orientación como una herramienta de acompañamiento proactivo es apostar
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por una educación de calidad donde la familia es reconocida como el motor principal de la
resiliencia y el bienestar del estudiante.
Conclusiones
La orientación familiar emerge como un pilar fundamental e irremplazable en el
ecosistema educativo de la educación primaria, trascendiendo la mera intervención
auxiliar para posicionarse como una prioridad estratégica. Hemos explorado cómo la
familia, en su rol de primer agente educador, sienta las bases insustituibles del desarrollo
integral del niño, modelando valores, hábitos y competencias socioemocionales mucho
antes de su ingreso formal a las aulas. Esta influencia primigenia no solo prepara al infante
para el aprendizaje académico, sino que forja su identidad, su autoestima y su capacidad
de relacionarse con el mundo, demostrando que la calidad de este primer entorno
educativo es decisiva para la trayectoria futura de cada individuo.
En un mundo en constante cambio donde los desafíos para la crianza y la educación
se multiplican se pone en manifiesto que la orientación familiar surge como un faro de luz.
La participación activa de los padres son inversiones invaluables que trascienden,
construyendo lazos de confianza y seguridad emocional en el niño. En consecuencia, surge
la urgencia de dotar a las familias de las herramientas y el acompañamiento necesarios
para que actúen como el agente educador por excelencia. Por lo tanto, las instituciones
educativas deben fortalecer los programas de orientación familiar, que capacite a los
padres para navegar los retos de la crianza moderna y permita el reconocimiento del
hogar como la primera escuela de la vida. Asegurando así una base firme para el futuro de
las nuevas generaciones.
La sinergia entre familia y escuela se revela, entonces, no como una opción, sino
como una necesidad imperante para optimizar el proceso educativo. Cuando ambos
pilares trabajan en unísono, se construye un puente sólido de comunicación y confianza
que unifica criterios, refuerza aprendizajes y brinda coherencia al desarrollo del niño. Esta
colaboración activa permite un seguimiento más holístico y personalizado, lo que facilita
la identificación temprana de necesidades y la implementación conjunta de estrategias
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que aborden los desafíos académicos y emocionales. Es en esta alianza donde el niño
percibe un respaldo unificado, sintiéndose seguro y motivado para explorar, aprender y
crecer en un ambiente de apoyo continuo.
Asimismo, la orientación familiar se posiciona como una herramienta preventiva y
de acompañamiento proactivo, trascendiendo la visión de ser un recurso únicamente para
momentos de crisis. Al capacitar a padres y cuidadores en estrategias de crianza positiva,
manejo de la disciplina, fomento de la autonomía y acompañamiento en el uso de nuevas
tecnologías, se dota a las familias de las herramientas necesarias para anticipar y gestionar
los retos propios de la educación primaria. Esta proactividad fortalece las competencias
parentales, reduce la aparición de conflictos y mejora la capacidad de resiliencia familiar
ante los inevitables obstáculos que surgirán en el camino educativo de sus hijos.
En definitiva, la orientación familiar trasciende su función auxiliar para consolidarse
como el eje estratégico de una educación primaria de calidad. Reconocer el hogar como la
primera escuela de vida y a los padres como el agente educativo primordial no es un ideal
romántico, sino un imperativo funcional. Al dotar a las familias de las herramientas
necesarias para la crianza moderna desde la disciplina positiva hasta el manejo
tecnológico, las instituciones educativas invierten en la competencia parental y en la
resiliencia emocional del niño. Esta proactividad asegura una base sólida, lo que
transforma los desafíos educativos en oportunidades de crecimiento y evita que la
orientación sea solo un recurso reactivo ante la crisis.
La verdadera transformación educativa reside, por tanto, en la sinergia perfecta
entre familia y escuela. Cuando estos dos pilares trabajan en unísono, se eliminan las
incoherencias y se crea un ambiente de apoyo unificado que potencia el aprendizaje
integral. Esta alianza estratégica no solo facilita la identificación temprana de necesidades
y la implementación de estrategias conjuntas, sino que, crucialmente, proyecta en el niño
una sensación de seguridad y motivación inquebrantable. Es este esfuerzo colectivo y
sostenido lo que garantiza que el desarrollo no sea fragmentado, sino coherente, lo que
sustenta las bases para individuos más seguros, autónomos y capaces de relacionarse con
un mundo en constante cambio.
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Priorizar la orientación familiar es, finalmente, una inversión social de largo alcance.
El éxito educativo de un niño no es un logro individual, sino el reflejo de una comunidad y
un tejido social fortalecidos. Al empoderar a la familia y robustecer el vínculo con la
escuela, no solo se prepara al infante para el mañana académico, sino que se forjan
ciudadanos plenos, competentes y con una fuerte base de valores. La educación es, en su
esencia más profunda, una obra compartida, y al cimentar esta obra sobre el núcleo
familiar, aseguramos que el futuro de las nuevas generaciones sea tan sólido y
prometedor como el apoyo que reciben desde su primer entorno educativo.
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Síntesis Curricular
Armelvis Dimas
Licenciada en Educación Integral. Especialista en Planificación y Evaluación de la Educación.
Actualmente Coordinadora General de los departamentos de Niños, Adolescentes y Mujeres y el
departamento de Educación de la Iglesia Adventista del Séptimo Día en el Estado Bolívar.