Introducción
La innovación es un proceso que se asocia con la creación de nuevas maneras de hacer
algo (Carbonell, 2001) y, en el ámbito educativo, algunos autores la relacionan
directamente con las tecnologías de la información y comunicación, las cuales permiten
organizar, sistematizar y automatizar los procesos de educación como prioridad para la
cultura general (Ginestié, 2001; Jeldres, 2009), es por esto que, en la búsqueda de un mejor
uso de estas tecnologías, se conceptualiza la Alfabetización Tecnológica de dos formas: La
primera como “innovación humana en la acción que involucra la generación de
conocimientos y procesos para desarrollar sistemas que solucionan problemas y amplían
las capacidades humanas” y la segunda como “innovación, cambio, o modificación del
medio ambiente natural para percibir y querer satisfacer las necesidades humanas”
(Dugger, 2000, Jeldres, 2009, p. 38).
Pensar en la innovación desde el ámbito educativo implica un reto y un gran
compromiso por parte de los docentes. La innovación es un proceso tendiente a la
producción de mejoras y no de simples novedades, ni de cambios momentáneos (Salinas,
2009). La implementación de procesos innovadores requiere de un conjunto de acciones
organizadas y sistematizadas que conlleven al mejoramiento continuo de los procesos de
enseñanza y aprendizaje, para que los estudiantes puedan alcanzar sus metas. Esta es,
precisamente, la finalidad de cualquier innovación en educación, que sus resultados se
reflejen en el aprendizaje y la formación de los estudiantes, es por esto que, la innovación
educativa no es un acto, es un proceso que “implica cambio; pero cambio deliberado,
intencional, voluntario” (Rivas, 2000, p. 28).
Sin embargo, en ocasiones se vuelve difícil el desarrollo e implementación de
acciones innovadoras en las instituciones educativas, como lo plantea Carbonell (2001), al
expresar que uno de los factores que sin duda más influye es la existencia de
individualismo en los docentes, quienes todavía presentan resistencias y rutinas en las
prácticas pedagógicas que hacen difícil la implementación de los cambios.
De igual manera, Rivas (2000) destaca que este fue uno de los primeros temas de
estudio en el campo de la innovación educativa, puesto que, se consideraba que la
resistencia de los docentes era el factor fundamental que impedía su desarrollo, ante lo cual
plantea que, derivado de sus investigaciones, es necesario vincular otros factores
restrictivos como: “la limitación, dificultad u obstáculo al flujo innovador que radica en
ciertos componentes del sistema social, el sistema educativo, la institución escolar, la
propia naturaleza del proceso educativo o la índole de la innovación misma” (p. 117).
Cuando se desea implementar cambios y/o modificaciones innovadoras en los
procesos educativos, es necesario reconocer el contexto en el que se desarrollará la
innovación, es decir, conocer a los sujetos que participan o estarán involucrados, conocer
sus características, hábitos, valores, establecer cómo les afectarán desde el rol que cada uno
desempeña, en este sentido “la innovación debe concebirse como un proceso holístico que
parte de la identificación de una necesidad, reconoce los conocimientos, saberes y