Vol. 62 (100), 2022, pp. 299-316 - ISSN L 0459-1283  
“LA MISTA” UN CUENTO LARGO EN LA HISTORIA DE VENEZUELA  
Profesora de Castellano, Literatura y Latín, egresada del  
Instituto Pedagógico de Caracas. Tesista en la maestría de  
Memphis Yvette Vaamonde Aguilera  
Universidad Pedagógica Experimental Libertador  
Instituto Pedagógico de Caracas  
Venezuela  
Estudios Literarios en la Universidad Central de Venezuela.  
Actualmente, es profesora del Instituto Pedagógico de Caracas.  
Ha publicado en la revista Letras “Villabrava y su presunción  
de gran ciudad. Todo un pueblo. Miguel Eduardo Pardo” (Vol.  
59, (95), 2019).  
Egresado del Instituto Pedagógico de Caracas en la  
especialidad Historia y Geografía. Realizó una especialización  
nacional de Formación de Docentes para el Ejercicio de la  
Función Directiva. Actualmente es docente activo y  
colaborador del periódico digital español “La gaceta de la  
ribera”, en el que ha publicado numerosos artículos, entre  
ellos: “Waraira repano eternamente contemplativo”, “El rapto  
de la saeta rubia”, “Amor en tres tiempos”, “Garbo”, “La  
candelaria”, “Sorbo vinotinto”, “Pega, estoy pegando”,  
“Reverón con Pumpá”, “Oda para los olvidados, solitarios, los  
sin nombre”, “Para la gente decente, para la gente vulgar”, “La  
ceiba de San Luis”, “Del Misisipi al Borburata”, disponibles  
siberiano con el texto “El transiberiano”, edición de los Libros  
de la Imperdible, Primera edición mayo 2022, Aragón-  
España.  
Jhonny José López Veliz  
U.E.N. Liceo Carlos Soublette  
Resumen  
José Rafael Pocaterra, uno de los escritores más significativos de la literatura venezolana,  
nos relata en sus Cuentos grotescos (1922), las vicisitudes y penalidades que padeció junto  
al pueblo. En tal sentido, el objetivo general de esta investigación es resaltar el rol  
simbólico de su elocuente personaje Epaminondas del cuento “La mista”, un maestro de  
pueblo, como la representación más auténtica de las ilusiones no satisfechas del pueblo a lo  
largo de su historia, así pues, se busca demostrar su trascendencia en el imaginario  
colectivo. Por consiguiente, se da un recorrido por ciertos momentos históricos de  
Venezuela, siendo nuestro punto de partida el periodo colonial, el de independencia, el  
republicano agroexportador del siglo XIX y el republicano exportador de petróleo del siglo  
XX. Para disertar sobre estos períodos, desarrollamos una investigación de naturaleza  
documental, cuyos objetivos estuvieron enmarcados en una metodología cualitativa, cuya  
base teórica está fundamentada en los trabajos de Silva Luongo (2005) y Silva y Moncada  
(2009).  
Palaras clave: José Rafael Pocaterra, literatura venezolana, Epaminondas, La Mista,  
momentos históricos de Venezuela.  
Recepción: 13/08/2022 Evaluación: 27/09/2022 Recepción de la versión definitiva: 16/10/2022  
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Artículo  
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La Mista a long story in the history of Venezuelan  
Abstract  
José Rafael Pocaterra, one of the most significant writers of Venezuelan literature, tells us  
in his Cuentos grotescos (1922), the vicissitudes and hardships he suffered along with the  
people. In this sense, the general objective of this research is to highlight the symbolic role  
of his eloquent character Epaminondas of the story La mista, a small town teacher, as the  
most authentic representation of the unfulfilled illusions of the people throughout its  
history, thus, it seeks to demonstrate its transcendence in the collective imaginary.  
Therefore, a tour is given through certain historical moments of Venezuela, being our  
starting point the colonial period, the independence period, the republican agro-exporting  
period of the 19th century and the republican oil-exporting period of the 20th century. To  
discuss these periods, we developed a research of documentary nature, framed in a  
qualitative methodology, and theoretically framed on the works of Silva Luongo (2005) and  
Silva and Moncada (2009).  
Key words: José Rafael Pocaterra, Venezuelan literature, Epaminondas, La Mista,  
historical moments of Venezuela.  
"La Mistaun long conte dans l'histoire du Venezuela  
Resume  
José Rafael Pocaterra, l'un des écrivains les plus importants de la littérature vénézuélienne,  
raconte dans ses Cuentos grotescos (1922), les vicissitudes et les épreuves qu'il a subies aux  
côtés du peuple. Dans ce sens, l'objectif général de cette recherche est de mettre en  
évidence le rôle symbolique de son personnage éloquent Epaminondas dans le récit "La  
mista", un maître du peuple, comme la représentation la plus authentique des illusions  
inassouvies du peuple tout au long de son histoire, cherchant ainsi à démontrer sa  
transcendance dans l'imaginaire collectif. Par conséquent, un voyage est effectué à travers  
certains moments historiques du Venezuela, notre point de départ étant la période coloniale,  
la période d'indépendance, la période républicaine agro-exportatrice du 19e siècle et la  
période républicaine d'exportation de pétrole du 20e siècle. Afin de discuter de ces  
périodes, nous avons développé un projet de recherche documentaire, dont les objectifs ont  
été encadrés dans une méthodologie qualitative, dont la base théorique est appuyée sur les  
travaux de Silva Luongo (2005) et Silva et Moncada (2009).  
Mots clés : José Rafael Pocaterra, littérature vénézuélienne, Epaminondas, La Mista,  
moments historiques du Venezuela.  
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"La Mista" um conto longo na história da Venezuela  
Resumo  
José Rafael Pocaterra, um dos mais significativos escritores da literatura venezuelana, narra  
em seus Cuentos grotescos (1922), as vicissitudes e dificuldades que ele sofreu ao lado do  
povo. Neste sentido, o objetivo geral desta pesquisa é sublinhar o papel simbólico de seu  
eloquente personagem Epaminondas no conto "La mista", professor do povo, como a mais  
autêntica representação das ilusões não cumpridas do povo ao longo de sua história,  
procurando desta forma demonstrar sua transcendência no imaginário coletivo.  
Consequentemente, uma viagem é feita através de certos momentos históricos da  
Venezuela, sendo nosso ponto de partida o período colonial, o período de independência, o  
período agroexportador republicano do século XIX e o período republicano de exportação  
de petróleo do século XX. Para analisar estes períodos, desenvolvemos uma pesquisa  
documental, cujos objetivos foram enquadrados em uma metodologia qualitativa, cujos  
fundamentos teóricos se baseiam nos trabalhos de Silva Luongo (2005) e Silva e Moncada  
(2009).  
Palavras-chave: José Rafael Pocaterra, Literatura Venezuelana, Epaminondas, La Mista,  
Momentos Históricos da Venezuela.  
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En los albores del siglo XX, el suelo patrio contempló la fecunda aparición de  
numerosos artículos, crónicas, novelas y cuentos, del puño y letra de José Rafael Pocaterra,  
entre ellos sus Cuentos grotescos (1922), “(…) novelas en embrión, por donde pasan las  
más humildes gentes venezolanas con su dolorosa existencia.” (Salvatierra, 1970, p. 9). En  
esa misma dirección, María Josefina Tejera en su texto titulado: José Rafael Pocaterra.  
Ficción y denuncia, señala que “(…) la preocupación por los problemas del país fue  
constante (…) de modo que cada cuento tiene como tema central alguna situación social  
que él considera conflictiva.” (p. 168). En particular, gracias a su florida imaginación,  
surgió un breve cuento que es el alma de este artículo, el cual nos da la oportunidad de  
apreciar el alcance atemporal de su temática, obra dedicada a todos aquellos anónimos que  
diariamente abren sus ojos y se aferran a “la mista”.  
Así pues, el autor nos presenta al personaje Epaminondas, un parangón del maestro  
que como luciérnaga ilumina las largas noches de los más desposeídos, porque él emerge  
de esas entrañas populares. Por lo tanto, en ese sendero, hablar de maestro es hablar de  
pueblo y hablar de pueblo es hablar de la maestra vida. Es así como se imbrican los  
destinos entre la educación y el pueblo, por donde marcha la educación, así mismo  
marchará su porvenir.  
Partiendo de lo anterior, con el propósito de develar en esa obra la imagen del  
personaje Epaminondas, quien comienza siendo una pieza fundamental de un relato breve,  
termina convirtiéndose en una clave de imperecedera representación para el venezolano. De  
esta forma, el cuento se llena de tela arañas, de moho y humedad, porque se vuelve cada día  
más largo en la historia de Venezuela.  
Bien es sabido, que la vocación es el alma de cada oficio, en el maestro, esa vocación  
es “la mista, el manjar que lo alimenta, el maná del cual se sirve para calmar la sed. A  
veces, es agua dulce y clara, en otras, turbia y desagradable.  
No importan los personajes, el tiempo, ni el espacio, la historia es la misma, narrada y  
sufrida por la misma gente y en ese contexto el maestro es uno más, que acarrea con el peso  
de las injusticias sociales, como reflejo de un país roto. Este indudablemente es un cuento  
de nunca acabar, un cuento largo en la historia de Venezuela y no podría ser diferente si se  
toma en cuenta que la tragedia del personaje Epaminondas Heredia se funde en un drama  
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popular profundo, que se pierde y se confunde entre los albores del tiempo desde el  
nacimiento de la Capitanía General y esa piedra sigue rodando, se ha perpetuado como una  
impronta en los huesos del pueblo venezolano, como una calamidad aún no resuelta.  
Así pues, este drama se inicia desde el período colonial, como lo señala Silva Luongo  
(2005):  
La Capitanía general de Venezuela, surgida de la decisión del rey de España, en  
1777, apenas seis años antes del nacimiento de Bolívar, quedó desde entonces  
separada de la Nueva Granada. Las provincias que la integraban ocupaban un  
vasto territorio, de muy difícil comunicación, de escaza población y de precaria  
riqueza. (p. 3)  
Esta incipiente y naciente población se estimaba durante el periodo colonial,  
aproximadamente en 900.000 habitantes y su riqueza, tenía como bases fundamentes el  
café, el cacao, la caña de azúcar, el ganado vacuno y los frutos menores, sin embargo, en  
esta sociedad colonial en la medida que se descendiera en la pirámide de castas, de la  
misma forma se disipaban las bondades y los derechos sociales y económicos. Esta  
situación de injusticia, generaba un malestar social que no en pocas ocasiones provocó un  
significativo número de revueltas y rebeliones pre independentistas contra el estatus quo  
monárquico.  
En los albores del periodo colonial, en la dinámica de la revolución francesa, en el  
año 1807, a la península ibérica llegaron las tropas francesas, en alianza con el rey Carlos  
IV, con la finalidad de invadir Portugal, aliada de Inglaterra; en 1808 subió al trono  
Fernando VII y al no ser reconocido por Napoleón, este fue sustituido por su hermano José  
Bonaparte, personaje caricaturizado por el pueblo español con el seudónimo peyorativo de  
“pepe botella”. Estos acontecimientos provocaron un cisma entre los mantuanos de las  
colonias hispanas de América, siendo Caracas un epicentro de ebullición de ideas, en  
muchos casos contrapuestas, acerca de la posición que debía asumirse.  
Se inician así, los sinsabores de “la mista” independentista, ese torbellino que hizo  
estragos a partir del terremoto de Caracas del 26 de marzo de 1812, aunado a la pérdida de  
la primera república, pintando consigo un paisaje sombrío y desolador, la destrucción de la  
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ciudad, el hambre, el desamparo y la muerte a sus habitantes, quienes eran arrastrados  
como hojas por los vientos huracanados, como lo señala Silva Luongo (ob. cit.):  
La larga guerra de Independencia destruyó parcialmente esa riqueza y diezmó  
la población (…) al terminar la guerra de Independencia, Venezuela había  
perdido más de la cuarta parte de su población, para situarse en 569.635  
habitantes y su precaria riqueza había quedado muy disminuida. Era un país  
cubierto de glorias pero con mucho atraso, incomunicado y con una población  
enferma y desnutrida. (p. 5)  
Durante el congreso de Angostura de 1819, afloró “la mista” de la Gran Colombia,  
sueño mirandino que retomó Bolívar y se consolidó después de la Batalla de Carabobo el  
24 de junio de 1821. Aunque el Libertador planteó con vehemencia la equidad social y el  
cese de la esclavitud, se impusieron los oscuros intereses de las nuevas y viejas oligarquías  
disipándose el sueño bolivariano.  
A partir de 1830, se inició el período republicano de la Venezuela agro exportadora,  
bajo la batuta del prócer de la Independencia José Antonio Páez, presentándose una curiosa  
paradoja de nuestra historia, ya que, a pesar de abrir los ojos en un hogar humilde, como  
cualquier hijo de lo más recóndito del llano venezolano, al asumir la presidencia, fungió  
como un fiel defensor de los intereses de la élite citadina, izando las banderas del partido  
conservador. Con la llegada de Páez, también surgió el fenómeno del caudillismo, esta  
figura va a marcar un hito en la historia republicana del siglo XIX, como un generador de  
orden social en una Venezuela incomunicada y desvalida, con unos habitantes sin sentido  
de identidad nacional, padeciendo el yugo de la esclavitud, la insalubridad, la alta tasa de  
morbilidad y mortalidad. En este contexto de atraso, los más desvalidos se aferraban a la  
esperanza de las promesas no cumplidas por parte de sus gobernantes, para alcanzar la  
equidad y la dignidad social, lo que representaba una “mista” para el pueblo de entonces.  
En los primeros treinta años del periodo republicano, el país atravesaba una profunda  
crisis económica, política y social, en parte, producido por la disminución de los precios del  
café en el mercado internacional, la pobreza y la mala condición de vida de los venezolanos  
se incrementó dramáticamente, por otro lado, la élite rural acaparaba grandes extensiones  
de tierra ociosa sin generar un beneficio económico para el campesinado, mientras, en la  
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capital, la élite prestamista especulaba con los altos intereses de las deudas, siendo  
apoyados por una legislación liberal, en los cuales destaca la Ley de espera y quita y la Ley  
del 10 de abril de 1834 denominada Libertad de contrato, en la que los particulares,  
acreedores y deudores establecían sus propias reglas.  
Aunado a la crisis creada, a partir de 1854, con la abolición de la esclavitud bajo el  
gobierno de José Gregorio Monagas, se exoneraba a los terratenientes de cumplir con sus  
funciones de manutención, agravando la situación esta población sometida, se vio en la  
necesidad de trabajar para sus antiguos amos, bajo unas nuevas condiciones de contratos  
laborales serviles más perjudiciales que la misma esclavitud, recibiendo como  
remuneración unas fichas que solo podían ser intercambiadas por bienes en las pulperías de  
los mismos dueños de las tierras. Esto generó mucho descontento en las capas populares,  
siendo el abono que preparó el terreno para el estallido de la guerra Federal de 1859- 1863.  
Las consecuencias de esta confrontación se describen en la siguiente cita:  
La guerra de la Federación deja a un país más pobre, más atrasado y con una  
población menor y una capacidad productiva casi destruida. Después de la  
Guerra Federal no pudo lograrse, con los gobiernos de Falcón y con el propio  
Antonio Guzmán Blanco, una real estabilidad política, no obstante el  
extraordinario talento, valor personal e inmensa capacidad política de este  
último. (Silva Luongo, 2005, p. 5)  
Con la promesa de pan, trabajo, salud, educación, tierra y hombres libres, el pueblo se  
embarcó en “la mista” de la Guerra Federal o Guerra Larga, para quedar como novia de  
pueblo con la firma del Tratado de Coche en 1863, con un pueblo hecho añicos, destrozado  
y frustrado sin ver satisfechas sus necesidades de reivindicación, como se evidencia en la  
siguiente cita:  
Las guerras civiles, con su implacable secuela de muertes y la destrucción de  
buena parte de la riqueza existente, han determinado los inevitables retrocesos  
que se produjeron en la salud y en la educación. La tuberculosis y las  
enfermedades tropicales continuaron exterminando implacablemente a la  
población. El paludismo, el tifus, las diarreas, las enfermedades eruptivas, la  
anquilostomiasis, la pulmonía y la gastroenteritis destruían anualmente a  
densos sectores de la población, siendo los niños los más expuestos a la  
muerte. (Silva Luongo, 2005, p. 12)  
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Con la llegada del liberalismo amarillo, surge en la figura del “ilustre americano” un  
nuevo tipo de caudillo más refinado, con un discurso retórico, demagógico y populista,  
ilusionando a un gran sector de la población, con una nueva “mista” basada en los valores  
de la burguesía, la “belle epoque” y el periodo victoriano, en el caso de la educación, se  
defienden los derechos a la laicidad pública y gratuita de donde se empapa el personaje  
Epaminondas Heredia.  
La mixtafue una escuela que un vago pariente de Heredia le había  
obtenido, años atrás, durante la Administración Andrade. “El plantel” – que  
así ordenara a los chicos llamarle- estaba en una casa grande, del Gobierno,  
con agua pagada. Podía vivir, al fondo, la familia. Llegó a inscribir hasta  
setenta alumnos! ¡Y sesenta “venezolanos” de sueldo, sesenta y pico de pesos  
macuquinos que se le pagaban con relativa puntualidad! (Pocaterra, 1985, p.  
163)  
Resulta pertinente destacar, que dentro de las obras que se le reconocen a Guzmán  
Blanco, se encuentra la notable labor educativa de su gobierno, el 27 de junio de 1870,  
dictó el decreto de instrucción primaria pública y obligatoria. En este sentido Silva Luongo  
(ob. cit.), indica lo siguiente:  
Guzmán Blanco fue un gran civilizador preocupado como el que más por la  
educación, empezando con su famoso decreto para ser obligatoria y gratuita  
la instrucción pública de la escuela primaria. Realizó una importante obra  
material, y pudo y debió haber hecho más de lo que hizo por la Venezuela de  
su tiempo y la del futuro (…) (p. 5)  
Para darle cumplimiento a este, se restableció la dirección Nacional de Instrucción  
Primaria y a partir de allí, se inició el proceso de creación de escuelas normales,  
politécnicas, de agronomía, de veterinaria, entre otras. Además, se reorganizó la  
Universidad Central y se normó el funcionamiento de los colegios privados, entonces, el  
decreto de Instrucción pública del guzmancismo sentó las bases de la educación laica,  
estableciendo la obligatoriedad de que se impartieran principios de moral, lectura,  
escritura, aritmética y principios de la Constitución Federal. No hay que olvidar, el decreto  
que inicia la lucha contra el analfabetismo del país, encontrando luces al respecto, en el  
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siguiente pasaje: “Don Epaminondas, sobreviviente - a través de escuelas federales que  
desde San Juan Bautista de Pao hasta Valencia fueron marcando su vía - crucis  
pedagógico- (…)” (Pocaterra, 1985, p. 161).  
En este proceso de formación educativa, se deduce un comportamiento altivo del  
personaje Epaminondas, quien, frente a las vicisitudes sociales y económicas, mantenía el  
orgullo y defendía los principios éticos y morales de la educación por encima de los  
intereses del capital. Es evidente, que este personaje yuxtapone los ideales por encima del  
sujeto económico, arengando en todo momento los valores de la cuestión social y una clara  
conciencia de clases.  
- ¿Y qué hace usted con todo lo que sabe? ¡Pa morirse de hambre no es  
menester saber eso!  
Su mujer, la buena Ana Tomasa Romero, de “Los Romero” del Paso  
Sanchero, fecundísima y demostrándolo aún bajo el fustán, clamaba esa  
tarde con las manos en la cabeza:  
- ¡Pero, Paminondas!, ¿y para qué fuiste a pelear con el único pulpero que  
todavía nos fiaba, qué van a comer tus hijos? (…)  
- Prefiero todo, Tomasita, todo, a escuchar disparates y que se abuse del  
buen decir.  
- ¿El buen decir? ¿Vamos a pagar la casa con el buen decir, y a comprarle  
alpargatas a Antenor Segundo y a ver cómo mister Balú nos da otro frasco  
de “lamedor” para Cristina Augusta, que con esa tos se nos está quedando  
en los puros huesos?  
Don Epaminondas sonreía amargamente:  
- Es que ese ignaro, porque yo le llevo la contabilidad del establecimiento y  
él es capitalista, se imagina que nosotros los intelectuales proletarios…  
¡Pues no, señor! Otro me fiará. (p. 161).  
Su precaria situación y sus demandantes necesidades, no son más que el reflejo del  
último periodo del liberalismo amarillo, en el cual el gobierno de Ignacio Andrade (1898-  
99) se vio incapaz de realizar alguna obra de envergadura, mermado a su acción de  
gobierno, asediado por los movimientos armados, entre los que destacan el del mocho  
Hernández, el del General Ramón Guerra y finalmente el de Cipriano Castro.  
Indudablemente, era un periodo de recesión e inestabilidad política, tomando en  
cuenta el impacto de la crisis del mercado internacional que abarcó desde 1890 hasta 1907  
y en donde en particular, el café venezolano principal fuente de ingreso a la nación, fue  
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afectado por la competencia de países como Colombia, Jaba y Brasil, produciéndose una  
baja del precio del producto de hasta un 60 %, además las continuas fluctuaciones de los  
precios de los productos de exportación, generaban una crisis fiscal que impedía al Estado  
cumplir con sus compromisos de pago de las deudas contraídas en el exterior y cubrir los  
gastos de la administración pública, siendo afectado principalmente, los sectores populares,  
bien sea en el ámbito rural o citadino.  
Un caso peculiar que se presenta en el cuento “La mista”, es la imagen que se  
simboliza en este pasaje “(…) en la salita quedaba un pizarrón roto, un viejo mapa de  
Venezuela con el autógrafo de Guzmán Blanco, “ilustre americano”, dos sillas y la media  
de otra (…) (Pocaterra, ob.cit. p. 162). Como fiel reflejo de las políticas populistas y  
demagógicas por parte de los políticos, con el pretexto de crear falsas expectativas y  
promesas para lograr sus intereses particulares y partidistas, es la costumbre de algunos  
miembros de los sectores populares, representados en el personaje Epaminondas, de  
idolatrar a los caudillos y políticos de turno, en ese sentido, observamos un fanatismo  
exacerbado en un primer momento, hacia la figura de Guzmán Blanco y posteriormente  
hacia la de Cipriano Castro “…releyendo el primer párrafo de su carta oficio ‘al  
Benemérito Restaurador General Presidente de la República (…)’ … ya que al conjuro de  
vuestra espada, vencedora en Tononó y en las Pilas…” (Pocaterra, ob. cit. p. 164).  
Invita a la curiosidad, las visiones particulares tanto de este personaje como de su  
mujer, esta última cifraba sus esperanzas en la fe religiosa “¡Ay, si mi angelito intercediera  
con la Santísima Virgen del Socorro! clamaba desde su yacija puerperal la madre- La  
Virgen es madre y, por más Virgen que sea, ella sabe…” (p. 164), encontrándose ambos en  
esa dramática coyuntura, abre cada uno una bifurcación, conduciéndolos a su particular  
“mista”. Este comportamiento va a ser recurrente por parte de las masas en diferentes  
momentos de nuestra historia contemporánea.  
Educación normativo burguesa, así como religión católica, no fueron entre  
nosotros más que instrumentos para la aceptación (…) La existencia subjetiva  
de esa ideología en las masas ha sido y va sin paradoja- el principal factor  
objetivo que ha frenado la participación de esas masas en muchos momentos  
revolucionarios decisivos. (Silva, 2009, p. 28).  
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Antes de la llegada de los medios de comunicación masivos y tecnológicos del siglo  
XX con su “dominación carismática”, los aparatos ideológicos tradicionales reposaban  
sobre la religión, la familia y la educación, como anclas para la formación del pensamiento  
de las masas y la aceptación sumisa y acrítica del sistema en vigencia.  
Educación, Religión: dos instrumentos de gran poder que, utilizados antaño por  
un imperio como formas inmateriales de colonización y, por tanto, como  
justificación ideal de la colonización material, abrieron el camino y dejaron la  
puerta abierta a la acción recolonizadora material y espiritual- de un nuevo  
imperio (…) Un subdesarrollo con su expresión ideológica. Los instrumentos  
para formar esta ideología -esta aceptación de la explotación por los explotados,  
en sus más profundas zonas psíquicas- fueron fundamentalmente la Educación  
y la Religión. (Silva, ob. cit. p. 27).  
La burocracia de las instituciones públicas, ha sido a lo largo de nuestra historia  
republicana, pero en especial a partir del siglo XX con la llegada de la Venezuela petrolera,  
uno de los grandes males que agobia y atenta contra los intereses de la nación.  
Lamentablemente, los gobiernos de turno no han atinado a reducir el tamaño de este  
monstruo que absorbe gran parte de los ingresos de la nación, siendo el umbral de una  
inmensa inoperancia, por el contrario, da la impresión que con el paso de los años, aumenta  
dramáticamente en dimensiones, el burocratismo, la desidia, la ineficiencia, la ineficacia, el  
poco sentido de pertenencia, la falta de identidad nacional, la demagogia y la corrupción  
del estado venezolano. Este lastre, trae como consecuencia el desamparo y el divorcio del  
pueblo venezolano, con los beneficios producidos por la explotación petrolera, así pues, las  
pocas políticas sociales no son más que tibios esfuerzos por mejorar la calidad de vida.  
Esta situación se evidencia en la obra literaria “la mista” en el siguiente fragmento:  
Temblando echó aquella carta al correo. Pasaron días. Pasaron semanas.  
Pasaron hambre.  
Pancho amenazó con el crédito y a las atribuladas explicaciones del otro:  
- Compadre, usted se imagina que una carta que llega a Miraflores… eso tiene  
sus trámites; y además, el General Castro me conoce y me está probando, a ver  
si yo me violento como cuando le renuncié “la mixta”.  
- Le contestaba fríamente con un escepticismo feroz:  
- ¡Qué va; esa la echaron al canasto sin verle ni la firma…! ¡En este país, pa  
pedir argo y que le atiendan a uno, tiene que ser General!  
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Compungido, protestaba:  
- No, Pancho, no; el poder civil tiene sus fueros. El apostolado de la instrucción  
sus derechos.  
Iba a la oficina de correo mañana y tarde. Asaltaba en la calle a los  
repartidores. Y ya le gritaban a media cuadra de distancia, aunque el pobre  
fuera por ahí, a otra cosa:  
- ¡No le ha venido nada! (Pocaterra, ob. cit. p. 164).  
También, el cuento hace gala del arribismo y la prebenda en la política nacional, esa  
mala costumbre enraizada en nuestra cultura desde los primeros tiempos republicanos.  
Yuxtaponer los intereses personales ante la poca fidelidad de las ideologías, banderas y  
partidos políticos. En más de una ocasión, los caudillos que defendían las banderas del  
partido conservador, ante la primera oportunidad, se cambiaban al bando opuesto,  
dependiendo de los intereses que se le presentasen, para muestra, el caso de José Tadeo  
Monagas, quien llegó a la presidencia de Venezuela en 1847 levantando las banderas del  
partido conservador y luego en el poder traicionó a Páez y pasó al partido liberal de  
Antonio Leocadio Guzmán. Sin embargo, estos saltos de idas y venidas, eran también  
común en las masas populares, siendo Epaminondas un ejemplo evidente de dicho  
comportamiento, apoyando con pasión al “ilustre americano” con su liberalismo amarillo y  
posteriormente en 1899 a la revolución restauradora de Cipriano Castro y los andinos al  
poder.  
- Ese viejo vagabundo del Registrador, que se la pasa escribiendo para  
Caracas…  
- ¿Pero por qué ha de ser él, Paminondas?  
- ¿Por qué? Porque es liberal amarillo y como no lo invité a los exámenes  
cuando “la mixta” …  
- (…) Un sobre de vitela, con un pequeño escudo tricolor. Dentro, una  
tarjeta: “General Cipriano Castro, Benemérito Restaurador y Presidente  
de los Estados Unidos de Venezuela, saluda a estimado amigo y  
compatriota, señor Epaminondas Heredia Q.” (Pocaterra, ob. cit. p. 164).  
En una relectura, fijamos la mirada en el festín del pueblo ante la posible visita de  
Cipriano Castro, es una muestra de la más profunda influencia en la dinámica política  
nacional de los caudillos en la psiquis popular, provocando exaltación del colectivo, ante la  
presencia del omnipotente líder regulador del orden social, el que lo resuelve todo, la  
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representación totémica, idolatrada y admirada, panacea para todos los males de la nación.  
El perfil de esta figura es universal y se puede encontrar a lo largo del siglo XX en otras  
latitudes, entre los que se puede mencionar Benito Mussolini, Adolfo Hitler y Francisco  
Franco. En el caso de Venezuela, la exacerbación nacional de la política, se evidencia  
notablemente a partir de 1959 y los procesos y lidias electorales producidas en el país.  
La tarjeta fue releída y comentada hasta el vecindario. El pulpero renovó sus  
precarios créditos. Y como si una hada compasiva se hubiera detenido un  
instante en el caballete de la casita de “Pele el Ojo”, otra tarde entró el  
maestrescuela como una tromba:  
-
El jueves llega el General Castro. Viene a pasarse unos días en  
Valencia.  
Lo dice la prensa.  
(…) La mixta tardaba. Pero Castro llegó. De repente, en un tren expreso,  
entre un tropel de gendarmes y de señores enlevitados que daban carreras y  
voces; y circulando, huidizo, por entre el humo de los cohetes y las corcheas de  
los estrombones, don Epaminondas, en un grupo que los de la policía aculaba a  
empellones, sacudió triunfalmente un pañuelo gritando sin que le oyesen:  
-
¡Viva!  
Llegó a su casa, sudado, estrujado, con los zapatos empolvados,  
entusiasmadísimo. (p. 165).  
Uno de los pasajes más dramáticos que revela el carácter represivo del Estado, lo  
encontramos en aquella situación en la cual Epaminondas, en su afán desesperado pero  
cimentado en el imaginario de una supuesta cita con el Restaurador Castro, es contenido  
en su delirio por las fuerzas de seguridad y resguardo del mandatario, en un primer  
momento, a manera de advertencia, con un discurso seco y directo se le señala que no será  
recibido porque no se le espera y luego, con una sentencia de ultimátum, actúan en forma  
coercitiva y amenazante.  
-
Mire viejito, el del pumpá abollado: este tiene tres días perdiendo su  
tiempo… “El general” no recibe a más nadie ahora… (…) Tarjetas como la  
suya tiene todo el mundo. Esas se las mandan a la gente para quitárselos de  
encima. Puede estar un año allí parado haciendo morisquetas y…nada.  
Mejor es que despeje.  
El otro, furibundo, arremetió peinilla en mano:  
- ¡Vamos, vamos, vamos! ¡Pa arriba o pa abajo, o le echó plan para que  
no moleste tanto! (Pocaterra, ob. cit. p. 166).  
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“La Mista” un cuento largo en la historia... / Vaamonde y López  
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Posiblemente, el último párrafo del cuento resulta el más dramático, es el despertar de  
golpe y constatar que su vida transcurrió en una vaga ilusión, sin tener las herramientas  
para hacer frente a las vicisitudes de una dura realidad, transformándose en un borracho,  
víctima de la sorna popular. En el caso de este personaje, nunca supo hacer frente a su  
drama personal y hasta último momento cifró sus esperanzas en una quimera.  
- ¡…lo único que puede salvar a este país es “la mixta”!  
Y los chicos arrojándole piedras y cuchufletas, le corrían detrás:  
- “¡La mista!” “¡La mista!”. (Pocaterra, ob. cit. p. 167).  
Lo cierto del caso, es que “la mista” es un cuento largo en la historia de Venezuela, se  
ha perpetuado en la población en diferentes etapas de nuestra historia contemporánea, cada  
una con sus propios perfiles y características, aun así, el tema de la cuestión social se  
mantiene incólume, como una deuda aún sin cancelar que va más allá de la  
desestructuración de la Venezuela agroexportadora a la petrolera, tal como lo señala Silva  
Luongo (ob. cit.):  
La caficultura, que había sido la principal actividad generadora de riquezas en  
el pasado siglo y en la primera parte del presente, ya empezaba a perder  
importancia relativa desde el año 1917, en que comenzaba la explotación  
comercial del petróleo. (p. 15).  
Ciertamente, la consabida avalancha de nuevos ingresos nunca antes vistos, a las  
arcas de la nación, no significaron un recorte de las grandes distancias sociales,  
manteniendo las diferencias en la distribución de bienes y servicios de calidad, entre las  
clases pudientes y el pueblo que reclamaba mayor participación en las políticas y beneficios  
sociales, en el contexto de equidad y justos derechos.  
Así, se presenta a Juan Vicente Gómez, con grandes contradicciones para el país, por  
un lado, durante sus veintisiete años en el poder, su gobierno se dedicó a la  
profesionalización de la Fuerza Armada Nacional, la adquisición de armas y pertrechos, la  
construcción de carreteras y caminos que unificaron al país, permitiéndole un mayor  
control social que evitara posibles alzamientos del orden constitucional, además de  
fortalecer y modernizar a la infraestructura portuaria pronta para trasladar la nueva materia  
prima hacia los centros de poder, y por el otro, encontramos a una población desvalida, en  
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un atraso supino, analfabeta, enferma y rota moralmente, teniendo que recurrir a nuevas  
ilusiones de las cuales asirse. Por consiguiente, los Epaminondas y “las mistas” se  
mantuvieron como impronta en el imaginario colectivo del venezolano. Es así, como  
Pocaterra trae a sus obras “…un testimonio crudo y amoroso, tierno y áspero a un mismo  
tiempo, acusador y comprensivo, contra la decadencia social del tiempo de Juan Vicente  
Gómez…” (Salvatierra, 1970, p. 7).  
Lo cierto del caso, es que muchos consideran que Venezuela entra tarde al siglo XX  
debido a la férrea dictadura de Juan Vicente Gómez, después de su muerte el 15 de  
diciembre de 1935, los iracundos Epaminondas en una explosión social, tomaron las calles  
exigiendo cambios en las vetustas estructuras políticas, económicas y sociales que sostenían  
al estado venezolano. Sin embargo, durante el dual gobierno de López Contreras, a pesar de  
iniciarse un periodo de transición hacia la democracia, la resistencia del lastre gomecista,  
aunado a ciertas posiciones obtusas por parte del gobierno, como en el caso de la huelga  
petrolera de 1936, la represión legalizada de la constitución nacional, de los medios de  
comunicación, el inciso sexto y el mantenimiento de la ilegalización de los partidos  
políticos, se volvieron piedras en el camino para saldar las cuentas con los derechos civiles  
hacia una verdadera democratización que exigía el país.  
El país tiene una población que apenas llega a los 3.491.000 habitantes, la  
mayoría de ella analfabeta, azotada por la tuberculosis, la sífilis y las  
enfermedades tropicales. Excepto la producción petrolera, que fluye  
crecientemente al exterior, Venezuela es un país extremadamente pobre y muy  
atrasado en todos los aspectos. (Silva Luongo, ob. cit. p. 37).  
Paralelamente, fuera de nuestras fronteras, debido a los acontecimientos que se  
estaban llevando a cabo a partir de la década de los treinta, entre ellas la dinámica  
geopolítica del periodo interbélico (1918 al 1939), y el desplome del mercado bursátil en la  
bolsa de Wall Street, en 1929, trajeron como consecuencia la reducción de los egresos del  
Estado y la poca inversión en políticas sociales. Andando así, en un proceso lento y  
tortuoso de modernización hacia la democracia, y alargando “la mista”, ya que no se  
avizoraban reivindicaciones justas y equitativas para los Epaminondas del país.  
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“La Mista” un cuento largo en la historia... / Vaamonde y López  
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La crisis mundial de los años 30, fue fatal para la agricultura nacional  
venezolana, orientada hacia los mercados exteriores. La baja de la demanda  
mundial y de los precios del café y cacao, agudizó la descomposición de la  
atrasada producción agrícola. (Moncada, 1985, p. 30).  
En los años 30 van a ser, para casi todo el mundo, una etapa dominada por la  
recesión, el hambre y una violencia política tal que desata, además de la guerra  
civil española, el estallido de la Segunda Guerra Mundial. (Silva Luongo, 2005,  
p. 14)  
Con la llegada a la presidencia de Isaías Medina Angarita, el último en la saga de los  
denominados andinos al poder, se dio una gran movilidad migratoria del campo a la  
ciudad, puesto que el país se encontraba sumido en el atraso y padeciendo de grandes  
males heredados de los gobiernos que lo precedieron. El diagnóstico que se hacía para el  
año 1941 era desalentador, así como lo indica Betancourt, en ese mismo año, hablando  
sobre los informes de la comisión Fox y la Ford- Bacon.  
La comisión Fox y la Ford- Bacon coinciden en afirmar en sus respectivos  
informes, que el pueblo venezolano está pesimamente alimentado y que  
sobrelleva una vida dominada por el signo de la inseguridad y de la angustia.  
En otras palabras, que no es un pueblo feliz porque lo atenacea el malestar  
económico crónico.  
Esta pobreza generalizada en las más nutridas capas de la población determina  
la escaza productividad del trabajo en Venezuela. La comisión Ford- Bacon  
integrada por ingenieros a quienes contrató la Standard Oil, expresa tal criterio  
en forma rotunda: “El bajo rendimiento del trabajo resulta primordialmente de  
la falta de vigor y resistencia física de la generalidad de los trabajadores, lo cual  
a su vez proviene, en la mayoría de los casos, de la nutrición impropia e  
insuficiente y de los organismos enfermos, y frecuentemente de la combinación  
de ambas cosas” (…)  
Déjese, pues, de lado la socorrida tesis reaccionaria de que nuestro pueblo es  
perezoso por atavismo incurable, y de que la escasa productividad de su  
esfuerzo creador finca en taras constitucionales. El hombre medio de nuestro  
país trabaja sin ardor, y con bajo rendimiento, porque se alimenta mal y vive  
peor. (p. 1)  
En este sentido, la tesis que se sustenta en una supuesta superioridad foránea, no deja  
de ser más que un prejuicio que tiene su origen en una visión eurocentrista, en la cual el  
pueblo llano y mestizo es responsable de su pobreza y tragedia, producto de su libre  
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albedrío, es él quien decide vivir en la miseria sin atreverse a salir de su zona de confort, en  
el caso del cuento “la mista”, el protagonista, demuestra que a pesar de las limitaciones, se  
puede aspirar a una mejor calidad de vida, además de ser útil para su comunidad, aunque  
las circunstancias y contexto no sean favorables para tal fin.  
¿Los Heredia de don Epaminondas? Cualquiera sabe el rumbo de esas nuevas  
existencias. Veinte años atrás en la esquina de esos suburbios donde es mala la  
vida y peor el aguardiente, se le veía desastrado, dando traspiés. Era difícil  
identificar al pulcro y sufrido pedagogo con aquel borracho consuetudinario, a  
no ser por su discurso monótono e incoherente que terminaba siempre así:  
- ¡…lo único que puede salvar a este país es “la mixta”! (Pocaterra, ob. cit. p.  
166).  
Después de tantos años, tal vez el reclamo que se le podría atribuir al pobre  
Epaminondas, padre y maestro, sería el hacerle ver que en su anhelo obsesivo por alcanzar  
“la mista”, no era capaz de apreciar y valorar el amor y las necesidades de su familia,  
obsesionado y aislado cada vez más en su búsqueda de quimeras, se debatía entre la  
frustración y la ilusión. Una pared que no le permitía atinar, ni siquiera el saber qué hacer  
con lo que tenía.  
Entonces como colofón, y gracias a las “incongruentes” palabras de este personaje,  
valdría la pena insistir, en su notable premisa sobre la dignificación del pueblo a través de  
la educación, valorarla como la más preciosa alternativa posible para salvaguardar al  
pueblo de su miseria. Aspirar con ahínco a nuevos estadios de conciencia, en los cuales se  
disipen las sombras y prevalezca la ilustración del sentido humano.  
Referencias  
Betancourt, R. (1941). El alto costo de la vida en Venezuela y sus causas. En: diario Ahora  
(9 de septiembre 1941).  
Moncada, S. (1985). Los huevos de la serpiente. Fedecámaras por dentro. Alianza Gráfica.  
Pocaterra, R. (1985). Cuentos grotescos. Editorial Panapo.  
Salvatierra, C. (1970). Dimensión humana de la novela venezolana contemporánea.  
Universidad Católica Andrés Bello. Centro de investigaciones literarias.  
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Silva Luongo, L. (2005). De Cipriano Castro a Carlos Andrés Pérez (1899 1979).  
Hechos, vivencias y apreciaciones. Monte Ávila Editores.  
Silva, L. (2009). El sueño insomne. Fundación Editorial El Perro y la Rana.  
Tejera, M. (1976). José Rafael Pocaterra: ficción y denuncia. Monte Ávila Editores.  
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