PENSAMIENTO COMPUTACIONAL Y NEUROEDUCACIÓN EN LA EDUCACIÓN BÁSICA PRIMARIA RURAL: UNA
APROXIMACIÓN TEÓRICA DESDE METODOLOGÍAS ACTIVAS
Antes de adentrarnos en los fundamentos
lenguajes de programación. Grover y Pea (2013)
explican que su esencia se encuentra en
operaciones mentales como la descomposición de
conceptuales que sostienen esta investigación, es
importante detenernos brevemente en el sentido
que orienta esta reflexión. La articulación entre
pensamiento computacional y neuroeducación no
se plantea aquí como una tendencia pasajera ni
como una simple incorporación de lenguaje técnico
al discurso pedagógico. Surge de una preocupación
concreta y situada: cómo acompañar a los
estudiantes de primaria rural en el desarrollo de
situaciones
complejas,
la
identificación
de
regularidades y la construcción de secuencias
lógicas. Estas habilidades pueden desarrollarse en
escenarios analógicos, siempre que la enseñanza
promueva actividades que exijan organización del
pensamiento.
En educación primaria, este enfoque adquiere
especial importancia. Los estudiantes comienzan a
construir esquemas mentales que posteriormente
influirán en su capacidad para analizar información
y tomar decisiones. Diversos estudios han señalado
que la participación en actividades que implican
resolución estructurada de problemas favorece la
transferencia de aprendizajes hacia áreas como
matemáticas y ciencias (Bocconi et al., 2016). Lo
interesante es que estos avances no dependen
necesariamente de la presencia de dispositivos
tecnológicos.
Cuando se observa el contexto del Instituto
de Promoción Agropecuaria de Tame, esta idea
adquiere sentido práctico. La planificación de
siembras, la observación de ciclos productivos o la
organización del trabajo en una huerta escolar
requieren anticipar resultados, clasificar variables y
establecer secuencias de acción. Son ejercicios que,
aunque no se reconocen siempre como tales,
movilizan procesos asociados al pensamiento
computacional.
formas
de
pensamiento
más
estructuradas,
conscientes y autónomas, en contextos donde las
limitaciones tecnológicas conviven con una riqueza
experiencial profundamente ligada al entorno
agropecuario. En escenarios como el del Instituto
de Promoción Agropecuaria de Tame, el desafío no
es únicamente enseñar contenidos, sino propiciar
procesos cognitivos que permitan a los niños
comprender, organizar y transformar su realidad.
Desde esta mirada, el desarrollo teórico que se
presenta a continuación no pretende enumerar
autores ni superponer enfoques, sino tejer un
diálogo entre perspectivas que, aunque nacidas en
tradiciones distintas, convergen en una misma
preocupación: comprender cómo se aprende y
cómo puede potenciarse ese aprendizaje desde
prácticas
contextualizadas.
pedagógicas
Así,
más
las
conscientes
categorías
y
que
estructuran el sustento teórico buscan iluminar esa
convergencia y ofrecer un marco interpretativo
coherente con las dinámicas de la educación básica
primaria rural.
Aportes de la neuroeducación al aprendizaje en
la infancia
Pensamiento computacional: más allá del
lenguaje de programación
La neuroeducación ha permitido comprender
con mayor precisión cómo se configuran los
procesos de aprendizaje en los primeros años
escolares. Tokuhama-Espinosa (2018) señala que
el cerebro infantil mantiene una notable capacidad
de reorganización, conocida como plasticidad
cerebral, la cual se fortalece cuando el aprendizaje
implica participación activa y experiencias con
significado personal.
Mora (2017) insiste en que la emoción
cumple un papel decisivo en la consolidación del
conocimiento. Cuando el estudiante encuentra
sentido en lo que aprende, se activan circuitos
neuronales relacionados con la atención y la
memoria. Por el contrario, las actividades centradas
Durante los últimos años, el pensamiento
computacional ha comenzado a ocupar un lugar
relevante dentro del debate educativo. Aunque
inicialmente surgió vinculado a la informática, su
alcance se ha ampliado hasta convertirse en una
forma de razonamiento aplicable a múltiples áreas
del conocimiento. Wing (2006) propuso entenderlo
como la capacidad de estructurar problemas y
diseñar soluciones mediante procesos organizados.
Esta definición marcó un punto de partida para
reconsiderar su valor pedagógico.
Con el tiempo, distintas investigaciones han
mostrado que el pensamiento computacional no
depende exclusivamente del uso de software o
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Sinopsis Educativa • Año 26 • Edición Extraordinaria N.º 1 • Marzo 2026