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Un aporte escondido para la historia lexicográfica de Ecuador:
El glosario de Juyungo (1943)
Recibido: 09/09/2025 Aceptado: 06/12/2025
Resumen
Dada la inexistencia por el momento de una historia de la lexicografía ecuatoriana, este
trabajo pretende contribuir al conocimiento de esta cuestión por medio del estudio del
glosario escondido que acompaña a la novela Juyungo (1943), del novelista esmeraldeño
Valeria Guzmán Pérez
Es maestra en Lingüística Hispánica por la Universidad
Nacional Autónoma de México y máster en Lexicografía
Hispánica por la Real Academia Española y la Universidad de
León. Formó parte de la Comisión de Lexicografía de la
Academia Mexicana de la Lengua como lexicógrafa en la
segunda edición del Diccionario de mexicanismos propios y
compartidos. Actualmente trabaja en la Academia Ecuatoriana
de la Lengua como lexicógrafa coordinadora, a cargo de las
distintas ediciones del Diccionario académico de
ecuatorianismos. Además, coordina el equipo de investigación
del Corpus ASALE Ecuador. Ha impartido docencia en
México (Benemérita Universidad Autónoma de Puebla,
Escuela de la Letra Psicoanalítica) y en Ecuador (Universidad
Andina Simón Bolívar, Universidad de las Américas), en
asignaturas como semántica, teorías lingüísticas, lexicografía,
escritura académica, comunicación efectiva y lingüística para
psicoanalistas. Su ámbito de investigación se centra en la
lexicografía y la historiografía lingüística.
valeria.guzman@udla.edu.ec
https://orcid.org/0009-0002-5900-018X
Academia Ecuatoriana de la Lengua,
Ecuador
José Luis Ramírez Luengo
Es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Deusto
(España) y actualmente se desempeña como Científico Titular
en el CSIC (España). Ha investigado e impartido docencia en
diferentes instituciones de enseñanza superior de Europa e
Iberoamérica, y es académico correspondiente en Madrid de la
Academia Mexicana de la Lengua, la Academia Hondureña de
la Lengua y la Academia Guatemalteca de la Lengua, así como
académico honorario de la Academia Ecuatoriana de la
Lengua. Su ámbito de investigación fundamental lo constituye
la historia de la lengua española en América, el contacto
lingüístico del español con el portugués desde un punto de
vista histórico y la configuración de la ortografía moderna;
sobre tales temas ha publicado casi dos centenares de trabajos.
joseluis.ramirezluengo@gmail.com
https://orcid.org/0000-0002-5564-2372
Instituto de Lengua, Literatura y
Antropología. Consejo Superior de
Investigaciones Científicas (ILLA -CSIC),
España
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Adalberto Ortiz. De este modo, tras contextualizar la obra en el marco de la literatura del
país, se procede a describir en primer lugar las características básicas de la macroestructura
y microestructura del repertorio léxico mencionado, para analizar después desde el punto de
vista lexicológico los vocablos que recopila y demostrar, así, la notable importancia que
posee para el conocimiento de la historia léxica del español de Ecuador.
Palabras clave: lexicografía ecuatoriana, Juyungo, glosario, dialectología histórica
A hidden contribution to the history of lexicography in Ecuador:
The glossary of Juyungo (1943)
Abstract
Given the current lack of a history of Ecuadorian lexicography, this study aims to contribute
to our understanding of this field by examining the hidden glossary accompanying the novel
Juyungo (1943) by the Esmeraldas-based novelist Adalberto Ortiz. Thus, after
contextualizing the work within the framework of the country’s literature, this study first
describes the basic characteristics of the macrostructure and microstructure of the
aforementioned lexical repertoire, and then analyzes the terms it compiles from a
lexicological perspective, thereby demonstrating its significant importance for understanding
the lexical history of Ecuadorian Spanish.
Keywords: ecuadorian lexicography, Juyungo, glossary, historical dialectology
Une contribution méconnue à l'histoire de la lexicographie en Équateur:
Le glossaire de Juyungo (1943)
Résumé
En l'absence, pour l'instant, d'une histoire de la lexicographie équatorienne, ce travail vise à contribuer
à la connaissance de cette question à travers l'étude du glossaire caché qui accompagne le roman
Juyungo (1943), du romancier Adalberto Ortiz, originaire d'Esmeraldas. Ainsi, après avoir replacé
l'œuvre dans le contexte de la littérature du pays, nous décrivons tout d'abord les caractéristiques
fondamentales de la macrostructure et de la microstructure du répertoire lexical mentionné, pour
ensuite analyser d'un point de vue lexicologique les mots qu'il recense et démontrer ainsi l'importance
notable qu'il revêt pour la connaissance de l'histoire lexicale de l'espagnol de l'Équateur.
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Mots-clés: lexicographie équatorienne, Juyungo, glossaire, dialectologie historique
Un contributo nascosto alla storia lessicografica dell'Ecuador:
Il glossario di Juyungo (1943)
Riassunto
Data l'attuale mancanza di una storia esaustiva della lessicografia ecuadoriana, quest’articolo
si propone di contribuire alla comprensione di questo ambito studiando il glossario nascosto
che accompagna il romanzo Juyungo (1943) dello scrittore ecuadoriano Adalberto Ortiz.
Così e dopo aver contestualizzato l'opera nel quadro della letteratura ecuadoriana, l'articolo
descrive innanzitutto le caratteristiche fondamentali della macrostruttura e della
microstruttura del suddetto repertorio lessicale. Dopo sono analizzate le parole che lo
compongono da una prospettiva lessicologica, dimostrandone la notevole importanza per la
comprensione della storia lessicale dello spagnolo ecuadoriano.
Parole chiavi: lessicografia ecuadoriana, Juyungo, glossario, dialettologia storica
Uma contribuição pouco conhecida para a história lexicográfica do Equador:
Glossário de Juyungo (1943)
Resumo
Dada a ausência, , por enquanto, de uma história da lexicografia equatoriana, este trabalho
contribui para o conhecimento dessa questão por meio do estudo do glossário oculto que
acompanha o romance Juyungo (1943), do romancista Adalberto Ortiz, natural de
Esmeraldas. Desta forma, após contextualizar a obra no âmbito da literatura do país, as
características básicas da macroestrutura e da microestrutura do repertório léxico
mencionado são descritas, em primeiro lugar, para, em seguida, analisar os termos
compilados -do ponto de vista lexicológico- e demonstrar, assim, a notável importância que
possui para o conhecimento da história léxica do espanhol do Equador.
Palavras-chave: lexicografia equatoriana, Juyungo, glossário, dialetologia histórica
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1. La historia de la lexicografía ecuatoriana: una tarea aún por realizar
A pesar de contar con una notable producción diccionarística (Cordero de Espinosa,
2004; Miño-Garcés, 2016; Araujo, 2021; DAE, 2024, entre otros) y con una tradición que se
puede retrotraer al menos hasta las primeras décadas del siglo XVII (Corbella, Fajardo y
Díaz, 2024, p. 276), lo cierto es que los estudios dedicados a trazar el devenir histórico de la
lexicografía ecuatoriana son todavía insuficientes para poder tener una visión profunda y
abarcadora de la cuestión: en efecto, más allá de investigaciones específicas sobre figuras
relevantes de esta tradición como Alcedo (Buesa Oliver, 2005; Kamenetskaia, 2018) o
Cevallos (Martínez Gonlez, 1996; Ramírez Luengo, 2025), los trabajos al respecto se
reducen a las notas puntuales que presentan Córdova (1995, p. 1-5; 1996, p. 187) y Estrella
Santos (2007, p. 33-35) y, sobre todo, a la relevante aportación de Cordero de Espinosa
(2020), que ofrece un primer catálogo sistemático en el que se consignan las principales obras
existentes acerca del vocabulario del español ecuatoriano. De este modo, si bien es verdad
que se cuenta ya con ciertos materiales que pueden servir de base para posteriores análisis,
no lo es menos que, como bien señala esta última autora, por el momento “no existe un
estudio pormenorizado ni sistemático del trabajo lexicográfico y lexicológico ecuatoriano”
(Cordero de Espinosa, 2020, p.117), algo que contrasta con la atención que se ha prestado a
esta materia en otras zonas del continente americano, como por ejemplo Cuba (Camacho
Barreiro, 2024) y que, en consecuencia, dibuja una clara situación de desventaja de Ecuador
a este respecto que es necesario paliar a la máxima brevedad.
Teniendo en cuenta lo anterior, cabe preguntarse ahora cuáles pueden ser las causas
que han desembocado en la situación que se acaba de exponer, y aunque las razones son sin
duda muchas y de muy variada índole, es probable que una de ellas sea el desconocimiento
que todavía existe sobre muchos de los materiales que conforman la producción lexicográfica
del país: en efecto, si bien algunos de sus grandes hitos como el Vocabulario (1789) de
Alcedo, el Breve catálogo (1880) de Cevallos o la Semántica (1920) de Lemos son
sobradamente conocidos, quizá no se haya prestado tanta atención a otras obras que también
pueden resultar de interés desde este punto de vista, tales como la Descripción de Guayaquil
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de Francisco Requena (1774), la Historia del Reino de Quito (1789) de Juan de Velasco
1
o
la Cartilla del cochero (1908) de Sosa, por poner algunos ejemplos. Así mismo, tampoco se
han tenido en cuenta hasta el momento en la historia de la lexicografía ecuatoriana los
glosarios escondidos entendidos estos como “obras dependientes de otras mayores, las
cuales “no siempre enfocan su interés a la lengua, sino, por ejemplo, a la historia, la geografía,
la sociedad colonial, la minería, etc.” (Fajardo Aguirre, 2024, p.318) que atesoran algunas
obras de distinta naturaleza, pero muy especialmente literarias, en lo que constituye un
ejemplo prototípico del desconocimiento señalado más arriba, pues por el momento no solo
no existen estudios que tomen como base tales textos, sino que ni siquiera se cuenta con un
listado que permita al investigador conocer cuáles son y dónde se encuentran tales repertorios
lexicográficos generados en el territorio nacional.
Dadas las circunstancias, parece necesario hacer hincapié una vez más en la necesidad
de que los estudiosos interesados en la producción diccionarística del país vuelvan la vista a
unas obras, si se quiere, menores desde este punto de vista (Nieto, 2000, p. 23), pero que en
todo caso forman parte de ella y se deben tener en cuenta a la hora de ofrecer una visión lo
más completa posible de los esfuerzos realizados en el pasado para recopilar, consignar y
explicar el vocabulario del español que utilizan los hablantes de Ecuador. Precisamente, a
describir y analizar uno de estos glosarios escondidos es a lo que se van a dedicar estas
páginas, que persiguen a la par de exponer un posible modelo de análisis de estos
materiales convertirse en una llamada de atención sobre la necesidad de acercarse, desde
el punto de vista lexicográfico y lexicológico, a unos repertorios injustamente olvidados hasta
ahora por la bibliografía especializada.
2. Un nuevo aporte a la lexicografía de Ecuador: el glosario de Juyungo
Teniendo en cuenta, por tanto, lo que se ha señalado en el apartado anterior, este
estudio tiene como propósito dar a conocer y apuntar la relevancia lexicográfica del glosario
1
La importancia lingüística y lexicográfica de esta obra ha sido ya apuntada en Ramírez Luengo (2022), donde
se incide en la necesidad de “desarrollar nuevos estudios que permitan obtener y sistematizar los muchos datos
que, para la historia léxica del español de Ecuador, encierran las páginas del jesuita riobambeño” (Ramírez
Luengo, 2022, p. 282); precisamente, es esta constatación la que justifica la incorporación del texto al TLEAM.
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que, bajo el nombre de Vocabulario de provincialismos, aparece en las páginas finales de
Juyungo, la novela de carácter costumbrista que publica en 1943 el escritor esmeraldeño
Adalberto Ortiz
2
. Más concretamente, los objetivos específicos que se pretenden alcanzar son
los siguientes: a) establecer, a partir de sus características formales y contextuales, el subtipo
de ‘glosario escondido’ al que este pertenece dentro de la clasificación que plantea Fajardo
Aguirre (2024); b) describir esta obra desde el punto de vista lexicográfico, tomando para
ello en consideración asuntos tan variados como la cantidad de vocablos que la componen,
la macroestructura que presenta o algunos aspectos concretos de su microestructura; y c)
analizar el léxico del glosario y calibrar su interés para la dialectología (histórica) de Ecuador,
para lo cual se tendrán en cuenta cuestiones como las estrategias de americanización que se
evidencian en sus páginas, el carácter más o menos restringido desde el punto de vista
diatópico de las voces consignadas, la valoración de tales ocurrencias como primeras
dataciones o su ausencia en la tradición lexicográfica del español, sea general o sea
propiamente ecuatoriana. En definitiva, lo que se pretende con estas líneas es apuntar nuevos
datos que contribuyan a la más rigurosa confección de la historia lexicográfica del español
de Ecuador, pero, sobre todo dado el carácter preliminar de esta primera aproximación
poner de manifiesto el indudable interés que, según se ha sugerido más arriba, poseen para
esta tarea repertorios lexicográficos como el aquí analizado.
Respecto del autor, Adalberto Ortiz Quiñónez (Esmeraldas, 1914 Guayaquil, 2003)
es un escritor, pintor y diplomático cuyo aporte se extiende tanto a la narrativa como a la
poesía. Su poemario Tierra, son y tambor (1945) rescata la tradición oral de la décima
esmeraldeña y la musicalidad del habla afroecuatoriana. Ortiz incursiona también en el
cuento con textos como La entundada, La mala espalda, Los hijos blancos, Los amores de
Fernand Muret, entre otros que, en sus propias palabras, responden a “la temática negra”
(Ortiz, 2013 [1993], p. 289). Y aunque su obra se diversifica hacia lo que él llama una
literatura “blanca y occidental” —pues es mulato y las tensiones raciales forman parte de su
2
En concreto, la novela -cuyo título completo es Juyungo. Historia de un negro, una isla y otros negros- aparece
el año mencionado en Buenos Aires, a cargo de la Editorial Americalee. Cabe señalar que es esta la edición que
se utiliza en el estudio, y a la que hacen referencia las páginas que se citan a lo largo del mismo.
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obra y de su vida se lo recuerda por haber mostrado las luchas y cosmovisiones de los
pueblos negros del litoral ecuatoriano.
Aunque cabe decir que la escritura de Ortiz no surge de una vocación inicial: “hasta
mis 23 años no me había preocupado mayormente por la literatura…No fue hasta 1937,
cuando retorné a Esmeraldas […], que tropecé con un libro que despertaría en mí, una seria
afición por las letras” (Ortiz, 2013[1993], p.289); el Mapa de la poesía negra americana de
Ballagas (1946) lo “deslumbró” y se ve de pronto en un espejo y con una herida abierta.
Desde entonces, la literatura se vuelve no solo destino, sino instrumento. Pero antes de eso,
hay otras travesías: en la infancia, por ejemplo, cuando su abuela lo lleva desde Guayaquil a
Esmeraldas en un viaje de tres meses por el río, con largas escalas en la selva y los pueblos
de las orillas, en el que “Ortiz quedó impresionado por su primer encuentro con la selva.
Miraba deslumbrado todo: los animales, plantas y costumbres, para él exóticas, las mismas
que aparecerían 50 años más tarde en su obra literaria y pictórica” (Smith, 2013, p. 286).
De sus viajes y periplos, del paisaje contemplado y de sus interrogantes personales;
de haber nacido en Esmeraldas, crecido en Guayaquil, estudiado en Quito y retornado a su
pueblo; de haberse hecho consciente, de pronto, al tener entre manos la antología de Emilio
Ballagas, de que hay una dura realidad que necesita ser contada de esa sumatoria de
circunstancias aparentemente dispersas, como la vida misma nace la obra de Adalberto
Ortiz. Su literatura se presenta atravesada por dicotomías identitarias, conflictos lingüísticos,
raciales y sociales que se funden en su escritura y que traslucen, inevitablemente, en la piel
del léxico con que escribe. Y aunque retoma palabras de origen africano, Ortiz como él
mismo admite no hereda una lengua ni una religión africanas, por tanto, en su obra lo que
se hace visible es el inevitable mestizaje lingüístico. Así pues, este autor encuentra un
lenguaje para contar un mundo que no había sido narrado. Como bien afirma Edmundo
Ribadeneira (1981, p. 117), “estaba haciendo falta la novela del negro, y quién sabe hasta
cuándo hubiera durado este vacío, si es que no hubiese surgido, de sus mismas fuentes, el
cantor de su raza”.
En cuanto a la novela, Juyungo, esta es publicada en 1943 y galardonada un año antes
con el Premio Nacional de Novela, convocado por el Grupo América. Esta obra marca un
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hito en la literatura ecuatoriana al poner como sujetos de enunciación a los
afrodescendientes. Su éxito es inmediato en Ecuador, aunque su reconocimiento en América
Latina es más bien parco, pese a que entre 1949 y 1988 es traducida a ocho lenguas (Alemán,
2025, p. 97)
3
hecho que la convierte en una de las novelas ecuatorianas más traducidas,
solo después de Huasipungo. Esta circulación internacional, aunque dispersa, confirma
que Juyungo no es solo una obra de resonancia local, sino que tiene también una repercusión
literaria más amplia en la literatura de la Negritud y de la novela social latinoamericana de
mediados del siglo XX.
La novela cuenta la vida de Ascensión Lastre, un hombre negro nacido en la región
selvática de Esmeraldas, desde su infancia hasta su muerte en el conflicto bélico entre
Ecuador y Perú en 1941. El nombre que da título a la obra, Juyungo, es una palabra peyorativa
impuesta por los cayapas al protagonista. La historia cuenta las migraciones de Lastre, su
paso por territorio indígena, los diversos trabajos que ejerce, su amistad con estudiantes de
izquierda, su relación con María de los Ángeles mestiza y madre de su hijo y su exilio
final en la isla utópica de Pepepán, que terminará destruida por el extractivismo. La muerte
de su hijo, la pérdida de cordura de su compañera y su propia decisión de integrarse al ejército
constituyen el cierre trágico de un itinerario vital marcado por la violencia estructural y la
exclusión. La novela, además de construir un relato biográfico del personaje principal,
también visibiliza la historia, las costumbres, el lenguaje, el sufrimiento y la resistencia de
una comunidad negra que había sido sistemáticamente ignorada por la literatura ecuatoriana.
Juyungo no solo da un lugar al afrodescendiente en el relato nacional de Ecuador,
sino que lo coloca como sujeto histórico con voz propia y pleno derecho lingüístico. Y con
ese acto escritural Adalberto Ortiz funda una corriente literaria afroecuatoriana junto a
Nelson Estupiñán Bass y posteriormente Antonio Preciado, Luz Argentina Chiriboga, entre
otros, de la que hoy son herederas, por ejemplo, Yuliana Ortiz Ruano o Juana Francis Bone.
3
La lista completa de las traducciones, en orden de aparición es la siguiente: checo (1949), francés (1955),
alemán (1957), ucraniano (1959), croata (1961), esloveno (1963), inglés (1981) y ruso (1988) (Alemán, 2025,
p. 97).
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3. El glosario de Juyungo: una descripción lexicográfica
Uno de los elementos más singulares de la novela Juyungo es, sin duda, su apéndice,
el Vocabulario de provincialismos, elaborado por el propio autor. Este repertorio no surge de
una práctica lexicográfica ni responde a una metodología definicional sistemática, sino que
nace de la necesidad comunicativa de dar cuenta del universo de la novela y explicar sus
particularidades léxicas para facilitar la comprensión del lector.
Así pues, el Vocabulario de provincialismos se corresponde con lo que Fajardo
Aguirre (2024, p.318) llama “glosario escondido”, es decir, un repertorio léxico incorporado
dentro de una obra no lexicográfica en este caso, la novela Juyungo cuya función es
apoyar la comprensión lectora mediante la explicación de voces marcadas lingüística o
culturalmente. Se trata de un glosario de carácter semasiológico simple, ya que parte de la
forma léxica para ofrecer una definición directa, sin agrupaciones temáticas, ni remisiones
cruzadas o codificación gramatical. Este tipo de estructura, si bien rudimentaria en términos
técnicos, permite recuperar voces por lo general no recogidas en los diccionarios normativos.
Por lo tanto, se sitúa en el ámbito de la prelexicografía, esto es, de los repertorios que
anticipan un interés lexicográfico, aunque no logren cumplir los estándares metodológicos
de la disciplina.
En ese sentido, el glosario de Juyungo es una contribución de gran valor, pues recoge
voces que no solo circulan en la ficción, sino que pertenecen al español de Ecuador y
muestran la contribución léxica del pueblo afroecuatoriano de la región de Esmeraldas, pero
también el mestizaje, a través de la gran influencia de las lenguas indígenas y las variaciones
del español en tierras americanas. La existencia del vocabulario muestra el esfuerzo de
Adalberto Ortiz por fijar, describir y definir palabras no registradas en obras lexicográficas
de corte tradicional, porque, como menciona Carrión (2013, p. 182), “es importante anotar
que Ortiz es muy minucioso en el trabajo diatópico del léxico”, pues “incluye tantos
provincialismos” que necesita “anexar un vocabulario, integrado mayoritariamente por
términos referentes a la botánica y zoología de la provincia de Esmeraldas”. No obstante,
este esfuerzo aunque intuitivo puede y debe analizarse a la luz de la cnica
lexicográfica, no con el fin de descalificarlo, sino para comprender cómo es estructurado,
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qué criterios subyacen a su lematización, qué tensiones existen entre el registro oral y la
forma canónica que exige la organización de un vocabulario, etc. Para ello, se llevará a cabo
un análisis de su macro- y microestructura.
3.1 Sobre la macroestructura
El Vocabulario de provincialismos consta de 271 entradas. En cuanto a la
organización de la macroestructura, el autor intenta seguir un orden alfabético, aunque este
no se mantiene con rigor en toda la secuencia, pues hay tramos desordenados. Se observan
inversiones simples entre pares de palabras contiguas, como gualpas que aparece antes de
gualgura, o jarto que está ubicado antes de janeiro. También hay desplazamientos más
notorios, como el caso de bambas, bambuco y bayona, que se encuentran erróneamente
después de batatillas, o verbena, que aparece entre viches y viringo, cuando su ubicación
correcta sería entre uvillas y verejú. Estos desajustes afectan a la consistencia del orden
alfabético y dificultan la consulta rápida y secuencial del glosario.
En el Vocabulario son lematizadas tanto palabras que aparecen una sola vez dentro
de la novela como otras que no se registran en lo absoluto. Resulta aún más llamativo que,
en cambio, no se lematicen algunas palabras que aparecen al menos una vez en el cuerpo
narrativo. Este contraste entre las palabras efectivamente usadas en la novela y los lemas
incluidos en el Vocabulario permite una primera revisión cuantitativa que arroja datos
significativos sobre los criterios de selección, las ausencias notables y la forma en que se
organiza el léxico glosado en relación con el texto literario.
Así, el análisis cuantitativo de la frecuencia de aparición de las palabras glosadas
respecto de su número de apariciones en la novela muestra una lematización altamente
concentrada en vocablos de baja frecuencia. De las 271 palabras lematizadas, 134 (es decir,
el 49 %) aparecen una sola vez en la novela. El rango intermedio palabras con 2 a 4
apariciones reúne 89 lemas, lo que representa un 32 % del total. Solo 20 voces (8%) se
repiten entre 5 y 10 veces, mientras que apenas 10 palabras (4 %) superan las diez
apariciones, lo que las destaca como núcleos xicos relevantes para la construcción del
mundo narrativo. Por otro lado, 18 palabras incluidas en el glosario (7 %) no figuran en el
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texto de la novela, lo que invita a reflexionar críticamente sobre la relación entre la lengua
representada es decir, la que el glosario busca preservar como parte del imaginario
lingüístico de la obra y la lengua documentada esto es, la que aparece y puede
comprobarse en el discurso narrativo.
Las diez voces de mayor frecuencia están encabezadas por juyungo (98 veces),
seguido de marimba (41), tagua (35), cayapas (23), pepepán (17), tunda (17), buba, cununos,
guadúa o guadua y puro (11 veces cada una). Algunas de estas palabras configuran los
campos semánticos centrales de la novela: etnicidad, música, trabajo y materia prima, entre
otros. En contraste, el Vocabulario incluye 18 palabras que no se documentan en el cuerpo
narrativo: en efecto, las voces aquerezado, caguas, chambas, chananas, chandas,
charranguero, chobozo, conuco, covar, enchimados, enzumban, faite, latillas, mano'e
piedra, piguiguas, rumbos, susunguedo y zratana forman un conjunto de lemas fantasmales
que están definidos en el vocabulario, pero ausentes del discurso narrativo. Esta dislocación
entre el glosario y el texto las vuelve afuncionales para cualquier lector que intente resolver
dudas semánticas durante la lectura de la novela.
Así mismo, hasta donde se registró en una revisión preliminar, existen al menos unas
65 palabras que aparecen en el texto de Juyungo y que ameritarían haber sido incorporadas
al glosario por su aparición o especificidad. Algunas de ellas son amancay ‘azucena’ (p. 258),
bolsón ‘persona tonta’ (p.45), chuchaqui ‘resaca’ (p.65), cuarenta ‘juego de cartas’ (p.79),
entundar ‘embrujar’ (p. 153), follonudo ‘persona tonta’ (p.48), fregar ‘molestar’ (p.17),
jodido ‘referido a alguien o a algo, complicado’ (p.56), manigua ‘bosque pantanoso’ (p.19),
ñaruzo ‘referido a persona con picaduras de viruela’, rotoso ‘andrajoso’ (p. 83), teyo ‘paquete
de sal envuelto en hojas’ (“Si tú no queriendo collar ni tela bonita yo dando bastante teyo”,
38), entre otros
4
. Estos lemas, ausentes del glosario, no solo resultarían funcionales al lector,
sino que consolidarían la representación del léxico ecuatoriano usado en la novela.
4
Algunas de sus apariciones en el cuerpo de la novela son las siguientes: “Ría limosa cubierta de bancos
trashumantes, de lechugines y amancayes, venidos de las sabanas y de los esteros” (p. 258); “Ahí sí, lo coge de
la mano y se lo lleva muy oronda pa entundarlo” (p. 153); “De los seis caminantes, el uno era un arriero ñaruzo
y rotoso” (p. 83); “Si tú no queriendo collar ni tela bonita yo dando bastante teyo” (p. 38).
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Por lo que toca a la configuración gráfica de las entradas, cada lema se presenta en
negrita, inicia con mayúscula y se separa con punto de la definición. Respecto de la
lematización, siguiendo la perspectiva de Lara (2006) y Porto Dapena (2002), la unidad de
cita forma en que se presenta cada entrada en el glosario debe corresponder a un vocablo
lematizado, es decir, a una forma neutral, abstracta y representativa del paradigma
gramatical. Sin embargo, en el glosario de Juyungo se observa que Ortiz ha optado, en
muchos casos, por transcribir las palabras tal como aparecen en la novela. Así pues, respecto
de los sustantivos que deberían estar lematizados en masculino, a menos que estén
lexicalizados en plural, femenino, con diminutivo o con algún tipo de variante morfológica
59 lemas, es decir el 22 % del total, están registrados en plural: bacatazos, badeillas,
batatillas, bambas, bledos, bimbes, bolas, caliches, cascorvas, caguas, cardumas, carraos,
canquigües, caucheras, catanudos, cayapas, cocadas, cucarrones, cununos, cutumbos,
chácharas, chandas, changos, chambas, chananas, charos, chinchorros, chiparos,
chontaduros, escobillas, guabos, gualpas, guandales, guánamos, guañas, huacas, huaicos,
jejenes, jureles, juros, latillas, macumberos, ñangas, panchanas, pianguas, piadraimanes,
polines, quinquinas, rumbos, sachos, sábalos, talambos, tagüeros, titibras, tintoreras, toros,
tulas, uvillas y yarumos.
En cuanto a los adjetivos, la lematización presenta varias inconsistencias si se
considera que deben registrarse en singular masculino seguido de la terminación femenina
cuando son posibles las dos terminaciones, o en la forma común si solo tienen una, y
siempre en grado positivo. De las 271 entradas del glosario, al menos 22 corresponden a
adjetivos, lo que representa un 8% del total
5
. Sin embargo, la gran mayoría de ellos está mal
lematizada. En primer lugar, diecinueve lemas carecen de la indicación de flexión de género
femenino, a pesar de tratarse de adjetivos variables: angurriento, aquerezado, cotudo,
corvinero, charranguero, chiringo, choto, chunchoso, enchimado, enhorquetado,
empampanillado, lambuso, maltoncito, manganzón, muérgano, pureado, rumbeado,
5
Se debe indicar que hay un error de lematización en charranguero ‘que toca mal la guitarra’, el cual se lematiza
como adjetivo, pero en la novela se usa como sustantivo; por tanto, el lema no debe ser charranguero, sino
charrangueo: “con el charrangueo de una guitarra de escasa sonoridad, que tenía calcomanías y tarjetas postales
visibles en el interior” (p. 69).
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rumbero y viringo; por su parte, desgarronada no presenta la flexión en masculino. En
segundo lugar, cinco adjetivos aparecen en plural, lo cual contradice el principio de
lematización en singular: cotudos, chiringos, enchimados, enhorquetados,
empampanillados. También se registra al menos un caso en diminutivo: maltoncito. Los
únicos adjetivos correctamente lematizados por su forma común invariable son balambá,
faite y tenteenelaire. En el caso de los trece verbos presentes, ocho están correctamente
lematizados en infinitivo: despelucar, enchimbar, taguar, cantear, cauchar, churear,
mariscar y pitar. En cambio, otros dos se lematizan en gerundio (cufiando y quimbando),
mientras que tetea, enchumba y enzumba aparecen conjugados en presente de indicativo.
Así mismo, el glosario incorpora algunas unidades pluriverbales, en su mayoría
sustantivos compuestos
6
: cabello de ángel, raboe hueso, manoe piedra, mantas blancas,
perico ligero y pato-cuervo. Aquí se observan distintos recursos formales para representar la
composición, tales como el uso de espacios, apóstrofos, contracciones e incluso guiones. En
relación parcial con este aspecto, se detectan inconsistencias en la segmentación léxica: lemas
como aguacorta, agualarga y malaire se presentan como palabras simples, cuando en
realidad aparecen en la novela como dos palabras. Por ejemplo, Ortiz escribe “y vinieron
andarieles, y llegaron aguas cortas, aguas largas, carambas, más carambas y el diabólico
verej” (p. 205) o bien “ve, cogé a ese chico y llevátelo pa’ dentro, que le va a mal aire”
(p. 188), donde agua corta, agua larga y mal aire aluden a formaciones sintagmáticas que
han sido simplificadas al momento de su incorporación en el glosario. Otro aspecto relevante
es la inclusión de formas dobles, es decir, lemas que presentan dos variantes unidas por la
conjunción disyuntiva o, como mecanismo de simplificación macroestructural. En el
vocabulario, se identifican varios casos que cumplen con este principio: guadúa o guadua,
damajuana o demajagua, guascama o guascauna, sabino o saímo y penco o pelenco.
Por otra parte, algunas palabras generan dudas respecto de su lematización, ya que no
es posible determinar con certeza si se trata de errores tipográficos en la novela o de variantes
propias de la oralidad. Tal es el caso de papatús y chirringo, que aparecen escritas de esta
6
Cabe recalcar que no se registran propiamente locuciones, pese a que estas unidades aparecen en el cuerpo de
la novela.
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manera en el interior de la novela (“cuando de la mañana a la noche, que se casa la niña
Rosana con el negro Hipólito. El golpe pa el padre fue tan terrible, que le dio un papatús, y
al otro mundo”, p. 164; “desde chirringos hasta maltones abobados a quienes por un lado les
entraba y por el otro les salía”, p. 49), pero que en el glosario son lematizadas como patatús
y chiringo
7
. También se observa un error de transcripción en el lema guánamos, ya que en la
novela se emplea cinco veces la variante guánanos y en ninguna ocasión guánamos.
Así pues, la macroestructura es en su mayor parte cerrada y dependiente de la
obra literaria de la cual deriva. Las decisiones de lematización y organización del
Vocabulario de provincialismos muestran una macroestructura inestable y poco sistemática.
Se presentan inconsistencias formales, tales como la frecuente lematización de sustantivos
en plural, la inclusión de algunos verbos en formas conjugadas y gerundio, la presencia de
palabras compuestas lematizadas de forma arbitraria o la falta de flexión de género en la
mayor parte de los adjetivos citados. No obstante, también se observa un afán por registrar
la mayor cantidad de léxico diferencial utilizado en la novela. Así, más que una herramienta
lexicográfica, la lista de palabras del glosario se presenta, como se verá más adelante, como
un registro de léxico con un valor documental significativo para la historiografía lingüística
ecuatoriana.
3.2 Sobre la microestructura
Por lo que se refiere a esta cuestión, hay que señalar en primer lugar que las
definiciones que preceden a los lemas del vocabulario son, en general, breves. En algunos
casos, esta brevedad compromete la claridad del significado, al caer en generalidades que no
necesariamente ilustran al lector, según evidencian ejemplos como cojojo ‘variedad de
planta’, pangulango ‘variedad de pez’, caucheras ‘catapultas’ o chiringos ‘pequeños’.
Al menos una tercera parte de las definiciones es construida mediante sinonimia
simple o acumulativa, sin mayor elaboración: angurriento ‘ansioso, avariento’, coto ‘bocio’,
cufiando ‘aguaitando, atisbando’, curado ‘fermentado’, chimbo ‘brujería’, guatín ‘coatí’, etc.
7
Dado que en la novela solo se registran un par de ejemplos de cada forma, no es posible establecer una
conclusión definitiva.
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En muchos casos, el equivalente lingüístico se confunde con el referente definido, como
ocurre, entre otros, en guanta ‘roedor parecido a la liebre’, quebracho ‘arbusto que produce
frutitos parecidos a la mora’, fico ‘árbol, muy común en los parques’, gualgura ‘ave
noctívaga y de mal agüero, conocida por muy pocos’, charos ‘pájaro amarillo de bastante
valor’ o madurero ‘pájaro de lindo plumaje amarillo y negro, que se alimenta de plátanos
maduros’.
Otro grupo importante corresponde a definiciones perifrásticas sencillas, de una sola
línea o un par de ellas: aguacorta ‘pieza musical del baile de la Marimba Esmeraldeña’,
bamburé ‘sapo gigantesco de las montañas’, bala ‘plátano cocido y molido en piedra’, o
también a definiciones pseudoperífrasticas, como en mano'e piedra ‘piedra de mano que sirve
para moler’ o quimbando ‘haciendo esguinces’. En contraste, se documentan pocos casos
con definiciones cercanas a lo enciclopédico, pese a que hay una cantidad considerable de
léxico referente a flora y fauna: pitahaya ‘planta parásita que crece entre las ramas de los
árboles. Su flor es roja y su fruto exquisito, es una enorme baya’, rampira ‘planta cuya hoja
de forma abanicada sirve para tejer diversos utensilios y entechar’, gualpas ‘orugas de un
coleóptero que perforan los troncos de las palmas’ o pato-cuervo ‘especie de pato salvaje con
pico ganchudo que llega en grandes bandadas a las costas. Su carne no es aprovechable’.
Por otro lado, debido a que no hay división entre los niveles de información léxica ni
separación entre signo y contenido, no se consignan marcas gramaticales (categoría, género
o número) ni marcas diatópicas, diacrónicas, diastráticas o diafásicas. La organización
semántica interna es irregular, pues el 97 % de los lemas cuenta con una sola acepción, y en
los pocos casos con más de un significado por lo general dos las acepciones no se
numeran ni se organizan jerárquicamente. A veces aparecen separadas por comas o
disyunciones (berraco ‘hombre bravo, o cerdo no castrado’), otras veces por punto seguido
de alguna fórmula introductoria del estilo “es al mismo tiempo”, “llámese también”, “dícese
también” (platanal ‘sembrío de plátanos. Dícese también de las cantidades de dinero’), y en
otros casos por punto o punto y coma seguido de una yuxtaposición (tambo ‘machete corto.
Término de jornada en los caminos de la selva en donde hay una o más casas’; chigualo
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‘juego vernacular que se realiza con cantos, en coros circulares; ritual fúnebre que se hace
a los niños muertos en su velorio’).
Dentro de las definiciones, también aparecen aclaraciones lingüísticas que, aunque
útiles, se presentan de forma dispersa e inconsistente. Así, algunos lemas proponen, junto a
la mencionada definición, equivalencias con el español peninsular (cascorvas ‘piernas
torcidas hacia afuera. Patizambas’; chirona ‘cuartel de policía. Prisión’), mientras que en
otros casos se ofrecen denominaciones alternativas que no se encuentran en fuentes externas
al propio vocabulario (discancel ‘llámase también escancelo o discancer. Es una planta de
hojas rojiza’; masato ‘plátano maduro, cocinado y molido, que se bate en leche o en agua.
Chucula’); se emplea también ocasionalmente una forma de remisión interna, como en
bambolla ‘lo mismo que balambá’, y de ahí balambá ‘dícese de las personas que no poseen
la fortaleza física que representan’
8
.Así mismo, se detectan cinco casos encabezados por lo
que se han dado en llamar expresiones parásitas, es decir, fórmulas introductorias
innecesarias como “dícese de”, que se observan principalmente en adjetivos: corvinero
‘dícese del que debe varias muertes’, platanal ‘dícese también de las cantidades de dinero’ o
tenteenelaire ‘dícese de los mulatos’.
Desde el punto de vista etimológico, también se consignan algunos casos que
reconocen el origen de ciertas voces, como por ejemplo juyungo ‘voz cayapa que significa
‘mono, hediondo, diablo, o malo, pero que los indios cayapas se la aplican al negro’, yunga
o junca ‘selva (voz cañari)’ o verejú o berejú ‘palabra de origen yoruba que significa
demonio’
9
. Además, hay dos lemas definidos explícitamente como barbarismos (covar
‘barbarismo de cavar’ y chontaduros ‘barbarismo de chontaruros. Variedad de dátiles de
montañas que se comen cocinados’), lo que sugiere una percepción de desvío respecto a la
8
Resultan también reveladoras ciertas pistas perdidas en torno a variantes denominativas. Por ejemplo, el lema
guacharaca se define como ‘instrumento de marimba llamado también guasáy se añade que es ‘al mismo
tiempo el nombre del ave selvática conocida como pacharaca’; ambas variantes (guasá y pacharaca) están
documentadas en la novela (“una pava de monte, un coatí, una guanta, un par de pacharacas, caían con
frecuencia bajo el certero plomo de Cangá o de Lastre”, p. 158) y, sin embargo, no se incluyen como lemas
independientes. Esto genera una ambigüedad, al estar ambos elementos subordinados dentro de una definición,
por lo que se limita el desarrollo de sus significados específicos y se les priva de su potencial remisión, antes
concedido a bambolla y balambá.
9
Aunque el autor atribuye a la voz verejú o berejú un origen yoruba, dicha etimología resulta cuestionable,
como se verá más adelante.
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norma culta que deja ver una conciencia de la variación lingüística y de los límites entre
norma y uso oral.
En definitiva, se puede concluir que la microestructura del glosario presente en
Juyungo se elabora a través de definiciones breves, en su mayoría monosemánticas, hechas
por sinonimia o perífrasis simples. Así, el repertorio lexicográfico busca orientar al lector de
la novela, más que ofrecer una descripción lingüística exhaustiva. La ausencia de marcas
gramaticales, la dispersión en el tratamiento de variantes y remisiones, así como el uso
ocasional de expresiones parásitas o de valoraciones correctivas como barbarismo,
evidencian una microestructura poco regulada, pero no por ello despreciable en su economía
expresiva.
4. El léxico del glosario y su interés para la dialectología (histórica) de Ecuador
Más allá de todo lo expuesto hasta el momento, la revisión de este glosario literario desde el
punto de vista lexicológico permite extraer también una serie de informaciones que resultan
relevantes para el más profundo conocimiento del léxico que caracteriza al español
ecuatoriano, y más específicamente de la provincia de Esmeraldas. En necesario señalar, con
todo, que los mismos objetivos del repertorio lexicográfico explicar voces de la novela que
pueden resultar de difícil comprensión para un lector ajeno a la región y la falta de
especialización filológica de su autor determinan que, como suele ser habitual en estos casos,
no todos los elementos recopilados posean la misma relevancia desde el punto de vista
dialectal, y que en el texto se localicen, por ejemplo, voces generales y extendidas por
prácticamente todo el mundo hispánico entre otras muchas, bola 'noticias falsas', chirona,
escobilla, mico, patatús, plaga o sobaquina, así como otras que se incorporan a él por
reflejar fenómenos fónicos presentes en la zona con los que se caracteriza lingüísticamente a
determinados personajes, tales como la sustitución de líquidas (gualanga), la vacilación de
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vocales átonas (covar, fico)
10
y sobre todo el mantenimiento de la aspirada /h/, evidente en
jarto y jecho y con más dudas en ajumo o jumera
11
(Toscano Mateus, 1953, p. 65, 992, 5-6).
Dentro ya de los elementos que presentan cierta restricción diatópica, la revisión de
un corpus lexicográfico de referencia compuesto por el DLE (2014), el DAMER (2010) y
Morínigo (1998) permite detectar diferencias muy marcadas entre ellos, lo que implica que
su interés dialectológico no sea siempre el mismo. Así, cabe señalar en primer lugar las voces
que se extienden por zonas muy amplias del continente (cantaleta, jején, marimba, ramada)
12
y que, si bien identifican al español americano en su conjunto, no individualizan a las
variedades de Ecuador dentro de este, de manera que poseen un valor relativo para la
caracterización lingüística del habla esmeraldeña; junto a estas, se detectan también otras
geográficamente más restringidas según el DAMER y el DLE que se recogen en las páginas
de tales obras, sin embargo, sin la marca diatópica Ecuador por ejemplo, carrao (Co, PR,
RD, Ve), latido 'ladrido' (Bo, CR, ES, Gu, Pa, Ve), pericoligero (Bo, Co, Pa) o quebracho
(Ar, Bo, Py), por lo que su localización en el glosario de Juyungo permite precisar más su
extensión diatópica y añadir al conjunto de zonas en las que se emplean, si no todo el país, al
menos la provincia de Esmeraldas.
Ahora bien, no cabe duda de que las unidades léxicas más interesantes del glosario
son aquellas que en la bibliografía se adscriben al español ecuatoriano. A este respecto, es
importante señalar en primer lugar que en muchas ocasiones estas voces permiten detectar
las grandes áreas a las que, desde el punto de vista del vocabulario, se incorporan las hablas
10
Por lo que se refiere al primero de los vocablos, se ha dicho ya que el propio Ortiz lo define como “barbarismo
de cavar” (p. 261), si bien la aparición de tal forma en Venezuela con el valor de 'levantar y mover la tierra con
la azada' (DAMER, 2010: s.v. covar) obliga a preguntarse si el cambio vocálico se debe interpretar como
fenómeno fónico; en cuanto al segundo, téngase en cuenta que la modificación vocálica se puede entender
también como una regularización de la marca de género, mediatizada, por tanto, por lo morfológico.
11
Por supuesto, en ninguno de estos dos últimos ejemplos se duda de la presencia de una aspiración, si bien en
ambas unidades léxicas el interés dialectal no se circunscribe específicamente a lo fónico, al mostrar un
significado regional o si se quiere no estándar: en el primer caso, ‘del verbo ajumarse, que significa
emborracharse’; en el segundo, ‘borrachera’ (p. 259, 263).
12
Se consideran como tales aquellas que, de acuerdo con DAMER (2010) y DLE (2014), se emplean en al
menos diez países de Hispanoamérica. En concreto, la distribución de las citadas es la siguiente: cantaleta (Bo,
Co, Cu, Ec, ES, Gu, Ho, Mx, Ni, Pa, Pe, PR, RD, Ve), jején (Ar, Bo, Ch, Co, CR, Cu, Ec, ES, Gu, Ho, Mx, Ni,
Pa, Pe, Py, RD, Uy, Ve), marimba (Bo, Co, CR, Ec, ES, Gu, Ho, Mx, Ni, Pa, PR, Py, RD, Ve) y ramada (Ar,
Bo, Ch, Co, Cu, Ec, ES, Ho, Mx, Ni, Pe, RD, Ve).
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del país, y así no sorprende que con frecuencia los elementos se compartan con la región
andina y especialmente con Perú, pero también con Bolivia, Chile y el noroeste argentino
(curcuncho, sampedro, tabladillo, yunga/yunca) o con la que componen Colombia y
Venezuela (cauchera, guadual, peinilla), es decir, con los dos grandes ámbitos culturales con
los que históricamente se ha relacionado el actual territorio ecuatoriano; desde este punto de
vista, no parece que sean casuales las abundantes coincidencias que, según el DAMER
(2010), se dan entre el vocabulario esmeraldeño recopilado en la obra y la zona suroriental
de Colombiaa manera de ejemplo, catanga, chigualo, chunchoso, pondo, potro/potrillo,
susunga, tatabra
13
, pues este hecho parece constatar la existencia de una continuidad léxica
entre ambas regiones que trasciende las fronteras políticas y que las unifica, a causa sin duda
del continuado contacto que establecen entre a lo largo del tiempo y de los numerosos
aspectos socioculturales que comparten.
Por otro lado, resultan así mismo de gran relevancia aquellas unidades que la
bibliografía (DLE, 2014; DAMER, 2010) identifica como exclusivamente ecuatorianas, bien
en mismas (barraganete, chapil, llacta, mocora, pambil, rampira, taguar) o bien en
algunos de sus significados (cháchara, chimbo, guácharo, mataserrano, puro, tambo), pues
su identificación con este territorio les confiere un alto peso dialectal
14
y una especial
trascendencia en la configuración léxica que presenta hoy el español de Ecuador. En este
sentido, se debe señalar que la notable variación que caracteriza a las hablas ecuatorianas
constatada sobradamente en todos los niveles del sistema (Lipski, 1996, p. 264-271) se
evidencia también en el glosario que se está analizando, pues se registran vocablos en él que,
de acuerdo con DAMER (2010), se adscriben a una zona específica del país (mampora,
masato, tagüero, tetear), y entre ellos destacan, como no podía ser de otro modo, los que
resultan propios de Esmeraldas (lambuso, tapao, y quizá tula y verejú
15
), algo queal tiempo
13
Es posible que a tales elementos se puedan sumar también cununoque DAMER (2010, s.v. cununo) localiza
en el noroeste de Ecuador y la “costa pacífica de Colombia” y cusumbí, a juzgar por la existencia en el
suroeste de Colombia de un cusumbé con el mismo significado (DAMER, 2010, s.v. cusumbé).
14
Entendido este concepto como la capacidad que poseen ciertas unidades léxicas a la hora de dialectalizar una
variedad diatópica y, por tanto, de dotar de personalidad a su vocabulario (Ramírez Luengo, 2024b, p. 24).
15
Por lo que toca a tula, el hecho de que DAMER (2010, s.v. tula) incorpore el término como propio de Ecuador
pero con un significado diferente al documentado en Juyungo (troncos o ramas que el mar arroja a las playas”,
p. 267) permite entender este como propio de la zona de Esmeraldas; en cuanto a verejú, es probable que su
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que refuerza la singularidad léxica de esta provincia demuestra la atención que dedica
Adalberto Ortiz a la construcción y caracterización lingüística de sus personajes literarios.
Al mismo tiempo, la revisión de este vocabulario permite evidenciar también las
distintas estrategias de americanización que se emplean para dar respuesta a “la perentoria
necesidad que los emigrados tienen de aprehender todo lo que les rodea para poder
desarrollarse como sociedad” (Ramírez Luengo, 2024a, p. 21) y que, a la larga, van a terminar
generando la dialectalización léxica que además de transformarse, según se dijo ya, como
un rasgo de identidad constituye precisamente la razón de ser de esta tipología textual; a
este respecto, conviene recordar que tal americanización del vocabulario del español del
Nuevo Mundo tienen lugar por medio de cuatro procedimientos fundamentales: a) la
incorporación, que supone el empleo de préstamos de otras lenguas; b) la modificación,
entendida como la manipulación significativa de voces patrimoniales para su aplicación a las
nuevas realidades; c) la creación, esto es, la conformación de nuevos vocablos por medio de
los recursos lexicogenésicos del idioma; y d) la prelación que implica la preferencia por un
vocablo específico frente a posibles sinónimos presentes también en el sistema (Ramírez
Luengo, 2024a, p.20). Pues bien, la revisión del glosario de Juyungo permite detectar la
presencia reiterada de la mayor parte de tales estrategias, pero también la inexistencia de
casos de prelación, algo que en realidad no puede sorprender si se tiene en cuenta que la
misma finalidad del textoexplicar voces desconocidas a los potenciales lectores de la
novela justifica la no incorporación al mismo de unos elementos que, empleados también
fuera de Esmeraldas, no suponen ningún problema de comprensión para un hispanohablante.
Todavía en relación con esto, la revisión de las unidades léxicas que evidencian las
otras tres estrategias aporta datos de interés que ayudan a comprender mejor el vocabulario
que identifica a la variedad de español que se emplea en la novela. Así, por lo que se refiere
a la incorporación, es de destacar en línea con lo que sucede desde antiguo en el país
(Ramírez Luengo, 2022, p. 290, 292) una abundante presencia de voces quichuas (por
ejemplo, catanga, chonta, coto, guácharo, huaca, tambo) y antillanas (entre otras, bijao,
ausencia en la tradición lexicográfica hispánica tanto general como ecuatoriana permita identificarla por
el momento, y a la espera de más estudios, como un esmeraldeñismo.
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guásimo, hobo, pitahaya) que, junto con las procedentes de otras lenguas amerindias
(guacharaca, pian), se concentran sobre todo en ciertos campos nocionales concretos como
la flora, la fauna o los enseres/utensilios
16
;a estas se deben añadir, además, elementos de otras
procedencias que en principio contribuyen a individualizar el español esmeraldeño dentro de
las variedades lingüísticas del país: por un lado, los préstamos tomados de la lengua cayapa
17
,
que se reducen al propio etnónimo cayapa y al vocablo que da nombre a la novela, juyungo,
que el mismo Ortiz define como ‘mono, hediondo, diablo, o malo, pero que los indios cayapas
se la aplican al negro’ (p. 264) y que es recogido con este último valor por el DAMER (2010:
s.v. juyungo); por otro, los afroamericanismos procedentes de las lenguas de este continente
(bambuco, bongo, cachimba, conga, mandinga, marimba, ñinga)
18
, cuya relativa abundancia
en el glosario se explica no solo desde la fuerte impronta africana que impregna a toda la
cultura tradicional de Esmeraldas, sino probablemente también desde el interés del autor de
resaltar los rasgos más idiosincrásicos y diferenciados de la región respecto al resto del país.
En cuanto a la modificación, quizá lo más relevante sea su distribución por campos
nocionales muy variados, que van desde los usos y costumbres (berraco, cháchara,
corvinero, mariscar) hasta la geografía (tranca, trocha), pasando por la flora y la fauna
(bledo, lagartija, platanillo, sábalo, uvilla) o el léxico especializado del ámbito musical, más
concretamente relacionado con la marimba (caderona, torbellino). Todavía dentro de esta
esfera de la realidad y a pesar de las dificultades que implica su estudio, la estrategia de
creación parece ponerse de manifiesto en el nombre de piezas musicales como aguacorta,
agualarga o andariele, a los que se pueden sumar otros vocablos como angurriento,
curcuncho o matapalo, términos que en CORDE se localizan exclusivamente en textos
americanos; es precisamente este hecho el que permite considerarlo en principio como voces
que, al generarse en el Nuevo Mundo y no extenderse nunca más allá de sus fronteras,
16
Es decir, en aquellos que guardan una relación más estrecha con la realidad indígena y cuyas realidades,
desconocidas para los españoles, son incorporados por estos desde muy pronto a su vida cotidiana.
17
La lengua cayapa o cha'palaa es un idioma de la familia barbacoana hablado todavía hoy en la provincia; para
un estudio detallado del mismo, véase Vittadello (1988).
18
A estos primeros es posible que se puedan sumar otros como balambá, bimbe, macumba y su derivado
macumbero, sin entrada en el corpus lexicográfico consultado o carente de etimología en el mismo, pero
probablemente de este mismo origen a juzgar por su forma y en ocasiones su significado.
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contribuyen en gran medida a la dialectalización xica del español esmeraldeño y justifican,
en consecuencia, la necesidad de confeccionar un glosario como el que acompaña a Juyungo.
Más allá de todo lo anterior, es relevante también revisar la aparición de los vocablos
del texto en la tradición lexicográfica hispánica
19
, pues este hecho permite valorar de forma
más adecuada el interés que presenta la obra de Ortiz para la historia lexicográfica de
Ecuador. Así, junto a voces o significados presentes en diferentes obras de la tradición
hispánica en concreto, en Salvá (figueroa), Castro y Rossi (bayona), Zerolo (cucarrón,
guacuco) y sobre todo Alemany (guascama, janeiro, jurón, panchana), es posible detectar
otras que están ausentes de esta, pero que se encuentran en la lexicografía ecuatoriana, muy
especialmente en el DAE
20
(balumoso, chillangua, cununeo, enchimbar, guaña, titibra,
mamapunga, piande), al igual que un gran número que solo se consignan en la obra de García
(2006) (aguacorta, bimbe, carduma, chanana, chíparo, chirarán, imbabura, pildé,
mariscar), algo que no sorprende si se tiene en cuenta su especialización diatópica; por
último, se deben citar también otros elementos del listado cuya no aparición en los
repositorios consultados permitiría catalogarlos en principio como fantasmas lexicográficos
(Quirós García, 2009, p. 136) (carama, charo, cojojo, cutumbo, enchumba, mialo,
pangulango, piguala, quinquina, ranconcha, salango, verejú), si bien las coincidencias que
se dan entre los datos del glosario y la obra de García (2006) así como la demostrada
sensibilidad lingüística del autor de Juyungo a la hora de reproducir el habla esmeraldeña
lleva a pensar más bien que se trata de vocablos que efectivamente existen en esta variedad
lingüística, pero cuya referencia a realidades muy específicas de la zona ha determinado su
no inclusión hasta el momento en las obras lexicográficas.
Para terminar, tampoco carece de interés el texto analizado, a pesar de su modernidad
(1943), para la historia del vocabulario ecuatoriano, pues la escasa presencia de este en los
corpus diacrónicos así como el carácter diatópica y temáticamente restringido de muchas
19
A este efecto, se han consultado las voces más allá de en el DLE y el DAMER en el NTLLE; además,
como tal repositorio no cuenta con diccionarios regionales, se ha optado también por buscar en una selección
de obras dedicadas al léxico ecuatoriano, en concreto el DAE (2024), Araujo (2021) y Miño-Garcés (2016), así
como García (2006) por dedicarse exclusivamente al vocabulario de Esmeraldas.
20
Donde, cabe señalar, algunos de tales vocablos como mamapunga, piande o yampa se ejemplifican
precisamente con una cita de la propia novela del autor esmeraldeño.
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de las voces presentes en el glosario implica que, de acuerdo con los datos de CORDE,
CORDIAM y LEXHISP, los ejemplos que se consignan en él constituyan la primera datación
de bototo, chapil, chillangua, juyungo, mampora, rampira, tagüero, así como nuevas
constataciones de otros poco documentados históricamente (barraganete 'tipo de banana',
mataserrano, tapao) o cuya concentración en un único texto los convertía pcticamente en
hápax léxicos (mocora, pambil, pechiche)
21
. No cabe duda, por tanto, de que también desde
esta perspectiva el glosario que acompaña a Juyungo resulta de interés, y de ahí que sea
preciso hacer hincapié una vez más en la necesidad de llevar a cabo no solo nuevas
investigaciones que profundicen en muchas de las cuestiones que aquí simplemente se
esbozan, sino también nuevas búsquedas que sirvan para localizar los otros glosarios
escondidos de la literatura ecuatoriana, pues parece evidente a la vista de estas páginas que
su análisis puede contribuir en mucho a esa historia lexicográfica de Ecuador que está aún
por escribirse.
5. Unas primeras conclusiones y unas ideas para el futuro
A partir, pues, de todo lo dicho hasta el momento, es posible extraer una serie de
conclusiones que no solo dan respuesta a los objetivos que se han planteado al comienzo de
esta investigación, sino que, además, y sobre todo, permiten valorar de una forma más
ajustada el interés que posee el glosario de Juyungoy, por extensión, los glosarios
escondidos en las obras literarias para la historia de la lexicografía ecuatoriana. Tales
conclusiones son las que se presentan detalladamente en los párrafos siguientes.
En primer lugar, es importante mencionar que, aunque el Vocabulario de
provincialismos que acompaña a Juyungo constituye un documento valioso, su elaboración
no responde a criterios lexicográficos, pues su función como glosario de acompañamiento lo
sitúa dentro de la categoría de glosario escondido, en el sentido propuesto por Fajardo
Aguirre (2024, p. 318). En cuanto a la macroestructura, su análisis detallado desde el punto
21
En concreto, las tres bases de datos consultadas solo aportan para pambil dos apariciones, ambas en la novela
María (1867), del colombiano Isaacs; en cuanto a mocora y pechiche, se localizaba una mayor cantidad de
ocurrencias cinco y siete respectivamente, pero todas en la Descripción de Guayaquil (1774) de Francisco
de Requena, ya citada anteriormente.
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de vista cuantitativo revela un desfase significativo entre los lemas registrados en el glosario
y el léxico empleado en la novela: del total de 271 entradas, 134 de los lemas se registran una
sola vez en el cuerpo narrativo, lo que evidencia el uso puntual de gran parte del léxico
glosado, mientras que solo diez palabras superan las diez apariciones (juyungo, marimba,
tagua, cayapas, pepepán, etc.), lo que las sitúa como núcleos léxicos centrales en la
construcción del universo narrativo; además, se identifican 18 lemas que no figuran en el
texto, así como más de 65 palabras presentes en la novela muchas de ellas con evidente
valor cultural o semántico que no son incluidas en el glosario. Este desajuste deja entrever
que la selección léxica de Ortiz responde únicamente a la voluntad de preservar ciertas voces
usadas en Esmeraldas que considera representativas o importantes de fijar, incluso si no
tienen un alto nivel de aparición textual. Por otro lado, hay que señalar también que la
organización alfabética y las decisiones de lematización resultan irregulares e inestables. La
presencia de numerosos sustantivos en plural, adjetivos sin marca de género, verbos
conjugados y formas sintagmáticas compuestas da cuenta de un registro espontáneo, cuya
única función es consignar el léxico diferencial.
Desde el punto de vista de la microestructura, las definiciones del glosario son breves,
monosemánticas y construidas por sinonimia o perífrasis simples. Aunque presentan
inconsistencias formales como la falta de marcas gramaticales o la inclusión de
expresiones parásitas, cumplen con la función esencial de mediar entre el lector y el léxico
diferencial de la novela. En ese sentido, el glosario se convierte en un documento de
interpretación. Además, a pesar de que un par de entradas presentan valoraciones
prescriptivas como la de barbarismo, en general se observa una voluntad de explicar, no de
juzgar, lo que lo distingue de obras lexicográficas ecuatorianas de finales del siglo XIX e
inicios del XX. Desde este punto de vista, se puede decir que el valor de este glosario radica,
precisamente, en su capacidad de documentar un universo lingüístico ausente de los
diccionarios canónicos.
Finalmente, el glosario de Juyungo debe ser comprendido como parte integral del
proyecto literario de Adalberto Ortiz. A pesar de sus limitaciones técnicas, constituye un
archivo léxico valioso para la historiografía lingüística de Ecuador, al ofrecer una muestra
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llamativa del léxico afroecuatoriano y sus cruces con otras lenguas como, por ejemplo, el
quichua. La minuciosidad del registro responde al interés de dar visibilidad y legitimidad a
las variantes lingüísticas de una comunidad históricamente marginada. Por lo tanto, el autor
no solo escribe una novela pionera en términos de representación étnica, sino que construye,
al margen del canon, un testimonio lingüístico que hoy exige un análisis riguroso que se
deberá realizar de manera mucho más profunda en el futuro.
Pasando ya al interés lexicológico del texto, es importante señalar ante todo que
circunstancias como la falta de preparación filológica de Ortiz o la propia finalidad del
glosario, ya mencionada, determinan que la inclusión en él de vocablos que por ser
generales (chirona, patatús, sobaquina) o por representar determinados fenómenos fónicos
locales (gualanga, covar, fico, jecho) carecen de interés desde el punto de vista dialectal,
si bien la revisión del listado demuestra que la mayor parte de ellos pueden, en efecto,
considerarse diatópicamente restringidos. Dentro de estos últimos, se debe indicar también
el distinto ámbito de empleo que muestran, pues junto a voces de extensión cercana a lo
continental (cantaleta, jején, marimba) o presentes en múltiples países (carrao, pericoligero,
quebracho), se localizan también otras de distribución más circunscrita, cuya relevancia para
la identidad léxica del español esmeraldeño es por ello mucho mayor: de este modo, no
resulta difícil localizar en este listado voces que, según la bibliografía consultada, Ecuador
comparte con la zona andina (curcuncho, sampedro, tabladillo) o con Venezuela y Colombia
(cauchera, guadual, peinilla)es decir, con las áreas culturales con las que el país se ha
relacionado históricamente, así como otras presentes exclusivamente en el español
ecuatoriano (barraganete, chapil, mocora, pambil, rampira, taguar) o incluso en Esmeraldas
(lambuso, tapao, tula, verejú), todo lo cual ayuda a calibrar mejor el juego entre lo
común/compartido y lo propio/identitario que caracteriza el vocabulario hispánico en general
y, por supuesto, también el de la variedad esmeraldeña.
Por otro lado, una observación del glosario permite detectar en él ejemplos de las
mayor parte de las estrategias de americanización que los españoles desarrollan para dar
cuenta de la desconocida realidad del Nuevo Mundo (Ramírez Luengo, 2024a: 21); como
única excepción, se debe señalar la no aparición de ejemplos de prelación, si bien esto no
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puede sorprender si se considera el objetivo declarado del texto, que no es otro que explicitar
el significado de aquellos vocablos que, por ser propios de Esmeraldas, resultan de difícil
comprensión para un lector ajeno a esta variedad lingüística, presupuesto que no cumple esta
estrategia americanizadora. Por lo que se refiere a las otras, en el caso de la incorporación se
descubre una abundante presencia de indigenismos quichuas y antillanos (chonta, coto,
huaca, tambo; bijao, guásimo, hobo, pitahaya), pero a estos se deben añadir también los
aportes cayapas (cayapa, juyungo) y con más frecuencia de origen africano (bambuco, bongo,
conga, mandinga, ñinga), algo que refleja la historia de la región y que lingüísticamente
resulta relevante porque individualiza a su variedad del español respecto a las empleadas en
el resto del país; en cuanto a la modificación, esta se hace presente en múltiples esferas de la
realidad como los usos y costumbres, la flora y fauna o el vocabulario musical (berraco,
corvinero, bledo, sábalo, caderona, torbellino), algo que se detecta también en la creación
(aguacorta, angurriento, curcuncho, matapalo) y que contribuye del mismo modo a
conformar la identidad léxica que identifica a los hablantes de Esmeraldas.
Finalmente, la revisión si se quiere historiográfica del listado inserto en Juyungo
permite comprobar no solo la ausencia de la mayor parte de sus voces de la tradición
lexicográfica hispánica general, sino incluso la no presencia de muchas de ellas en el corpus
diccionarístico ecuatoriano seleccionado (charo, cojojo, cutumbo, enchumba, guánamo,
mialo, pangulango, piguala, quinquina, ranconcha, salango, verejú), algo que
probablemente se explique por la relación de tales elementos en numerosas ocasiones con las
realidades locales y, en consecuencia, con su falta de uso más allá de los límites provinciales.
Así mismo, el glosario ofrece también las que por el momento parecen ser primeras
dataciones de determinados vocablos (bototo, chapil, chillangua, juyungo, mampora,
rampira, tagüero) o una nueva atestiguación de otros caracterizados por una notable escasez
histórica o por su concentración en un texto específico (barraganete ‘tipo de banana,
mataserrano, tapao; mocora, pambil, pechiche), todo lo cual refuerza la idea, mencionada
ya en múltiples ocasiones, del notable aporte que supone este texto para la más completa
reconstrucción de la historia léxica de Ecuador.
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En definitiva, no cabe duda de que todo lo que se ha expuesto hasta el momento
confirma la relevancia lexicográfica del glosario escondido que resguardan las páginas de
Juyungo, y esta confirmación sin duda se debe entender como un doble acicate: por un lado,
para seguir profundizando desde diferentes puntos de vista en el vocabulario que atesora; por
otro, y muy especialmente, para desarrollar más pronto que tarde una búsqueda que permita,
siguiendo el modelo de Sánchez Mora (2018), detectar, recopilar y editar todas las obras
pertenecientes a esta tipología textual, pues a la vista de estos resultados se hace evidente que
sus datos pueden contribuiry no poco a la confección de ese estudio pormenorizado y
sistemático del trabajo lexicográfico y lexicológico ecuatoriano cuya falta lamenta Cordero
de Espinosa (2020, p. 117). Así las cosas, parece claro cuál es el camino; no queda ahora sino
comenzar a trabajar.
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