Vol. 62 (100), 2022, pp. 19-28 - ISSN L 0459-1283  
Presentación  
De cómo una revista es historia y hace historia  
El verbo revistar tiene dos acepciones generales en el Diccionario de la lengua  
española. Se refieren a la acción de inspeccionar y al modo como algún superior pasea ante  
la tropa militar que le rinde honores. Ninguna de ellas alude al hecho de detenerse a mirar el  
recorrido de una revista. Muy a pesar de dicha carencia, aquí podríamos abusar del margen  
de libertad que nos deja el idioma para añadir un tercer significado general, “mirar con  
detenimiento la historia de una publicación periódica académica”. Eso es lo que pretendemos  
con esta breve presentación: observar, desde la distancia temporal, la ruta seguida por esa  
magnífica publicación que hace honor a su origen al denominarse Letras1.  
En efecto, las letras y los letrados han sido parte fundamental de sus metas. Su  
trayectoria se ha expandido hasta el día de hoy y es mucho lo que ha dejado en el ámbito de  
la investigación lingüística, literaria y pedagógica, aparte de los varios períodos en que se la  
podría caracterizar. Llega honrosamente al centenar de números, ocasión más que propicia  
para celebrar su fortaleza. No es nada sencillo para una publicación académica vencer la  
barrera de los cien números y Letras está ahí, erguida y andando sin dificultades por este  
siglo XXI, con sesenta y cuatro años a cuestas y con las mutaciones propias de los nuevos  
tiempos.  
Etapas  
No exento de altibajos, pero siempre renaciendo ante las adversidades, su ya longevo  
recorrido está marcado por cinco etapas. La primera se asocia con don Pedro Grases y la  
fundación del departamento de Castellano, Literatura y Latín del Instituto Pedagógico de  
Caracas, inicialmente intitulada Boletín (1958-1966); luego, bajo el nombre actual (Letras),  
pero todavía vinculada a la misma dependencia (1967-1975). Posteriormente, se la afiliaría  
definitivamente al Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias Andrés Bello  
(CILLAB, 1976-2004), sin perder su conexión con el referido departamento en el que nació.  
1 Aparte del necesario recorrido por la base de datos en la que ahora reposa la revista Letras, hemos acudido  
a otras fuentes previas, elaboradas por quienes en algún momento aportaron información sobre ella: Luis  
Quiroga Torrealba, Gladys García Riera, Annerys Pérez, Elio Gómez Grillo, Rafael Rondón Narváez.  
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Más adelante, en una cuarta fase, su vínculo se establece definitivamente y hasta el presente  
con el Instituto de Investigaciones Lingüísticas y Literarias Andrés Bello (IVILLAB, 2005).  
Si quisiéramos añadir una quinta etapa, la formalizaríamos refiriéndonos a la conversión del  
formato analógico (impreso en papel) a la modalidad digital (desde el número 85), hecho  
que, motivado por diversos factores, ocurrirá en el año 2011.  
De esa manera, la fecha de nacimiento de la publicación es mayo de 1958, cuando  
aparece por primera vez el Boletín, con la opción de periodicidad trimestral. Tres articulistas  
de lujo, predestinados a integrarse después como auténticos maestros a la historia de la  
investigación literaria y lingüística nacionales, dieron cuerpo al número fundacional, Oscar  
Sambrano Urdaneta, Edoardo Crema y Luis Quiroga Torrealba. Asimismo, su primer comité  
de redacción lo integraron los profesores Luis Alfonso Vivas, Olga de León de Padrón y Luis  
Quiroga Torrealba. De ese modo inicia su largo periplo, con unas “palabras liminares” del  
para ese momento jefe del departamento, don Ramón Piña Daza, quien anunciaba una  
estructura inicial en cuatro secciones: trabajos especializados, selecciones antológicas de  
literatura, aportes didácticos y publicaciones de los cursantes o egresados de la carrera. Esta  
fase incluyó los primeros veintidós números.  
Números emblemáticos  
El número 23 marca un hito importante, porque como hemos dicho— en él pasa de  
Boletín a su nombre actual, Letras. Con la firma de presentación de uno de los integrantes de  
su consejo de redacción, Marco Antonio Martínez, la publicación persiste en su carácter  
científico-pedagógico: “…se propone esparcir una vez más este mensaje, como luz que se  
difunde, que no se concentra, y a todos aprovecha, entre profesores y alumnos…”. Sin que  
ello se anuncie, cambia inicialmente a una periodicidad anual que más adelante será  
semestral. A las secciones heredadas de la etapa previa (misceláneas y noticias  
departamentales), incorpora otra relacionada con reseñas bibliográficas. Además, ese número  
23 se enfocaba ya hacia horizontes más amplios, al incorporar el artículo de un teórico de las  
ciencias del lenguaje que posteriormente haría aportes fundamentales para la teoría y la  
investigación lingüística universal, Eugenio Coseriu. Anunciaba también la formalización de  
cursos o conferencias con otras destacadas personalidades de la crítica y la lingüística  
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europea y latinoamericana, entre ellos, Ángel Rama, Klaus Heger, Agustín Millares Carlo,  
Noel Salomón, Bernard Pottier, Domingo Miliani. Informaba adicionalmente acerca de la  
reestructuración del Centro de Estudios Andrés Bello, germen de lo que es actualmente el ya  
legendario Instituto de Investigaciones Lingüísticas y Literarias Andrés Bello (formalmente  
constituido en el año 2005).  
Los números 32-33 (1976) y 34-35 (1977) son también dignos de mencionar. En el  
primero de ellos, se incorpora lo que será el diseño definitivo de su portada, con ilustración  
de un muy reconocido maestro de las artes plásticas venezolanas, Luis Domínguez Salazar  
(1931-2008), quien a partir de ese momento pasaba a ser designado como director artístico.  
Tiene también ese número el carácter de edición extraordinaria, dedicada al cuadragésimo  
aniversario del Instituto Pedagógico de Caracas. Además, nótese que se trata de ediciones  
que traen doble numeración, con lo cual parecía cambiar el perfil, aunque no sería realmente  
así. Este fenómeno se repetirá varias veces más adelante y posiblemente se relacionaba con  
alguna dificultad para la publicación a tiempo y la necesidad de mantener el ritmo de la  
periodicidad, fundamental en toda revista académica periódica.  
Históricamente, también el número 34-35 traía un cambio importante: la dirección de  
Letras dejaba de estar a cargo de quien ejerciera la función de jefe/a del departamento de  
Castellano, Literatura y Latín, para, a partir de 1977, ser asignada directamente al  
coordinador o coordinadora del CILLAB. En tal sentido, su primer director independiente  
fue el maestro Luis Quiroga Torrealba, en tanto los sucesivos han sido los respectivos  
coordinadores del Centro, hasta 1999, cuando se dividen las funciones y surge la posibilidad  
de diferenciar a la persona que coordina o dirige la institución de la que tendrá a su cargo la  
edición de Letras. Entre quienes han coordinado el CILLAB o dirigido el IVILLAB,  
podemos recordar a Minelia de Ledezma, Luis Álvarez León, Lucía Fraca de Barrera, Hilda  
Inojosa, Sergio Serrón, César Villegas Santana, Rita Jáimez Esteves, Dulce Santamaría,  
Vanessa Hidalgo, Luis Alfredo Álvarez Ayesterán, Norma González Viloria y Johanna  
Rivero Belisario. A partir del número 59, bajo la figura de coordinador/a de la publicación,  
han estado César Villegas Santana, Annerys Pérez de Pérez, Thays Adrián, José Rafael  
Simón, Freddy Monasterios, Rosario Suárez, Clara Canario y José Gabriel Figuera.  
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Indización  
Con el advenimiento, desde mediados de los años noventa, de nuevos procesos de  
evaluación y valoración de la investigación académica, motorizados por el Consejo Nacional  
de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICIT), juntamente con las universidades,  
buena parte de las revistas nacionales vinculadas con las ciencias sociales se ven compelidas  
a revisar y reajustar sus requerimientos formales y de contenido. En tal sentido, habrán de  
someterse a (o reajustar) una normativa que reforzara su visibilidad y reconocimiento en  
medios nacionales e internacionales. Ello implicaba la necesidad de subscripción a índices y  
repositorios que facilitaran su difusión y localización en cuanto que fuentes académicas de  
consulta. Es así como, a partir de su número 56, Letras es suscrita inicialmente a dos  
importantes índices, Ulrich’s International Periodical Directory y Lingüistics & Language  
Behavior Abstracts, hasta alcanzar actualmente su registro en más de una docena de otros  
importantes sistemas de indización, entre los cuales podrían mencionarse Scielo,  
LATINDEX, MLA, MIAR, ERIC, CLASE y DIALNET.  
Vigencia y actualidad  
Al llegar al centenar de números, desde aquel modesto Boletín que fuera en sus  
comienzos, la revista Letras ha devenido en una importante y reconocida publicación  
arbitrada, formalmente sujeta a los mismos patrones de rigurosidad y arbitraje triple ciego,  
propios de las publicaciones académicas de este tiempo. Podría afirmarse que “revistar” sus  
99 números previos implica casi lo mismo que observar el recorrido de la historia de la  
lingüística, de la literatura y de la enseñanza del español en Venezuela. Sus contenidos han  
estado vinculados a nombres más que respetables en esos tres ámbitos. Se adentra alguien en  
los índices de sus números y el solo listado de quienes han contribuido con sus aportes sería  
suficiente para llenar varias páginas. Digamos nada más que allí aparecen, entre muchos  
otros, nombres relevantes de la lingüística hispanoamericana como Luis Quiroga Torrealba,  
Ángel Rosenblat, Antonio Quilis, María Josefina Tejera, José Pedro Rona, Minelia de  
Ledezma, Rodolfo Lenz, Harald Weinrich, Aura Gómez, Peter Ladefoged, Ambrosio  
Rabanales, Manuel Alvar, Marisol García Romero, Edgar Colmenares del Valle, Yraida  
Sánchez, Daniel Casanny, Josefina Falcón de Ovalles, Iraset Páez Urdaneta, Godsuno Chela  
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Flores y Giovanni Parodi, para solo mencionar algunos reputados investigadores de la  
lingüística y la enseñanza de idiomas. Igualmente, podríamos aludir a Arturo Uslar Pietri,  
Nellys Pinto de Escalona, Oscar Sambrano Urdaneta, Pedro Díaz Seijas, Ernestina Salcedo,  
Frida Schultz de Mantovani, Augusto Germán Orihuela, Marisa Vannini de Gerulewicz,  
Argenis Pérez Huggins, Alfredo Arvelo Larriva, José Adames, Buenaventura Piñero, Elena  
Vera, Jacinto Fombona Pachano, Edoardo Crema, María Antonieta Flores, Luis Beltrán  
Prieto, y José Manuel Siso Martínez, si quisiéramos ampliar con personalidades asociadas a  
la literatura, la crítica y la educación.  
Como toda publicación académica dependiente de aportes oficiales, Letras ha tenido  
sus altibajos. Uno de sus momentos más críticos ha sido el lapso 2016-2019, cuando las  
dificultades presupuestarias generadas por la crisis nacional imposibilitaron la continuidad  
de su edición. Debido a ello, retomó su periodicidad en el año 2019, con el número 95. No  
en vano, la publicación de este número 100 es evidencia de que, igualmente, quienes han  
estado a cargo de la edición en sus distintas etapas asumieron desde siempre que la  
supervivencia de esta revista resulta imprescindible como órgano divulgativo de la  
investigación lingüística, literaria y pedagógica.  
Homenajes  
Un hecho que merece particular mención, cuando hablamos de la “historia historiada”,  
primero por el Boletín y luego por Letras, se relaciona con la exaltación de personalidades y  
fechas importantes desde el punto de vista institucional y nacional. Respecto de ello, hojear  
y ojear sus números es también apreciar el modo como, desde sus inicios, ha venido rindiendo  
diversos homenajes. Entre ellos, es imposible eludir las ediciones dedicadas, por ejemplo, a  
nombres tan relevantes como los de Andrés Bello (epónimo del Centro y luego del Instituto),  
Lisandro Alvarado, Andrés Eloy Blanco, Teresa de la Parra, Luis Razetti, Ramón Menéndez  
Pidal y Luis Beltrán Prieto Figueroa.  
Y si nos referimos a los homenajes internos, nos encontramos con laudatorios a docentes que  
de alguna u otra manera han estado vinculados sea al CILLAB, sea al IVILLAB, sea al IPC.  
Aquí podríamos mencionar a Ángel Rosenblat, Luis Quiroga Torrealba, Oscar Sambrano  
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Urdaneta, Pedro Díaz Seijas, Mario Torrealba Lossi, Iraset Páez Urdaneta, Hugo Obregón  
Muñoz, Domingo Miliani, Sergio Serrón y Lucía Fraca de Barrera.  
Cien veces Letras  
Como una demostración de su fortaleza y perseverancia, Letras desemboca en el  
mágico número 100. Cientos de palabras pueblan estas páginas en las que un selecto grupo  
de articulistas de distintas generaciones la honran con sus trabajos, todos estrechamente  
vinculados con la institución que actualmente le sirve de nicho, el IVILLAB.  
Una parte de su contenido concierne a estudios relacionados con la lingüística. En tanto el  
español de Venezuela y algunas reglas de concordancia relacionadas con los procesos de  
coordinación son tratados por César Villegas Santana, la relación entre la lingüística, la  
literatura y el universo virtual es abordada por Rita Jáimez y Sandra Maurera. En el ámbito  
de la lexicografía aparecen sendos artículos de Johanna Rivero Belisario y Andrea Peña  
Pernía; la primera de ellas se interesa por la representación de la mujer en algunos  
diccionarios escolares contemporáneos, mientras la segunda se ocupa de algunas  
estereotipias de género en el Diccionario de la lengua española¸ referidas a profesiones y  
oficios de uso en el español de Venezuela. Desde la perspectiva del análisis del discurso,  
Richard Silvera Paraco analiza algunas formas de negociación relacionadas con el tema del  
adulterio y Thays Adrián indaga sobre las estrategias retórico-discursivas de dos políticos  
venezolanos, uno progobierno y otro de oposición.  
En cuanto a los estudios literarios, Norma González Viloria nos acerca al tamunangue  
como representación dramático-narrativa en la que se funden lo religioso y lo secular.  
Además, Memphis Vaamonde y Jhonny José López Veliz proponen una interpretación del  
cuento La mista (1922), del narrador venezolano José Rafael Pocaterra. Dentro de la misma  
narrativa nacional, Luis Alfredo Álvarez Ayesterán se aproxima desde la metapoiesis a  
algunos textos de Victoria De Stefano, con énfasis en su novela Historias de la marcha a pie  
(1997). Finalmente, en torno de lo nacional en la pintura, Rafael Rondón Narváez analiza  
algunos ensayos sobre arte del reconocido polígrafo venezolano Mariano Picón Salas.  
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Respecto de la enseñanza de la lengua, Dulce Santamaría propone una aproximación  
al estudio de las relaciones de poder implícitas en los conversatorios interactivos docente-  
estudiante. Aparece también un artículo de José Gabriel Figuera, Brayan W. Hernández y  
Annygabriela Perales de Hernández, sobre comprensión lectora por estudiantes, focalizada  
en la lectura crítica de paratextos. Finaliza la temática pedagógica la profesora Norma  
González de Zambrano, con un texto acerca de la significación de la clase de lengua materna,  
a propósito de la función docente.  
El número cierra con reseñas elaboradas por Oscar Blanco, Samuel Rondón y Mariana  
García sobre tres libros: El abuelo que volvió para salvar el mundo (Jonas Jonasson, 2019),  
El español, lengua de América (Irma Chumaceiro y Alexandra Álvarez, 2004) y Escritura,  
lectura y ortografía. Pedagogía y didáctica (Lucía Fraca de Barrera, 2013).  
Colofón  
Cerrar esta presentación implica ofrecer excusas por la imposibilidad de resumir en un  
espacio como este la multiplicidad de temas tratados en los más de 700 artículos académicos  
que habitan en las páginas de Letras hasta el número 99, sin contar reproducciones de  
discursos, conferencias, noticias institucionales y reseñas (todo ello ahora preservado de  
modo digital para la memoria institucional, en la plataforma Open Journal System, gracias a  
la tenacidad y el empeño de José Gabriel Figuera).  
La luz que alguna vez mencionara el recordado profesor Marco Antonio Martínez,  
cuando presentara aquel ya legendario número 23, en el cual el Boletín pasó a denominarse  
Letras, ha devenido para este número 100 en una luminosa y fructífera constelación que la  
enlaza, cual eje orientador, con el Instituto de Investigaciones Lingüísticas y Literarias  
Andrés Bello, el departamento de Castellano, Literatura y Latín, un doctorado (en Pedagogía  
del Discurso), tres maestrías (en Lingüística, en Literatura Latinoamericana y en Lectura y  
Escritura) y una especialización (en Lectura y Escritura).  
No nos queda más que augurar la mejor de las rutas y la debida gratitud para Letras y  
para el magnífico y sucesivo equipo que la ha mantenido viva durante 64 años. En cuanto a  
nosotros, grande es la deuda que mantenemos con esta revista y con las instituciones donde,  
desde nuestro inicio como bisoños preparadores, compartimos gran parte de la actividad  
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docente e investigativa. Quede sencillamente como afectuoso y mínimo gesto de  
agradecimiento esta presentación de su número 100, frente a todo lo que recibimos de  
nuestros eternos y generosos guías del departamento de Castellano, Literatura y Latín, el  
CILLAB y el IVILLAB.  
Con emoción, admiración, con regocijo y total sentido de pertenencia, hemos  
“revistado” la trayectoria de la publicación que, siendo todavía estudiantes, hospedó en su  
número 31 nuestro primer artículo académico sobre el español de Venezuela.  
Luis Barrera Linares y Lucía Fraca de Barrera  
(octubre de 2022)  
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Luis Barrera Linares  
Profesor de Castellano y Literatura (UPEL, Caracas, 1976), especialista en Investigación lingüística y  
literaria (OFINES, Madrid,1978), Magíster en Lingüística Aplicada (Essex University, Inglaterra, 1985) y  
Doctor en Letras (USB, Caracas,1993). Numerario de la Academia Venezolana de la Lengua y miembro  
correspondiente de la Real Academia Española.  
Docente de pre y postgrado en varias universidades venezolanas (Pedagógica Libertador, Simón Bolívar,  
Central de Venezuela, Católica Andrés Bello). Académico Titular de la Universidad Católica Cardenal Raúl  
Silva Henríquez (Santiago de Chile, 2018-). Vicepresidente de la Academia Venezolana de la Lengua (2011-  
2015). Autor de más de 100 artículos en revistas especializadas arbitradas e indizadas, 20 libros especializados  
en lingüística y literatura y 15 de creación literaria. Exjefe del Departamento de Lengua y Literatura de la  
Universidad Simón Bolívar (2003, Caracas), y ex director general del Centro de Estudios Latinoamericanos  
Rómulo Gallegos (2000).  
Actual representante de Venezuela, Colombia y Panamá en la comisión interacadémica internacional que  
desarrolla el proyecto de la nueva edición digital y multimodal del Diccionario de la lengua española (RAE,  
2015-) y el proyecto del Diccionario fraseológico panhispánico (2017-). Coordinador de la Comisión de  
Lexicografía de la AVL. Integrante de la Comisión Permanente de la Real Academia Española (2013).  
Columnista de prensa.  
Lucía Esther Fraca de Barrera  
Profesora de Castellano, Literatura y Latín, Instituto Universitario Pedagógico de Caracas (1976).  
Especialista en Investigación Lingüística y Literaria. OFINES, Instituto de Cultura Hispánica (Madrid. 1976-  
1978). Magíster en Lingüística Descriptiva y Aplicada. Universidad de Essex, Colchester (Inglaterra, 1982-  
1985). Doctora en Educación, Tesis: Hacia una hermenéutica de la cultura escrita electrónica desde el  
pensamiento complejo. UPEL (2002-2005).  
Profesora Titular jubilada de pregrado y postgrado del Instituto Pedagógico de Caracas (UPEL), y  
excoordinadora del Centro de Investigaciones Lingüísticas y Literarias “Andrés Bello” (1993-1999).  
Profesora invitada de postgrado en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas) y en la Universidad de La  
Sabana (Bogotá). Numeraria de la Academia Venezolana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real  
Academia española. Coordinadora de la Comisión de Gramática de la AVL.  
Algunas publicaciones  
Psicolingüística y desarrollo del español I y II, con Luis Barrera Linares.  
Pedagogía integradora en el aula (2003).  
La ciberlingua. Una variedad compleja de lengua en Internet, (2006).  
Ciberlingua y ciberliteratura (2012), con Luis Barrera Linares.  
Lectura, escritura y ortografía (2013).  
Encuentro con los Pueblos Originarios de Chile, con Alexandra Davis y Karen Ridloff, Chile  
(2021).  
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