Artículo  
IMAGINARIOS DE LUZ EN LA NOCHE SAGRADA1 DE TAHAR BEN JELLOUN  
Obtiene en UPEL-IPC el título de Profesor de  
Francés en julio de 2001. Desde el 2004 se  
desempaña como Profesor de Francés en la UEN  
Yonarki Alberto Ramírez Silva  
(nocturna) “José Gregorio Hernández”, y desde el  
año 2007 en el Departamento de Idiomas Modernos  
del IPC como Profesor de Literatura y Cultura de los  
Universidad Pedagógica Experimental Libertador  
pueblos de Habla Francesa. En el 2006 obtiene el  
Instituto Pedagógico de Caracas  
título de Magister en Lingüística, UPEL-IPC y en el  
Caracas, Venezuela  
2018 el título de Doctor en Cultura y Arte para  
América Latina y el Caribe, también obtenido en  
UPEL-IPC.  
Profesora de Francés, egresada de la Universidad  
Pedagógica Experimental Libertador. Instituto  
Pedagógico de Caracas (UPEL-IPC).  
Ariana Cermeño Pujol  
Investigadora independiente  
Caracas, Venezuela  
Resumen  
El propósito general de este trabajo es analizar los imaginarios de luz en La noche sagrada  
de Tahar Ben Jelloun. Los objetivos específicos son: comprender la paratextualidad como  
estrategia para aproximar al lector a los imaginarios textuales y transtextuales de la obra;  
interpretar su organización estructural desde la perspectiva de la luz y sus simbolismos;  
interpretar algunas estrategias estéticas empleadas para representar los imaginarios de África  
magrebina. Para lograr los objetivos realizamos un análisis del simbolismo del prefacio de la  
obra y de sus capítulos, los cuales interpretamos desde las ópticas retórica, semántica y  
pragmática. Se concluye que los imaginarios de luz se constituyen en estructuras de orden  
primario para permitir el juego: “develar-ocultar” y dar existencia a otros imaginarios  
estructuradores como los espaciales, vestimentarios, gastronómicos, históricos, estéticos.  
Tahar Ben Jelloun, a partir de los motivos de la cultura marroquí, propone una imaginería  
novedosa en la literatura francófona.  
Palabras clave: Tahar Ben Jelloun, imaginarios de luz, cultura magrebina, literatura  
francófona.  
Recepción: 08/08/2022 Evaluación: 26/11/2022 Recepción de la versión definitiva: 08/12/2022  
1
Todas las citas de la obra son traducciones nuestras, tomadas de su versión original: La nuit sacrée.  
Éditions du Seuil, 1987.  
Artículo  
Imaginaries of light in The Sacred Night by Tahar Ben Jelloun  
Abstract  
The general purpose of this paper is to analyze the imaginaries of light in Tahar Ben Jelloun's  
La noche sagrada. The specific objectives are: to understand paratextuality as a strategy to  
approach the reader to the textual and transtextual imaginaries of the work; to interpret its  
structural organization from the perspective of light and its symbolisms; to interpret some  
aesthetic strategies used to represent the imaginaries of Maghrebin Africa. In order to achieve  
our objectives, we carried out an analysis of the symbolism of the preface of the work and its  
chapters, which we interpreted from rhetorical, semantic and pragmatic points of view. It is  
concluded that the light imaginaries are constituted in structures of primary order to allow  
the game: "unveil-hide" and give existence to other structuring imaginaries such as spatial,  
clothing, gastronomic, historical, aesthetic. Tahar Ben Jelloun, starting from the motifs of  
Moroccan culture, proposes a new imagery in French-speaking literature.  
Keywords: Tahar Ben Jelloun, imagery of light, maghrebin culture, francophone literature.  
Les imaginaires de la lumière dans la Nuit sacrée de Tahar Ben Jelloun  
Résumé  
L'objectif général de cet article est d'analyser les imaginaires de la lumière dans La noche  
sagrada de Tahar Ben Jelloun. Les objectifs spécifiques sont les suivants : comprendre la  
paratextualité en tant que stratégie pour rapprocher le lecteur des imaginaires textuels et  
transtextuels de l'œuvre ; interpréter son organisation structurelle du point de vue de la  
lumière et de ses symbolismes ; interpréter certaines stratégies esthétiques utilisées pour  
représenter les imaginaires de l'Afrique maghrébine. Pour atteindre nos objectifs, nous avons  
analysé le symbolisme de la préface de l'œuvre et de ses chapitres, ce que nous avons  
interprétés d'un point de vue rhétorique, sémantique et pragmatique. Nous concluons que les  
imaginaires de la lumière constituent des structures d'ordre primaire pour permettre le jeu : "  
dévoiler-cacher " et faire exister d'autres imaginaires structurants tels que les imaginaires  
spatial, vestimentaire, gastronomique, historique et esthétique. Tahar Ben Jelloun, en  
utilisant les motifs de la culture marocaine, propose une nouvelle imagerie dans la littérature  
francophone.  
Mots-clés: Tahar Ben Jelloun, imagerie de la lumière, culture maghrébine, littérature  
francophone.  
Artículo  
Immaginari di luce in La Notte Sacra, di Tahar Ben Jelloun  
Riassunto  
Lo scopo generale di quest’articolo è analizzare gli imaginari di luce in La notte sacra, di  
Tahar Ben Jelloun. Gli obiettivi specifii sono: comprendere la paratestualità come una  
strategia per avvicinare il lettore agli imaginari testuali e trastestuali dell’opera; interpretare  
la sua organizzazione strutturale dall’ottica della luce e del suo simbolismo; interpretare  
alcune strategie estetiche utilizzate per rappresentare gli immaginari del Maghreb, Africa.Per  
conseguire gli scopi abbiamo messo in pratica un’analisi del simbolismo della prefazione  
dell’opera e dei suoi capitoli, che chiariamo dal punto di vista retorico, semantico e  
pragmatico. Si conclude dicendo che gli immaginari di luce si stabiliscono in strutture di  
ordine primario per consentire il gioco: “svelare – nascondere” e donare esistenza ad altri  
immaginari strutturanti tipo spaziale, vestiario, gastronomico, storico, estetico. Tahar Ben  
Jelloun, basato sui motivi della cultura marocchina, propone un nuovo immaginario nella  
letteratura francofona.  
Parole chiavi: Tahar Ben Jelloun, immaginari di luce, cultura nordafricana, letteratura  
francofona.  
Imaginários de luz em “A noite sagrada, de Tahar Ben Jelloun  
Resumo  
O objetivo geral do artigo é analisar os imaginários de luz em “A noite sagrada”, de Tahar  
Ben Jelloun. Os objetivos específicos são: entender a paratextualidade como estratégia para  
aproximar o leitor dos imaginários textuais e transtextuais da obra; interpretar sua  
organização estrutural a partir da perspectiva da luz e seus simbolismos; interpretar algumas  
estratégias estéticas usadas para representar os imaginários da África do Magrebe. Para  
atingir esses objetivos, analisamos o simbolismo do prefácio da obra e de seus capítulos, que  
interpretamos dos pontos de vista retórico, semântico e pragmático. Concluímos que os  
imaginários de luz constituem estruturas de ordem primária para permitir o jogo: "revelar-  
ocultar" e dar existência a outros imaginários estruturantes, como os espaciais, de vestuário,  
gastronômicos, históricos e estéticos. Tahar Ben Jelloun, usando os motivos da cultura  
marroquina, propõe um novo imaginário na literatura de língua francesa.  
Palavras-chave: Tahar Ben Jelloun, imaginário da luz, cultura do magrebe, literatura de  
língua francesa.  
Artículo  
Introducción  
En una especie de suite al estilo de los cuentos árabes alguna vez seleccionados,  
ordenados y traducidos por Galland para Las mil y una noches, La noche sagrada, publicada  
en 1987, es una obra que, tanto por su significado profundo como por su lenguaje, merece la  
atención de la crítica.  
Su autor, Tahar Ben Jelloun, nace el 1ro de diciembre de 1947 en Fès, en Marruecos.  
Se inscribe en el liceo francés de Tanger, antes de dedicarse al estudio de filosofía en la  
Universidad Mohammed V de Rabat. En 1971 publica su primer poemario, Hommes sous  
linceul de silence (hombres bajo sudarios de silencio). La gente comienza a interesarse en él  
con la publicación de su novela Harrouda de 1973, que evoca la sensualidad de las mujeres  
y generó controversia en Marruecos. En 1978 consigue cierto éxito con su novela Moha le  
fou Moha le sage (Moha el loco Moha el sabio), que a través de la palabra profunda del loco  
(antiguamente venerada por la cultura magrebina2), encarna y exalta la voz de los excluidos  
del mundo, de los desposeídos y desenmascara a toda la sociedad. Sin embargo, la novela  
que lo consagra internacionalmente se titula L’enfant de sable (El niño de arena), publicada  
en 1985. En 1987 publica La nuit sacrée, que se propone como continuación de la anterior y  
le permite a Tahar Ben Jelloun recibir el prestigioso premio Goncourt este mismo año. Esta  
conquista es un evento importante, no solamente para el autor, sino para la historia de la  
literatura del magreb, puesto que es la primera vez que el jurado recompensa a un autor árabe,  
cuya obra se ancla profundamente en la cultura de su país, Marruecos. Estos dos libros se  
traducen en 43 idiomas. En 1995, su libro pedagógico Le racisme expliqué à ma fille (El  
racismo explicado a mi hija) tiene un gran éxito, mostrado a través de sus 400.000 ejemplares  
vendidos, y es traducido en 33 idiomas, lo que hace de Tahar Ben Jelloun el autor francófono  
más traducido del mundo”, según reporta L’internaute (2019). La obra novelesca de Ben  
Jelloun es extensa y da cuenta de infinidades de exploraciones: el islam, la amistad, la  
escuela, la soledad, el silencio, la hospitalidad, la ceguera, el pecado, la memoria y el amor.  
2 Cultura magrebina: se dice de la cultura que se expresa en la región del noroeste de África que incluye a  
Marruecos, Argelia y Túnez.  
Artículo  
Así, la historia de la obra que antecede a La noche sagrada, El niño de arena, gira  
en torno al destino de una familia musulmana que cuenta con siete hijas. El padre espera  
desesperadamente el nacimiento de un varón, el heredero legítimo, con el cual desechar la  
vergüenza de sucumbir a la codiciosa presión de otros, quienes sin ver sucesor tendrán  
derecho de poner manos a los bienes. Bajo esta situación el padre decide más o menos lo  
siguiente: incluso si nace hembra, será varón. Y así fue. La historia de Ahmed quien será  
Zahra en La noche sagrada es contada por diferentes cuentacuentos en la plaza pública como  
es tradición en África3. Algunos de los relatos se presentan con arrebatos extraños y  
extravagantes.  
En La noche sagrada, luego de largos años de extravío, Zahra, ya vieja, retorna al país  
movida por el deseo de decir la verdad, de contar ella misma su historia, ampliamente  
tergiversada por los cuentacuentos errantes. De este modo, se depliega una serie de sucesos,  
lugares, personajes que nos permitirán a nosotros, críticos de esta obra, explicar la estructura  
y significado de los mundos a través de los cuales se expresan temas universales como la  
identidad, el dolor, la sexualidad, la muerte, el encierro, el exilio, la angustia, la soledad, el  
complejo, la moral y la luz.  
Una vez publicada La noche sagrada de Ben Jelloun, Le Monde (1987) la reseña.  
Refiere el uso de “los juegos de sombras y luces”, lo cual coincide con el interés de nuestra  
3
La plaza o el árbol de palabra es donde se reúnen los poetas, los griots. Para decir cómo Ben Jelloun  
ilumina el ámbito de la plaza, se nos ocurre referirnos a la memoria más antigua, la cual ubicamos en el África  
negra, donde están los baobabs. “Se cuenta que al principio de la vida el baobab era el árbol más espectacular  
de la Tierra…”, y lo era tanto que quiso superar a los creadores y estos lo castigaron plantándolo al revés. Pero  
lo que suponía un castigo terrible con el tiempo se convirtió en maravilla, un árbol que crece hacia abajo nos  
conectaba con el inframundo, con nuestros ancestros y con lo oculto:  
Muchas tribus africanas se reúnen, conversan libremente, firman tratados o establecen compromisos  
sentados bajo ese árbol. Muchas reuniones importantes tienen lugar allí y las actividades de los  
chamanes a veces sólo tienen eficacia si se han realizado bajo su sombra. Algunos pueblos enterraban  
en sus troncos a los griots, que eran los depositarios de la cultura oral. El baobab es el árbol ideal para  
la celebración de la palabra profunda y significativa, es el árbol del diálogo. Sólo a su lado el ser humano  
tiene la sensación de que sus actos están en relación con el cielo y la tierra, con el pasado y con el futuro.  
[https://lalineadelhorizonte.com/revista/baobab-el-arbol-de-la-palabra/]  
Podemos suponer que el origen de la Plaza tendrá un significado similar en África del norte, según  
apreciamos en la novela, la plaza sigue reuniendo a los griots, a los cuenta cuentos del desierto, la palabra es la  
luz de la plaza.  
Artículo  
investigación. Asimismo, destaca la elegancia y la pureza de la escritura y la perfección en  
el uso de la lengua francesa.  
… descarta toda la tentación de la facilidad, todas las trampas de un exotismo árabe de pacotilla. Pero,  
también evidentes, la riqueza de las imágenes, los juegos de sombras y luces, lo áspero del décor que  
solo son compuestos, así parece, de fuerzas elementales: el sol, el agua, el viento, la piedra y su avatar  
pulverizado: la arena. Evidente, en fin, la fuerza dramática de una historia que comienza donde se  
terminaba la novela precedente de Tahar Ben Jelloun, L’Enfant de sable.  
Por su parte, Qadeesh (1997) analiza “L’identité féminine dans L’Enfant de Sable et La  
Nuit Sacrée, destaca la idea general de los roles complejos interpretados por los personajes  
femeninos y la concepción de la identidad de la mujer en la sociedad patriarcal marroquina.  
Dusault (1998) en “Le parcours initiatique et l’évolution de l’espace dans La Nuit  
Sacrée de Tahar Ben Jellounanaliza las representaciones del lugar físico y la espiritualidad  
del personaje principal.  
Asimismo, Žabenská (2012) realiza un estudio titulado Les motivations du fantastique  
dans La Nuit Sacrée de Tahar Ben Jelloun: une fonction esthétique ou pratique?”, en el que  
analiza el sentido ficcional de la novela y su pragmatismo.  
Souad (2015) se propuso estudiar La dimension mystique dans La Nuit Sacrée de  
Tahar Ben Jelloun” y logra identificar las prácticas esotéricas y místicas del islam, enfocando  
las referencias sobre la “purificación del alma” y el “acercarse” a Dios (sufismos) en La  
noche sagrada y Asma (2015) indaga sobre la definición de “libertad” y “destino” en su  
trabajo Les manifestations du destin dans La Nuit sacrée de Tahar Ben Jelloun”.  
Los estudios referidos aportan ideas para la comprensión de la obra en relación con el  
reconocimiento de la calidad de su lenguaje, de su contenido dramático, místico y espiritual,  
de sus motivaciones hacia lo fantástico y de su preocupación por los problemas sociales del  
país.  
En efecto, al acercarnos a La noche sagrada nos sumergimos en el corazón mismo de  
la sociedad arabo-musulmana y sus imaginarios. El autor los devela en sus detalles: su  
espacio físico, sus rituales, sus concepciones de vida, sus creencias, su cotidianidad, con lo  
que crea situaciones y personajes verosímiles. Y lo expresa en un lenguaje poético cargado  
de signos e imágenes luminosas que aparecen bajo la forma de pesadillas, alucinaciones o de  
Artículo  
episodios fantasmagóricos, los cuales implican un juego de iluminaciones que dejan  
entrever diferentes niveles de significación que contienen un referente cultural y social.  
Por tal razón, en este trabajo proponemos el siguiente objetivo general: analizar los  
imaginarios de luz en La noche sagrada de Tahar Ben Jelloun; y los siguientes objetivos  
específicos: a) comprender la paratextualidad como estrategia para aproximar al lector a los  
imaginarios textuales y transtextuales de La noche sagrada de Tahar Ben Jelloun; b)  
interpretar la organización estructural de La noche sagrada de Tahar Ben Jelloun desde la  
perspectiva de la luz y sus simbolismos; y c) interpretar algunas estrategias estéticas y  
retóricas empleadas por Tahar Ben Jelloun para representar los imaginarios luminosos de  
África del norte.  
Referentes teóricos  
Durand (2005) afirma que los imaginarios en su relación con los mitos, las artes y el  
pensamiento religioso de las sociedades en general constituyen el medio con el cual el ser  
humano interpreta y organiza el mundo y su cultura. De este modo, se genera el orden de  
manifestaciones que provee toda la imaginería humana, principalmente en dos regímenes: el  
diurno y el nocturno.  
El régimen diurno de la imagen es en parte concebido como la “trascendencia extra-  
humana”, está constituido por el esquema ascensional y su pulsión hacia lo vertical, la  
elevación moral, espiritual y metafísica; el ser humano se proyecta con una aspiración de  
trascendencia. Encontramos, en este régimen, por ejemplo, la imagen de los ángeles que nos  
muestran la ascensión deseada, también las alas, los pájaros y el vuelo; pero sobre todo, la  
elevación de las armas fulgurantes, la espada y la flecha de los héroes: los símbolos  
diaréticos. Durand define el régimen diurno como “toda trascendencia que está acompañada  
de métodos de distinción y de purificación”. Esta trascendencia es usualmente representada  
con los símbolos espectaculares: la luz y la altura (el sol, la luz terrestre, la luz de las ciudades  
y los hogares que evocan un valor precioso).  
Pero tal trascendencia no proviene dentro del régimen diurno sino tras un largo y  
continuo enfrentamiento con las caras del tiempo, las antítesis.  
Artículo  
El régimen diurno de la imagen se concibe bajo su naturaleza polémica, polarizada,  
con altos contrastes, de donde confluyen símbolos teriomorfos, el Bestiario, pues “toda  
arqueología debe abrirse sobre un Bestiario” (p. 73), esto es universal. Es la parte de angustia  
y terror que refuerzan los símbolos nictomorfos y sus tinieblas y aguas negras, y la polaridad  
negativa que también revelan los símbolos catamorfos o de caída.  
Por otro lado, el régimen nocturno hace referencia a los símbolos de inversión, de  
intimidad y de viscosidad. Las constelaciones simbólicas que componen el régimen nocturno  
místico evocan la dominante digestiva y los procesos de eufemización, antífrases y de  
inversión de valores y negación. A partir de un modelo de digestión, este régimen imaginario  
transforma lo vertical en una “caída incontrolable, un descenso lento, plácido y dulce”. Es el  
abismo entre el vientre y la copa que recibe los líquidos: aquí las tinieblas de la noche son el  
momento para el reposo eterno, el sueño, la paz, la intimidad, el sueño en la espera del alba  
y la tumba como sinónimo de un nuevo nacimiento.  
Mientras que las estructuras diurnas forman un universo de valores masculinos  
(jerarquías, poder, heroísmo), las estructuras nocturnas místicas invocan el refugio, la  
meditación y el sueño. La unión de los dos regímenes crea un equilibrio, el ciclo natural de  
la vida, representada por el Yin y el Yang en la cultura oriental, donde uno no puede tener su  
valor sin el otro. El propósito de este trabajo es demostrar que La noche sagrada es una obra  
que se estructura a partir de escenarios de diversa índole luminosa que descubre personajes  
y espacios que dan coherencia al mundo de ficción que se presenta.  
Los imaginarios de luz los encontramos en la propia organización del mundo físico y  
en el mundo mental que se expresan a través de los mitos y prácticas sociales en el seno  
mismo de las culturas, lo cual convoca a un auditorio universal.  
Referentes metodológicos  
Lo simbólico es sin duda el procedimiento privilegiado de la actividad literaria. Los  
símbolos desencadenan la imaginación del lector; forman parte de un mensaje que  
naturalmente sobrepasa la función denonativa del lenguaje para permitir un encuentro con  
Artículo  
los mitos que fundan las culturas humanas, pues están con nosotros desde siempre y habitan  
muestro inconsciente y nuestros sueños.  
La hermenéutica es el método utilizado para la interpretación de los textos,  
originalmente conocida como el arte de interpretar la Biblia. A partir de Dilthey, es el método  
para comprender la significación de los textos históricos y las obras del espíritu humano. Eso  
consiste en interpretar datos históricos, filosóficos, antropológicos, etc. de la realidad que  
queremos estudiar.  
Ricoeur (2008) señala tres etapas de la hermenéutica: en la primera, encontramos el  
estudio de la fenomenología de los símbolos (oníricos, poéticos o naturales) y sus niveles de  
significación; en la segunda tratamos los símbolos sin relación con el tiempo o el espacio y  
observamos la dinámica de estos símbolos y en la tercera etapa, la relación de los símbolos  
con la existencia, es decir, mejor conocemos los símbolos, mejor conocemos al ser humano.  
En este sentido, se puede afirmar que el estudio de los símbolos es fundamental para la  
hermenéutica. Durand (op. cit.) cohesiona también las ideas precedentes con la teoría de lo  
imaginario, él identifica la relación con el mito, el arte y el pensamiento religioso de las  
sociedades tradicionales, ya que todo esto constituye “el sustrato básico de la vida mental”,  
“la dimensión del antropos” (el ser humano en el sentido más genérico) a partir del cual el  
hombre posee la interpretación del mundo a través de su cultura. Según esta teoría, el  
conjunto de todos los símbolos relativos a un tema clarifica su significación y la amplifica a  
través de la repetición. Durand establece igualmente la diferencia entre signo y símbolo y los  
signos arbitrarios y alegóricos.  
En el caso de La Noche Sagrada hay una simbología abundante de los elementos de  
luz y oscuridad. Ellos permean todo el relato, por lo tanto, pueden considerarse en su sentido  
estructurador. En este análisis tendremos en cuenta las concepciones sobre el simbolismo de  
Ricoeur y Durand para expresar cómo la historia puede ser contada a partir de símbolos  
luminosos e interpretar el sentido ético y estético que aporta al mundo Ben Jelloun con las  
iluminaciones de su novela.  
Artículo  
IMAGINARIOS DE LUZ EN LA NOCHE SAGRADA DE TAHAR BEN JELLOUN  
LA HISTORIA CONTADA DESDE SUS LUCES  
Esta historia, aunque pudiera ser revelada a partir del análisis de los signos y  
simbologías del elemento aire, en razón de la cuantiosa presencia de voces (polifonía), de  
inteligencias, de pensamientos, ideas y ensueños que abundan en la obra, será interpretada  
mediante las cualidades que nos aporta el tejido de sus juegos de luces y sombras, que son  
signos que cobran importancia para la plena comprensión de la obra. Empecemos pues, con  
el elemento paratextual que en primer lugar nos salta a la vista y contiene su propia luz: el  
título.  
El título  
La primera referencia luminosa que nos aporta la novela de Tahar Ben Jelloun nos  
viene con su título La noche sagrada. Sabemos que con estos signos su autor va a llevarnos  
al lugar de la noche (nyx), que para los griegos es “la hija del Caos y la madre del Cielo  
(Ouranos) y de la Tierra (Gaia)(Chevalier y Gheerbrant, 1982, p. 681); ella engendra  
también el sueño y la muerte.  
Y como la noche simboliza el tiempo de las “gestaciones, de las germinaciones, de las  
conspiraciones, que van a explotar en el gran día en manifestación de vida” (p. 682), podemos  
imaginar que la noche de la novela porta un enigma, como su mismo título lo indica, una luz  
de lo sagrado. No tardaremos en descubrir que esa Noche Sagrada es la que también llaman  
“Noche del destino”, que es la vigésimo-séptima del Ramadán, la noche mágica del Islam,  
donde los prodigios se producen. Tahar Ben Jelloun revela estos signos en el capítulo 2,  
“Noche del destino”, el cual estudiaremos más adelante en el apartado titulado “Voz en la  
penumbra”.  
Artículo  
El preámbulo  
Genette (1987) dice que el preámbulo de una obra es un tipo especial de paratexto, es  
un umbral del texto, una llamada, una invitación a entrar, una incitación; por ello, su valor  
es persuasivo, su función es pragmática.  
El preámbulo de La noche sagrada en su función retórica, proemial, contiene el  
significado de una anunciación, un movimiento que recobra sus signos del pasado y los  
proyecta hacia el futuro. Ellos contienen todo lo que más tarde se dirá al detalle, relato que,  
a través de una analepsis, dibujará la forma de un círculo de vida con sus luces y sombras,  
ascensos y descensos. El preámbulo comienza así:  
Lo que importa es la verdad. Ya estoy vieja. Tengo toda la serenidad para vivir. Voy a hablar, despositar  
las palabras y el tiempo. Me siento un poco pesada. No son los años los que más pesan, sino todo lo  
que no se ha dicho, todo lo que he disimulado. Yo no sabía que una memoria colmada de silencios y  
de miradas detenidas podía convertirse en un costal de arena que dificulta el andar. Me ha tomado  
tiempo poder llegar hasta ustedes. ¡Amigos del Bien! La plaza es siempre redonda. Como la locura.  
Nada ha cambiado. Ni el cielo ni los hombres. (Ben Jelloun, 1987, p. 5)  
“Lo que importa es la verdad”, como una luz por encender, primer anuncio del  
preámbulo, pronunciado por nuestra heroína Zahra, que vieja regresa a la ciudad para  
introducirse de noche en el redondel de la plaza, el lugar de los cuentacuentos dementes. Con  
esta frase, adivinamos su deseo más urgente, que es la verdad, contar al público su historia  
verdadera, romper la piedra del silencio que pesa sobre ella, por eso nos dice: “no son los  
años los que más me pesan…”, lo que nosotros interpretamos como el uso de un símbolo  
ascensional. Este relato tiene una importancia capital para el personaje, que va a deshacerse  
de su carga de silencio para poder subir. El peso de “… todo lo que no se ha dicho, todo lo  
que he disimulado. Con el relato del Niño de arena sabemos que es mucho lo que dijeron  
los personajes cuentacuentos que han divulgado una falsa historia convertida en leyenda  
después de su temprana desaparición. Zahra regresa a contar la verdad de su vida: “Voy a  
hablar, depositar las palabras y el tiempo”. Es una prolepsis, una anticipación del proyecto  
narrativo, una clave de persuasión para atrapar al auditorio, al lector y / o a “ustedes”,  
“Amigos del Bien” que ella convoca y que deben preguntarse por el difícil recorrido de la  
Artículo  
“arena” de su pesado “costal”. En ello, radica el juego pragmático establecido entre narrador  
y auditorio, un argumento por pathos.  
Estoy feliz de estar aquí por fin. Ustedes son mi liberación, la luz de mis ojos. Mis arrugas son bellas  
y numerosas. Las de la frente son las huellas y las pruebas de la verdad. Son la armonía del tiempo.  
Las del dorso de la mano son las líneas del destino. Mirad cómo se cruzan ellas, designan los caminos  
de fortuna, dibujando una estrella luego de caer en el agua de un lago. (p. 5)  
La luz está en los ojos de esta narradora y es su auditorio que, por sobre todas las cosas,  
representa su “liberación”. Así lo elogia para atraerlo. Con un relato cargado que al  
pronunciarlo le libra del peso del silencio y del disimulo y que establece, en medio de la  
plaza, la verdad como faro. El cuerpo de la protagonista entra en el juego metafórico de la  
vida a través de cicatrices y líneas de expresión como reflejo del testimonio que ha de venir,  
juego del pasado y el futuro, como forma de persuasión, de atraer atención por medio del  
enigma que se extiende como el dibujo que haría “una estrella luego de caer en el agua de un  
lago”.  
El preámbulo, de manera simbólica, alude a una serie de situaciones contenidas en los  
capítulos de la novela.  
La historia de mi vida está escrita ahí: cada arruga es un siglo, un camino a través de una noche de  
invierno, una fuente de agua clara una mañana de bruma, un encuentro en un bosque, una ruptura, un  
cementerio, un sol incendiario… Ahí, sobre el dorso de la mano izquierda, esta arruga es una cicatriz;  
la muerte se detuvo un día y me tendió una especie de báculo. Para salvarme, quizás. Yo lo rechacé  
dándole la espalda. Todo es simple con la condición de no ponerse a desviar el curso del río. Mi historia  
no tiene ni grandeza ni tragedia. Ella es extraña simplemente. (pp. 5-6)  
Una fuente de agua clara una mañana de bruma” nos introduce en un mundo de aguas,  
su simbología es el de la puficación del cuerpo y del alma, ritual mágico para el ser, la  
preparación para el próximo ascenso, la mujer limpia de obscuridad, gracias a las aguas, se  
corona con la luz de la autodeterminación. Esto ocurre en el capítulo del Jardín perfumado4,  
el cual estudiaremos en detalle en el apartado, “Un vuelco onírico: blanco, azul, rojo”.  
4 Existe en la literatura de tradición árabe un libro con ese título: El jardín perfumado, es un tratado de amor  
y erotismo. Se alaba a Dios por crear partes deleitables en la mujer. Su autor es Al-Nafzawi, ahí dice: «La mujer  
es como un fruto que sólo rinde su fragancia cuando se lo frota con las manos. Por ejemplo, toma la albahaca,  
que no emite su perfume a menos que la calientes con los dedos. ¿Y desconoces que el ámbar, a menos que se  
lo caliente y manipule, retiene su aroma oculto en su interior? Lo mismo ocurre con la mujer. Si no la animas  
Artículo  
Y “un encuentro en un bosque” alude al acontecimiento de la violación que  
comentaremos en el apartado “Bosque negro, lo rojo” de este trabajo.  
El resto de los capítulos de la novela se refieren a esto: Zahra vive en el exilio, en otra  
ciudad, lejos del lugar del pasado. Las imágenes son ocres, sepia, los momentos agradables  
se disfrutan con luz de crepúsculo. Ahí, conoce sexo y amor al lado del excéntrico joven  
personaje ciego que llaman El Cónsul(Capítulo 8); conoce los celos por parte de La  
Sentada (hermana del Cónsul); conoce la prisión, en el capítulo 16, “En las tinieblas”, por el  
homicidio de un familiar deshonesto, en el capítulo 15 “El asesinato”, de ahí, la referencia a  
la larga soledad, a la ceguera voluntaria; conoce la violencia salvaje de sus hermanas quienes  
le practican una escisión (mutilación del clítoris), se acentúan los símbolos nictomorfos y  
de caída, que es la obscuridad sin punto blanco; conoce el infierno blanco, que es la claridad  
absoluta, sin punto negro; y al final, conoce la blanca santidad, que es toda la blancura del  
santo que porta lentes oscuros. Un ensueño santo es para Zahra el comienzo de acceso al  
equilibrio vital, al Yin.  
El último movimiento del preámbulo de la Noche Sagrada mueve a su anunciadora a  
referirse a los signos del pasado, contenidos en un libro anterior, en el cual se encuentran los  
discursos acerca de la niñez y adolescencia de Zahra con la máscara de Ahmed.  
la cara dada a la infancia, quiero decir esta inocencia de la cual estuve privada. ¡Recordad! Fui una  
niña con la identidad revuelta y vacilante. Fui una niña enmascarada por la voluntad de un padre que  
se sentía disminuido, humillado porque no tuvo hijo. Como ustedes saben, yo fui ese hijo que él soñaba.  
Lo demás, algunos de ustedes lo saben; los otros habrán escuchado retazos aquí o allá… Aquellos que  
se arriesgaron a contar la vida de este niño de arena y de viento tuvieron algunas dificultades: a algunos  
los golpeó la amnesia; otros casi pierden su alma. A ustedes les han contado historias. No son realmente  
las mías. Inclusive encerrada y aislada, las noticias me llegaban. No me sorprendieron ni me  
incomodaron. Yo sabía que al desaparecer dejaría detrás de mí con qué alimentar los cuentos más  
extravagantes. Pero como mi vida no es un cuento, me dispuse a restablecer los hechos y a entregarles  
el secreto guardado bajo una Piedra negra en una casa con muros altos al fondo de una callejuela cerrada  
por puertas. (pp. 6-7)  
con travesuras y besos, con mordiscos en los muslos y fuertes abrazos, no obtendrás lo que deseas. No  
experimentarás placer cuando ella comparta tu lecho, y tampoco ella sentirá afecto hacia ti». Pudiera tratarse  
de una relación intertextual con el capítulo de la obra de Ben Jelloun, pues en el jardín perfumado, Zahra se  
desnuda y se palpa, la naturaleza prepara su cuerpo para la asunción sexual, leugo de veinte años de ocultarlo  
y reprimirlo.  
Artículo  
Esta referencia a la novela precedente, El niño de arena, es una ortunidad para la  
narradora de hacer alusión al carácter de las historias de su vida que fueron deformadas por  
narradores errantes. Es un recordatorio; pues, la audiencia las sabe. Se establece, de este  
modo, un referente pragmático entre narrador y audiencia, cuya finalidad parece querer  
persuadir al público, pues hay promesa de continuación y de cierta garantía de la  
verosimilitudque brinda el relato en primera persona. Simbólicamente el gesto de la  
narradora completa el ciclo de equilibrio luminoso, es la noche con su punto de luz, su  
historia, el Yang.  
El estatus quo, día: noche y toma de la plaza  
“Estado de sitio” es el nombre del primer capítulo de la novela. Capítulo importante  
para descubrir la instancia de enunciación y los contextos de discurso. Una plaza de la ciudad  
de Marrakech representa el lugar de la escena (se presenta tanto de día como de noche). El  
ámbito parece pertenecer especialmente a los cuentacuentos, pero también a los Saharauis,  
comerciantes de todos los polvos: especias, hénné, menta salvaje, cal, y otros productos  
mágicos molidos y refinados. También encontramos a los buquinistas, vendedores de libros,  
que abren sus páginas amarillentas y prenden incienso. Son los primeros en instalarse durante  
el día. En la noche actúa Bouchaïb quien posee un auditorio fiel a quien ha ido contando la  
historia de Ahmed, la mujer hombre. Es el cuentacuentos más famoso del lugar. El capítulo  
cuenta la caída de Bouchaïb en el momento en que siente en el lugar una presencia extraña,  
es Zahra, cubierta en su vieja djellaba5. El hombre enloquece y enmudece al percibirla, aun  
sin conocerla, así lo cuenta la narradora:  
Yo sabía demasiadas cosas y mi presencia en este lugar no era cosa del azar. Yo regresaba de lejos.  
Nuestras miradas se cruzaron. Sus ojos brillaban con esa inteligencia que suscita el miedo. Era una  
mirada alocada, poseída por lo indefinible. Estaba suspendido. Reconoció en mí el espectro de una  
época de infortunios. Con las manos detrás de su espalda caminaba en círculos. Yo estaba en calma y  
esperaba con la paciencia de los sabios. (p. 11)  
5 En español, chilaba, es una túnica tradicional marroquí, es larga, holgada y con capucha.  
Artículo  
Luz, ojos que brillan de inteligencia que suscita el miedo. Luz negra. Bouchaïb,  
derrotado por el faro de verdad que entra en escena desaparece avergonzado. En algún  
momento Zahra, desvanecida, duerme entre los colores de la plaza, libros amarillentos y el  
color de las especies. La gente, al creer que se trata de una actuación, se interesa en la mujer.  
A su despertar, es de noche, ya tiene a un público cautivo esperando su palabra. Les habla en  
el mismo tono y movimiento que escuchamos en el preámbulo:  
- ¡Amigos! La noche se prolongó detrás de mis párpados. Hacía limpieza en mi cabeza que se ha  
cansado mucho últimamente. Viajes, rutas, cielos sin estrellas… Estoy aquí desde ayer, empujada por  
el viento, consciente de haber llegado a la última puerta… Imaginad una morada donde cada piedra es  
un día, festivo o funesto, que entre las piedras se solidificaron cristales, que cada grano de arena es un  
pensamiento, quizás una nota musical. El alma que penetra en esta casa está desnuda. No puede mentir  
o trasvestirse. La verdad la habita. Toda palabra falsa, pronunciada voluntariamente o por error, es un  
diente que cae. Yo tengo todos mis dientes porque estoy en el umbral de esta casa… ustedes quizá no  
vean la casa. En todo caso, no al principio. Pero poco a poco ustedes serán admitidos en la medida que  
el secreto sea menos obscuro, hasta la desnudez invisible. Amigos, yo os debo esta historia. (p. 20)  
Desde la perspectiva luminosa la narradora insiste en la atmósfera de la noche  
prolongada detrás de sus párpados, al tiempo en que la metáfora de su historia, todavía en la  
obscuridad, es representada por una casa cuyos elementos convoca a las piedras (días), su  
cristalización (el tiempo) y los granos de arena (la cantidad de detalles por contar); sin  
embargo, el hecho de nombar la piedra, la arena nos introduce en la mente el color ocre del  
espacio de Marruecos, por el cual la heroína hizo tránsito. Por otro lado, se refuerza el valor  
pragmático del discurso; pues, intenta persuadir a su auditorio de la veracidad de su relato,  
de la abundancia de detalles por esclarecer y la promesa de la completitud.  
Voz en la penumbra  
En la mayor parte del segundo capítulo “Noche del destino” la narradora nos hace  
escuchar el testimonio de su padre, quien, moribundo, arropado con su cobija “gruesa de lana  
blanca”, confiesa los motivos de vieja ultranza contra su hija. La habitación está en  
penumbra, solo una vela débil, vacilante la ilumina.  
Pero la voz penumbrosa del padre se esfuerza por sacar luz y evoca nacimiento: A ti,  
a ti te concebí dentro de la luz en una alegría interior. Por una noche, el cuerpo de tu madre  
no era una tumba [] Tú eras mi alegría, mi luz…” (p. 28). Y esa luz fue Zahra y esa luz fue  
Artículo  
velada por veinte años con la máscara de Ahmed. Por eso, este capítulo representa un  
descenso, la caída lenta del padre, en una noche de inocentes, la de Ahmed que debe irse con  
luz de sol que está por aparecer:  
la luz de la vela seguía debilitándose. La mañana se aproximaba lentamente en el cielo. Las estrellas  
debían palidecer. La noche del Destino iba a darle la llave de la ciudad al día. La luz débil, dulce y sutil  
se ponía lentamente sobre las colinas, sobre las terrazas, sobre los cementerios. El cañón que anuncia  
la salida del sol y el inicio del ayuno tronó. (p. 29)  
Hay juego de luces que representan final y comienzo. La muerte mira al día de este modo:  
… Veo tu cara auroleada de una luz extraordinaria… La noche del Destino te nombra Zahra, flor de  
las flores, gracia, hija de la eternidad, eres el tiempo que se mantiene en la vertiente del silencio…  
sobre la cima del fuego… entre los árboles… sobre el rostro del cielo que desciende… se inclina y me  
toma… Es a ti a quien veo, es tu mano que se tiende, ¡ah! mi hija, me tienes contigo… Pero ¿adónde  
me llevas? Estoy muy cansado para seguirte… me gusta tu mano que se acerca a mis ojos… está  
obscuro, hace frío… ¿dónde estás?, tu cara… ya no veo nada… Tu cara se crispa, tienes rabia… estás  
apurada… ¿Es eso tu perdón?... Zah… ra… (p. 32)  
Se puede pensar que el simbolismo de la noche lleva la carga negativa: la noche es  
sombría, tenebrosa, peligrosa y angustiante. Pero paradójicamente, ella suscita también  
esperanza de renovamiento. Así, la noche puede ser el símbolo de sueño y muerte, pero  
también de despertar espiritual. En efecto, la luz no puede tener existencia (ni sentido) sino  
en medio de las tinieblas. De la noche emergen la luz, las estrellas, el fuego de la vela y las  
llamas, el alba y otros elementos que simbolizan la conciencia, la vida misma.  
El amanecer es un signo ascensional que no es otra cosa que el triunfo del bien sobre  
el mal. El sol sin duda, fuente de vida, centro del mundo, astro del día y de la luz, asociado  
al fuego y al oro, el sol es el símbolo divino del verbo y la potencia creadora. Por otra parte,  
el sol está asociado al ciclo de la luz que ritma lo cotidiano de los hombres: el sol aparece en  
las mañanas para explusar las tinieblas.  
Así, tras la muerte del padre el relato de Zahra nos introduce en una escena que se inunda  
de luz. El sol brilla para Zahra con toda su potencia, el cielo es de purísimo azul.  
El día: hierba, lino, sol y cielo  
Artículo  
Paradójicamente, en el capítulo 3 titulado “Un día muy bello” la narradora expresa los  
acontecimientos del sepelio del padre, debía ser un día triste y lo era; pero para Zahra en lo  
profundo de ella, se trataba de su primer día, había felicidad en su alma: “Amigos, a partir de  
esta noche del Excepcional, los días se han tornado de nuevos colores… se me hace difícil  
no establecer la coincidencia entre este viejo que venía al fin de retirarse de la vida y esta  
claridad casi sobrenatural que inunda a los seres y a las cosas…” (p. 33).  
Zahra en pleno día, vestía de blanco y portaba lentes negros (todavía jugaba la comedia  
del hombre), presidía el cortejo, bajo un sol destellante que había “instalado una primavera  
eterna. En el lugar de las tumbas, todo estaba cubierto de hierba salvaje de un verde vivo, de  
amapolas encantadas por esta luz y geranios esparcidos por una mano anónima(p. 37).  
Es la perspectiva del niño que sale del vientre de la madre y que se sorprende con “la  
luz muy viva”, un signo espectacular. Estos colores de la primavera, son la vida misma que  
crece como los árboles, los campos y las flores que nacen durante esta época. Todo esto es  
una analogía del nacimiento de Zahra así como también la hierba de color vivo simboliza la  
fertilidad de la tierra y la feminidad.  
Hay en este capítulo muchas menciones al color blanco, puesto que es el color que Ahmed  
y su madre vistieron para los funerales. En el mundo occidental el blanco es asimilado a la  
pureza, a la paz y es el símbolo de la sabiduría, la inocencia, y de lo Divino; en Asia, es el  
color del duelo.  
Un vuelco onírico: blanco, azul, rojo  
La narradora nos habla de una aparición, una situación que desordena el contexto del  
sepelio, la gente se cubre los ojos, pues no soporta la intensidad de la luz: niños que seguían  
el cortejo se ponen a bailar y entierran sin rito islámico al difunto. Una mujer vestida de novia  
desciende de un caballo blanco. Un hombre con túnica azul del Sur atravesó el cementerio  
sobre su jumenta (que desde la antigüedad es símbolo asociado a la vitalidad física y a la  
capacidad emocional que nos impulsa a pasar los obstáculos), la mujer se acerca a Zahra y  
pone sobre sus hombros su extraordinario albornoz bordado de hilos de oro, le dice al oído:  
“él te espera sobre su jumenta blanca, manchada de gris… anda y sé feliz.”. Zahra se  
desvanece, el hombre azul la rapta.  
Artículo  
Aparecen en un lugar llamado “El jardín perfumado”, un país semejante al Nunca  
Jamásde la obra teatral de James Matthew Barrie, publicada en 1904. En el jardín  
perfumado solo viven niños, dirigidos por un pelirrojo. Este pasaje está marcado por el brillo  
de los colores de la primavera; el verde vivo de la hierba, ligado a la fertilidad de la tierra,  
así como también una luz muy viva. Durante su estadía en el jardín, Zahra entra en contacto  
con la naturaleza, y su cuerpo libre de ataduras acaricia por primera vez el viento y se sumerge  
en el agua. Es el verdadero bautizo de Zahra, donde ella purifica su alma antes de comenzar  
su vida.  
Zahra sale del sueño y se sitúa de nuevo en la realidad espacio-temporal, regresa a su  
casa. Aprovecha para recuperar algunos objetos de su vida de hombre que quiere ritualmente  
enterrar definitivamente con su padre, estos hechos se narran en el capítulo 5 “Los espejos  
del tiempo”. Los objetos de hombre son envueltos en la larga tela blanca que usaba para  
aplastarse los senos, que luego enrolla en el cuello del difunto exhumado. La obscuridad del  
cementerio contrasta con la pasividad de una noche calmada y bella con un cielo  
particularmente estrellado, una noche de paz porque Ahmed encuentra reposo eterno.  
En esta obra el onirismo tiene una presencia especial. El personaje Zahra sufre algunos  
desvanecimientos, enfrenta alucinaciones y pesadillas que refuerzan el sustrato mágico,  
metafórico, simbólico de la materia narrativa.  
Bosque negro, lo rojo  
En Anticristo, un film de Lars von Trier (2009), una mujer camina sobre la hierba como  
si fuera la primera vez, su pánico era terrible. Es Eva o la primera mujer plantada de golpe  
en la naturaleza, desnuda en el bosque, “La naturaleza es el templo de Satán” dicen ahí.  
Zahra prosigue su camino, evita las carreteras. Dormía al pie de los árboles. El capítulo  
6, “Un puñal acariciando la espalda”, expresa una figura de oposición, el oxímoron, y te ubica  
en una luz crepuscular. Ambigüedad de violencia viril, curiosidad femenina, placer, dolor,  
luz y obscuridad. Una tarde a la salida de una aldea un hombre la sigue: -Hermana mía, pero  
¿adónde va mi hermana tan sola?. Zahra sonríe y apunta sus pasos hacia el bosque, no le  
teme a la voz dulce del hombre, aunque este se refiere a un peligro, a la furia viril del jabalí,  
Artículo  
que devora, que la puede devorar. Zahra acelera el paso, pero tiene curiosidad, la voz del  
hombre le despierta sensaciones cuando le dice:  
Loas a Dios que hizo que el placer inmenso para el hombre resida en la caliente interioriad de la  
mujerLoas a Dios, loas a ti mi hermana que me precedes para que yo sienta el olor de tu perfume,  
para que adivine tus caderas y tus senos, para que sueñe con tus ojos y tu cabellera… (p. 61)  
Zahra entró en el bosque, el hombre la sigue y dice: “…la gloria de Dios sobre el  
hombre y la mujer que van a unirse bajo la noche(ibid.), al mismo tiempo, se dice Zahra:  
“…soy tu esclava, el sol desciende lentamente y con él mi orgullo cae en migajas”, se detiene  
de pronto, espera… el hombre tambén espera… Aquí ya podemos mencionar cómo es la luz  
del ámbito, pues Zahra mira el cielo. El hombre estaba del color del crepúsculo. El color  
es rojo, fuego de deseo y pasión; por eso, Zahra tenía muchísimo calor, dice:  
Sin darme cuenta me quité mi djellaba. Tenía debajo nada más que un saroual6 ancho. Desaté mis  
cabellos. No los tenía largosLa noche cayó en unos cuantos minutos. Sentí cuando se aproximó a  
mí… él temblaba y balbuceaba alguna plegaria. Me tomó por las caderas. Su lengua recorría mi nuca,  
luego mis hombros; se arrodilló. Yo de pie. Me besó las nalgas. Sus manos siempre sujetando mis  
caderas. Con sus dientes desató mi sarouel. Su cara sudada o en lágrimas pegadas a mis nalgas. Él  
deliraba. De un gesto brusco me tiró a tierra. Pegué un grito. Con su mano izquierda me tapó la boca.  
Con la otra me mantenía cara a tierra. No tenía fuerzas ni ganas de resistir. No pensaba; era libre bajo  
el peso de ese cuerpo febril. Por primera vez un cuerpo se mezclaba al mío. Ni siquiera trataba de  
voltear a ver su rostro. Todos mis miembros vibraban. La noche estaba muy negra. Sentí un líquido  
caliente y espeso rodar por mis muslos. El hombre jadeaba como bestia. Creí escuchar una nueva  
invocación a Dios y a su Profeta. Su cuerpo pesado me tenía pegada al piso. Deslicé mi mano derecha  
bajo el vientre. Palpé el líquido que perdía. Era sangre. (p. 62)  
La luz de este episodio es cálida hasta arder, de matices rojos crepusculares que pronto  
se tornan negros, noche sin luna, es de noche cuando el hombre se acerca y la toma. Zahra al  
principio miró el cielo y lo que vio era rojo y negro. La imagen en cuestión nos remite a la  
caída del ángel divino que expone y ofrece su carne pura para el provecho de la tierra. Es  
también la imagen bíblica de Lilith, la primera mujer que creó Dios y que muy pronto se aleja  
de la tutela de Adán para entregarse a los monstruos. El halo narrativo que describe al hombre  
es el de la bestia. La imagen final de la sangre nos muestra rojo sobre negro, pues es así que  
6 Saroual, en español, sarouel, es un pantalón ancho.  
Artículo  
Zahra descubre otra parte de su sexualidad esta unión de dos cuerpos me dejó un sabor de  
arena en la boca, porque mordí la tierra más de una vez” (p. 63), unión de jabalíes.  
Ocredades  
Al terminar este pasaje, nuestro personaje Zahra continúa su marcha, llega a una ciudad  
donde pronto, consigue trabajo, comienza a ocuparse del hermano ciego de la Sentada  
(l’Assise), una mujer encargada de la recepción de un hammam (baño público).  
Los pasajes que se trenzan alrededor de estos personajes van desde el capítulo 7, “La  
Sentada” hasta el capítulo 15, “El asesinato”. Es así que a partir del capítulo 7, Zahra se  
adentra sola en la ciudad, la Sentada es quien la recibe a su llegada al hammam, le dice: “¿Es  
a esta hora que vienes a deshacerte de los escupitajos de los hombres?(p. 64). Su primer  
contacto con la ciudad es una agresión.  
La narración de Zahra nos ubica junto a la pareja de hermanos, los cuales tienen una  
extraña relación de dependencia; de este modo, aprovecha para describirnos algunos espacios  
de la ciudad7, como ese callejón “calle de uno solo” que es tan estrecho que solo puede  
atravesarlo una persona a la vez y que fue cuestión de una escena extravagante en el libro  
anterior, cuando una vieja mujer que se encuentra dentro del callejón con Ahmed introduce  
sus dedos en sus partes íntimas para comprobar su identidad de la cual dudaba.  
7
Las calles. Las iluminaciones de las calles nos provienen de un pequeño paseo que hace Zahra con la  
Sentada cuando esta la conduce para hospedarla en su casa. La primera impresión la tenemos de la descripción  
de las callejuelas “imbricadas unas dentro de otras siguiendo un esquema trazado por el azar o por la voluntad  
de un albañil vicioso” (p. 66). Enseguida Zahra observa cómo la basura cubre el suelo. “… cada casa tenía su  
inmundicia delante de la puerta. Apestaba y nadie parecía molestarse” (ibid.). La Sentada le señala una puerta  
a Zahra, sellada con barras de hierro y candados, dice:  
-Detrás de esta puerta la desgracia hizo mucho movimiento. Dio hijos a una mujer estéril. Provocó la  
sequía en el país, y luego diluvios. La desgracia tenía aquí su despacho. La agencia de la médina. Había  
un hombre normalmente constituido, pero que copulaba con su progenitura. Un día, la casa se derrumbó  
sobre ellos. Nadie los desenterró. Emparedaron puertas y ventanas y cubrieron todo de arena y cemento.  
Están todos ahí, la madre, el padre y los niños, unidos para siempre por la tierra y el fuego del infierno.  
Luego, la desgracia se calmó. Todavía se manifiesta, pero sin catástrofes. (p. 67)  
La ciudad, de este modo aparece con signos violentos: aire viciado y escaso debido a la estrechez espacial  
y alimentada de intrigas y supersticiones.  
Artículo  
Los primeros días en la casa de la Sentada y el Cónsul, Zahra tuvo visiones con un  
punto común: la ausencia de luz y de colores; “no podía resistir la llegada desordenada de  
tantos recuerdos. Tenían todos el mismo color; el de la tinta sepia” (p. 75).  
El trabajo de Zahra la lleva a efectuar el rol de criada en la casa con tareas domésticas  
y el cuidado del ciego. Interesados el uno por la otra, establecen una amistad y después  
romance, sus intercambios frecuentes y sus charlas filosóficas (capítulo 8, el Cónsul), llenan  
de aire el ámbito e incitan a Zahra a refugiarse en la lectura. Sin embargo, aparece la niebla,  
puesto que las situaciones de presión en la casa la someten a un estado de confusión y  
pesadillas por la extraña relación incestuosa entre los hermanos.  
En uno de sus encuentros, el Cónsul cuenta a Zahra su visita a un país imaginario lleno  
de árboles, cristales, perfumes y colores “yo iba lentamente, me impresionaba delante de los  
colores magníficos de los cuales se cargaba el cielo en el momento del crepúsculo” (p. 95).  
En este país imaginario, él ve gente de su infancia antes de perder la vista (es su vida antes  
de ser ciego). El crepúsculo traza el comienzo de la ceguera. Imprime una luz intensa que se  
apaga, es el final del día y el nacimiento de la noche y, por analogía, representa el paso entre  
la realidad y el mundo imaginario del ensueño.  
En esta historia fantástica, llega al hangar azul8, “este hangar es un depósito de  
palabras” (p. 96). Este mundo onírico representa el contacto del Cónsul con las letras, la  
literatura y la filosofía, su relación con la palabra. Es el mundo de las palabras donde debe  
vivir desde que es ciego “un país iluminado por las luces de mis noches de insomnio. Cuando  
me voy, me pongo triste. Me hace falta cada vez que abro los ojos sobre las tinieblas eternas.”  
(p. 99). Zahra  
8 En cuanto al ensueño del hangar azul o la biblioteca humanana del sueño del Cónsul, podemos decir que  
una escena de contenido similar se nos presenta en Fahrenheit 451, la novela de Ray Bradbury, publicada en  
1953; pues, la revolución de algunos personajes consiste en memorizar libros enteros antes de que sean  
quemados por la autoridad del gobierno, recio enemigo de los libros. En cierto sentido, la imagen del libro  
aprendido de memoria establece una relación sintagmática entre la obra de Bradbury y Ben Jelloun, siendo la  
memoria un tipo especial de espacialidad.  
Artículo  
El color de la bruma  
Zahra es invitada un día al hammam (capítulo 9, El pacto) para darse un baño en  
familia. Es en este lugar de penumbra, de vapores y humedad donde pudo presenciar una  
escena perturbadora entre la Sentada y el Cónsul. No se puede distinguir la frontera entre la  
alucinación y la realidad, pero es en la obscuridad del hammam donde la relación entre los  
personajes se va a consolidar con un pacto que va a establecer una intimidad profunda entre  
los tres. Es aquí donde todo se relativiza, el tiempo y el espacio, caída lenta, dulce y  
placentera como señala Durand acerca de su régimen nocturno de la imagen, el descenso  
lento del vientre y la intimidad.  
Una complicidad se establece entre el Cónsul y Zahra, pero la relación pasional va a  
fijarse a partir de la escena del burdel, donde Zahra remplaza a una prostituta, capítulo 14,  
“La comedia del burdel” y se acuesta con él. Estos encuentros están marcados por la luz: “Él  
me decía; “necesito un poco de luz para ver tu cuerpo, para respirar su perfume…” (p. 137).  
No obstante, esta relación clandestina se hace evidente ante los ojos de la Sentada que  
se enfurece con la idea de perder su lugar en la casa.  
Bestias de tinieblas, hacia los símbolos teriomorfos  
El pasado vuelve hacia Zahra, se inicia con pesadillas de un lago pesado y glucoso con  
toda clase de bestias, estas son una especie de premonición, capítulo 13, Un lago de agua  
pesada9 puesto que la utopía de amor entre ella y el Cónsul termina cuando la Sentada se  
9
El sueño de Zahra de las “aguas pesadas”, sobre lo cual Bachelard (1942) en su ensayo “El agua y los  
sueños” (L’eau et les rêves), nos habla de una relación que coincide con el propósito de Tahar Ben Jelloun.  
Bachelard se refiere concretamente al significado de las aguas en la obra de Edgar Poe, en cuanto a sus “aguas  
pesadas”:  
La lengua de un gran poeta como Edgar Poe es sin duda rica, pero ella tiene una jerarquía. Bajo sus mil  
formas, la imaginación oculta una substancia privilegiada, una substancia activa que determina la unidad  
y la jerarquía de la expresión. No nos costará probar que en Poe esta materia privilegiada es el agua o  
más exactamente un agua especial, un agua pesada, más profunda, más muerta, más somnolienta que  
todas las aguas durmientes, que todas las aguas muertas, que todas las aguas profundas que encontramos  
en la naturaleza. El agua, en la imaginación de Edgar Poe, es un superlativo, una clase de substancia,  
una substancia madre… En Edgar Poe, el destino de las imágenes del agua sigue de manera muy exacta  
el destino del ensueño principal que es el ensueño de la muerte… contemplar el agua es colarse,  
disolverse, es morir. (pp. 65-66)  
Artículo  
presenta en la casa con el tío de Zahra, quien la acusa de haber huido con la herencia de la  
familia. Este personaje es representado como la imagen mitológica de los monstruos. Zahra  
lo mata (capítulo 15), le pega un tiro con el revólver que ella había visto días antes guardado  
en una gaveta del armario del Cuarto del Cónsul” cuando lo aseaba (capítulo 12). Fue  
encarcelada y condenada a quince años de prisión, hechos que narra, primero, a través de  
imágenes de caída, símbolos catamorfos, capítulo 16, “En las tinieblas”10; pues en prisión  
Zahra no encuentra luz ni colores, es un lugar de tormento obscuro y húmedo, un abismo  
donde inclusive los días son negros. Deprimida, decide entrar en el mundo de los ciegos y  
vivir dentro de lo negro para protegerse del sufrimiento.  
En una escena sangrienta, capítulo 18, “Ceniza y sangre”, Zahra es mutilada por cinco  
hermanas, ellas cortan su clítoris y cosen los labios de su vagina. Moribunda, ella se refugia  
en el recuerdo del Cónsul, “…usted es mi única luz” (p. 160)  
Blanco es el infierno  
Sartre en Huis-clos (“A puerta cerrada”) concibe un infierno iluminado con luz blanca  
artificial encerrada en cuatro paredes; los personajes, imposibilitados para pestañear deben  
mirarse eternamente bajo esta luz y como esencias puras que son, no dan sombra.  
Sanas las heridas y con el adiós definitivo del Cónsul, Zahra comienza una nueva etapa.  
Decide abandonar las tinieblas y aspira a una ascensión espiritual, la cual se visualiza como  
una gran luz que proviene del cielo o del amor. Pero a pesar de sus esfuerzos para consolar  
su alma, ella cae de nuevo en depresión y una blancura desesperante se instala en ella; ya no  
es capaz de sentir, sus emociones se borraron; ella se siente vacía, quemada por una luz  
intensa (capítulo 21, “El infierno”). Este infierno es blanco, como una página vacía: “¿Estaré  
eternamente bajo esta luz que me quema y que no me da sombra?, entonces no es la muerte,  
¡es el infierno!(p. 183).  
Estos ensueños de aguas pesadas vienen acompañados con representaciones teriomorfas, y funcionan en la  
novela, justamente como la premonición de la muerte, pues Zahra iba a exterminar a la avaricia y la maldad  
representada por su tío.  
10 …yo no quería medir el tiempo. Por eso suprimí la débil luz que descendía de una ranura de lo alto de la  
pared. ¿Para qué simular el día y su claridad cuando todo ese territorio estaba hundido en una noche negra, larga  
y profunda? (p. 144)  
Artículo  
Y blanca, la luz de Dios  
Zahra cumple su condena y puede al fin recuperar sus emociones, viste una djellaba de  
hombre y se pinta los labios de rojo. Así posee una ambigüedad extraña que atrae a la gente:  
“… mi cara recobraba vida lentamente, se iluminaba en su interior” (p. 187).  
Sobre una playa a la que llega se le presenta una ilusión, que interpretamos llena de  
símbolos ascensionales; pues, es el encuentro con el Santo, capítulo 22, el último, que de  
pronto es sobre la cima de una montaña que ella escala, sobre la montaña hay una casa  
enteramente blanca, llena de gente que espera algo o a alguien. Es una visión celestial en la  
cual Zahra se ve envuelta de un velo blanco que la “separaba del resto del mundo”. Este  
relato es una visión que describe una especie de pasaje de la vida a la muerte, donde será  
recibida por el espíritu divino:  
…yo me dejaba llevar como una hoja que se envuelve ligeramente. De repente, una luz fuerte, casi  
insoportable, descendió del cielo… todo estaba claro en mi espíritu, pensaba que entre la vida y la  
muerte solo había una delgada capa de bruma y tinieblas. (Ibid.)  
En esta evocación, Zahra ve alguien que parece ser la Sentada, muerta hace algún  
tiempo, según le revelara el Cónsul en una carta (capítulo 16, En las tinieblas) cuando  
estaba en prisión. Luego aparece el Santo. Sale vestido de blanco, porta velo y lentes oscuros.  
Hombres y mujeres se apresuran para besarle la mano respetuosamente. Él las bendecía.  
Llegaba el turno de Zahra:  
Me levanté y me metí en la fila de las mujeres. Pero me dieron ganas de jugar, y me fui a la fila de los  
hombres. Con mi djellaba podía pasar por hombre. Cuando estuve frente al Santo, me arrodillé, tomé  
su mano tendida, y en vez de besarla, la lamí, chupé cada uno de sus dedos. El Santo trató de retirarla,  
pero yo la retuve con la fuerza de mis dos manos. El hombre estaba aturdido. Me levanté y le dije al  
oído: -hace mucho tiempo que un hombre no me acaricia la cara. Venga, acarícieme con sus dedos,  
suavemente con la palma de su mano. Él se acercó más y me dice: -Por fin, usted aquí. (p. 189)  
Así termina la novela. El significado de este pasaje y de casi todo el relato, como  
veremos, descubre al autor en un posicionamiento ético, pues exalta una vision religiosa de  
la práctica amorosa de Dios con respecto a todas sus criaturas, hembras y machos por igual;  
no sería el amor exclusivo para el beneficio del hombre, sino de la humanidad, sin  
Artículo  
distinciones. La crítica va para quienes se empeñan en decir y actuar de modo contrario.  
Así, Zahra descubre la satisfacción de acercarse a Dios en libertad, inclusive vestida con  
djellaba de hombre.  
RETRATOS, IMAGINARIOS Y VOCES DE CONSCIENCIA  
Retratos  
Dice Lázaro Carreter (1968) que el retrato es una figura de descripción y que forma  
parte del gupo de figuras de pensamiento. Se usa básicamente para traer hacia el primer plano  
al personaje del cual se habla, destacando su apariencia, rasgos externos (prosografía), pero  
también, se describe el carácter, acciones y costumbres (etopeya), lo que hace del retrato  
literario una figura bastante completa.  
El primer retrato que nos ofrece la novela es la imagen del cuentacuentos Bouchaïb en su  
puesto sobre la plaza. Cree reconocer a Zahra, entonces, pierde a su audiencia quien lo ve  
angustiado, derrotado, con la mirada baja, cargada de profundo miedo y vergüenza, cuerpo  
encorvado que camina en círculos, manos agarradas detrás de su espalda, sin decir palabra.  
Esta descripción nos dibuja un imaginario de caída que es movido por la ascensión de  
Zahra sobre los lugares de la Plaza, como portadora de la verdad.  
Caricatura del camarero de un café  
Zahra al llegar a Marrakech, luego del episodio del cuentacuento Bouchaïb, pasa la  
noche en un hotel. En la mañana va a un café a tomar su desayuno, antes de salir a reconocer  
los lugares y volver a la plaza para distinguirla con luz de día.  
Nada había cambiado. Todo estaba en su lugar. El terminal de autobuses estaba negro como un horno  
de pan. El café nunca ha tenido puertas. El camarero, mal rasurado, vestido con una especie de smoking  
mil veces planchado, brillante por las manchas de grasa, los cabellos engomados y el nudo mariposa  
mal ajustado, pretendió también reconocerme. Era una de sus maneras: llamar a los clientes por sus  
nombres. No dudaba jamás. (pp. 11-12)  
La novela nos muestra a una protagonista narradora lúcida, despierta, tiene una mirada  
aguda, con la cual retrata ciertos ritos y maneras sociales. Este personaje, el camarero de café  
Artículo  
quizá viene a representar al colectivo de camareros marroquíes como un género de personas  
a las cuales atribuye cualidades que forman la imagen estereotipada de los camareros y sus  
prácticas. Pero la caricatura que el narrador hace del personaje se entiende por el episodio  
de comedia que se desarrolla. El camarero pretende conocerla y la llama por cualquier  
nombre y finge ofrecerle lo que supuestamente es costumbre de la madre Fadila.  
Retratos en la plaza  
Luego, en la plaza nos ofrece el retrato de otro cuentacuentos: “…Había surgido del  
desierto, el rostro ennegrecido por el sol, los labios quebrados por la sed y el calor, las manos  
endurecidas por el transporte de piedras, la voz ronca como si su garganta hubiese sido  
atravesada por una tormenta de arena y cristales…” (p. 9).  
Este narrador errante llega a la plaza sacudiéndose de sus ropas la arena de los desiertos.  
Sin embargo, es destacable la estampa que la narradora nos da de la muchacha que proviene  
de los desiertos del Sur, porque ve a una mujer girar sobre sí misma para desenrollar el  
inmenso haik11 blanco que le servía de djellaba. A Zahra le impresiona la forma en que la  
mujer se desvela, cosa que hace con cierta gracia erótica:  
… ejecutada como una danza… lo sentí enseguida al observar el movimiento sutil, apenas ritmado de  
sus caderas. Ella levantaba los brazos lentamente, sus senos se movían un poco. Un círculo de curiosos  
se formó rápidamente a su alrededor. Todavía era joven y muy bella. Grandes ojos como nueces, una  
piel morena, bronceada, piernas finas y un aire de malicia en su sonrisa. (p. 16)  
Es curioso ver la cantidad de vestimenta blanca que se nombra en la novela, lo cual  
brinda oportunidades para analizar imaginarios vestimentarios. Pero, llama la atención  
especialmente el contraste: tela blanca sobre piel morena, bello equilibrio.  
El rostro de la alienación: la familia de Zahra  
Las luces y formas que la narradora nos ofrece acerca de su familia nos dibujan el  
retrato de la alienación total. El padre es de rostro intransigente, insensato, brutal con las  
11 El Haik o jaique es una vestimenta femenina tradicional norteafricana, consistente en una larga pieza de  
tela fina de algodón, seda o lana, que mide unos 5 metros de largo por 1,6 de ancho.  
Artículo  
mujeres. Antes de morir, cuando previene a Zahra de cuidarse de los monstruos, nos revela  
la imagen de una criatura.  
El tío, la avaricia como bestia.  
-Dormí un poco, vi la imagen de mi hermano; su cara era mitad amarilla, mitad verde; reía, creo que  
se reía de mí; su mujer estaba detrás de él y lo empujaba; él me amenazaba. Quería evitar hablarte esta  
noche de esos dos monstruos, pero es necesario que yo te ponga en guardia contra su rapacidad y su  
ferocidad. Su sangre se alimenta de odio y maldad. Son temibles. Son avaros y sin corazón, hipócritas,  
tramposos y sin orgullo. Pasan sus vidas amasando dinero y ocultándolo. Todos los medios son buenos;  
no retroceden ante nada. Mi padre sentía vergüenza de este hijo; me decía: “¿Pero de dónde le viene  
ese vicio?” Es la vergüenza de la familia. Se hace pasar por pobre y espera al final del día de mercado  
para comprar las legumbres más baratas. Él regatea por todo, se queja, llora… Sabes, sucedía en las  
muy raras ocasiones que nos invitaban a almorzar. La mujer cocinaba apenas la carne que ahogaba en  
una taza de legumbres. La carne era tan dura que quedaba intacta en el plato. Al día siguiente, ella la  
cocinaba normalmente para ellos. ¡Nosotros no éramos tontos! Ni él ni ella conocían el pudor.  
Desconfía, aléjate de ellos, son malos… (pp. 30-31)  
Es singular la descripción que se hace del personaje en cuanto a los colores del rostro  
de la avaricia, un color de rostro reptil: amarillo y verde. Esta imagen se repite cuando Zahra  
dispara al estómago del tío: “el líquido que corría de su nariz era veneno” (p. 140), “Al ver  
la sangre color amarillo verdoso que corría de ese cuerpo tendido sobre la tierra, me sentí  
consolada…” (ibid.). La imagen del tío revela un símbolo teriomorfo, donde las bestias rigen  
el nocturno mundo y el lenguaje se llena de metáfora animal.  
Un retrato del padre  
La narradora nos ofrece un cuadro familiar donde el padre carcomido por el odio y los  
errores del pasado, tiene la figura central. Nos dice que la brutalidad se convirtió en su modo  
de comunicación. Ella presencia escenas de disputas entre el padre y la tropa femenina de la  
casa. El padre es el único que grita, aúlla, amenaza y ríe de su propia supremacía:  
Maniático, ya no soportaba el mínimo defecto en el servicio de su ritual. Cada una de las muchachas  
debía cumlir un rol: una le quitaba la djellaba, la otra le lavaba los pies, otra se los secaba, mientras  
que otras dos preparaban el té. Mi madre estaba en la cocina. ¡Desgracia para quien cometiera un error!  
Él hacía reinar el terror y nunca estaba contento. (p. 51)  
Las hermanas o la frustración y envidia  
Artículo  
El rostro de la frustración y la envidia solo genera una luz quemada, ennegrecida,  
amarga. Al morir el padre, durante los días de duelo las hermanas se retiran a casa de un  
familiar, pero dice Zahra:  
Como ustedes saben yo regresé una noche a la casa. Entré por la terraza de los vecinos. Las chicas  
habían vuelto. Estaban muy bien vestidas, maquilladas a ultranza y cargaban las joyas de la madre.  
Reían y jugaban con otras mujeres del barrio. El entierro y el duelo fueron para ellas una liberación y  
una fiesta. En cierto modo yo entendía su reacción. Muchachas frustradas, largo tiempo mantenidas de  
lado en la vida, descubrían la libertad. Entonces se desencadenaron con la histeria que tenían en reserva.  
Todas las luces estaban encendidas. Ponían discos… (p. 55)  
El retrato que se hace de las hermanas en esta parte, evoca un poco los relatos de Las  
mil y una noches, donde príncipes herederos hacen uso irresponsable de los bienes de la  
familia luego de la muerte del padre, estos en poco tiempo dilapidan los bienes agasajando a  
los amigos y quedan en la miseria y en soledad; el imaginario nos remite a una caída lenta,  
placentera, irracional; en el caso de Las mil y una noches representaba el reto del príncipe  
para volver a tener fortuna y ascender, y así lo hacía después de cantidades de peripecias.  
Pero en el caso de La nuit sacrée, cinco de las siete mujeres se convierten en fanáticas  
religiosas, alienadas, de las otras dos, nada se sabe.  
La madre o la oprimida  
Similarmente al de las hermanas, el destino de la madre es la demencia. Zahra casi no  
la reconocía, la confundía con Malika, la vieja doméstica de la casa o con la mendiga que  
solía dormir en el vestíbulo, arropada con una cobija militar. Esto parece decirnos lo que  
afirman los estudiosos de los efectos psíquicos que genera la maquinaria opresora sobre los  
oprimidos, el colonialismo sobre el colonizado, como bien lo diría Frantz Fanon en sus obras.  
El vigor opresor del padre sobre su familia generó su propia locura y la de sus sujetos  
oprimidos a quienes solo les quedan abiertas las puertas de la asimilación de la cultura  
opresora, el encierro físico y mental.  
La Sentada o el complejo  
La narradora nos ofrece un retrato interesante de la Sentada, mujer:  
Artículo  
… Morena, fuerte, con unas nalgas impresionantes de allí su nombre, la Sentada-, no tenía edad. Un  
rostro con la piel lisa. Su corpulencia no era un impedimento, inclusive era una ventaja para el oficio  
que ejercía. En el hammam la Sentada ocupa un lugar estratégico envidiado por las Informaciones  
generales. Ella sabe todo, conoce a todas las familias del barrio, interviene a veces en las intrigas de  
unos y otros, favorece los matrimonios, arregla citas… es el registro de la memoria del barrio. (p. 69)  
La Sentada es descrita como la mujer del secreto y la confidencia, el temor y la  
ternura” (p. 69). Tiene senos enormes. Desarrolla un fuerte complejo, pues fue despreciada  
por sus padres desde el nacimiento por su aspecto físico. Queda soltera, y es de carácter  
fuerte… representa el rol de las mujeres que por no tener hombre son excluidas de la  
sociedad: no es madre, ni esposa, ni hija a ser tomada en matrimonio. Mujer marginada  
socialmente, que no tuvo otra alternativa que construir su identidad alrededor de la figura de  
su hermano, al cual mima, y crear una dependencia emocional que la hace cautiva de una  
sumisión voluntaria.  
El Cónsul, su interna luz de lo exterior  
El nacimiento del Cónsul da claridad a la vida de la familia: “… ese niño era la luz de  
la casa y la gracia de una casa donde no se reía jamás” (p. 102), le cuenta la Sentada a Zahra.  
El personaje del Cónsul figura como un joven maestro de la escuela coránica, es ciego  
desde la edad de cuatro años, representa a la población magrebina cultivada, religiosa e  
intelectualmente. Es capaz de cuestionar la vida con mirada filosófica. Contrasta con su  
hermana (que no es en absoluto delicada, ni agraciada, ni muy inteligente) por su educación  
refinada y su apertura de espíritu.  
Zahra, un ángel  
En varias partes de la novela, Zahra es relacionada con la figura del ángel. Así, en los  
episodios que cubren la historia entre ella y la pareja de hermanos, estos la elevan en calidad  
de ángel salvador, que viene a dar luz al ciego, alegría y tranquilidad a la familia: “…eres un  
ángel enviado por los profetas, nosotros somos tus esclavos”, decía la Sentada para halagar  
a Zahra.  
Artículo  
El ángel es un símbolo de protección, sus grandes alas blancas y su luz brillante dan  
seguridad. Un ángel guardián garantiza el bienestar. Así Zahra misma describe tener la luz  
en forma de estrella “… seguí la estrella que traza el camino de mi destino. Esta estrella me  
sigue a todos lados. Signo potente y mágico. La Estrella representa desde siempre la luz, la  
armonía, la belleza y la perfección.  
Pero, por otro lado, podemos mirar a Zahra como el ángel exterminador, ese que usa  
su espada contra los demonios, como hizo contra el tío.  
VOCES DE LA ÉTICA  
Los discursos. En Figuras III, obra de Gérard Genette, publicada en el año 1972, se  
nos habla de la voz como una figura que nos permite estudiar la relación narrador-narratario  
y vislumbrar en los discursos funciones pedagógicas e ideológicas, entre otras cuestiones. Es  
así que una ética puede entreverse. A todo lo largo del relato de La noche sagrada asistimos  
a la escucha de múltiples voces (polifonía), sobre todo, a través de estructuras dramáticas (los  
diálogos), con los cuales apreciamos directamente la manera de pensar y de argumentar de  
los personajes. Así, podemos extraer componentes de pensamiento o ideológicos de la obra.  
En el primer capítulo, Zahra visita un café de la ciudad.  
En el café, voz de Zahra  
Zahra tomaba su desayuno al lado de un camionero de la Chaouia. Este comía una  
cabeza de ovejo al vapor y se estaba bebiendo toda una tetera de menta y chiba. Miraba a su  
alrededor agradeciendo a Dios y a Marrakech por tan excelente comida matinal. El camionero  
miró a Zahra como para compartir con ella su satisfacción. Ella le sonrió mientras apartaba  
con la mano el humo del kif12 que él le enviaba a la cara. El hombre de pronto ve a una  
muchacha que pasa delante sobre una motocicleta, rápidamente, observa Zahra: “se alisó el  
bigote con aire de decir que luego de un desayuno tan bueno, una virgen, preferiblemente, lo  
llevará a colmar su alegría” (p. 12).  
12 Hachís o marihuana.  
Artículo  
Esta voz es la voz del sarcasmo. Representa una crítica a la banal alevosía de los  
hombres; es, además, la denuncia a cierta pedofilia, pues la muchacha en cuestión parecía  
muy joven. Por eso Zahra presupone: “una virgen preferiblemente…”, nos da a entender que  
la mirada de Zahra está predispuesta a reconocer cualquier abuso que derive de las pulsiones  
viriles y viserales, básicas de los hombres. Esta visión muestra, si se quiere, un  
posicionamiento autoral; pues, se trata de una conciencia que educa a los hombres para un  
mejor accionar en la vida.  
La muchacha beduina bailarina, cuentacuentos, promotora de conciencia  
En la plaza, Zahra se interesa por los cuentacuentos errantes. Escuchamos a algunos:  
al hombre del Sur que se sacude la arena del desierto, mientras improvisa historias de acuerdo  
al momento o a lo que pueda adivinar del cliente; el otro, que abre una maleta repleta de  
objetos para vender y que están cargados de historias para contar, ambos interactúan con  
Zahra, intentan atraparla con sus historias.  
Pero, por su carga seductora y luego ideológica y además por tratarse del arrojo de una  
bella muchacha sobre el redondel de la plaza que, con algunos pasos de danza y un cierto  
halo erótico, atrae una audiencia para verla bailar, Zahra se interesa. Sin embargo, la  
muchacha saca un micrófono, dice que viene del Sur, que viene del crepúsculo, que desciende  
de la montaña, que caminó, que durmió en los pozos, que atravesó las dunas, que viene de  
una temporada fuera del tiempo, que ella misma es un libro nunca abierto, nunca leído y que  
fue escrito por los ancestros, cuenta:  
Érase un avez un pueblo de Beduinos, caravaneros y poetas, un pueblo rudo y orgulloso que se alimenta  
de leche de camella y de dátiles; gobernado por el error, inventaba sus dioses… Algunos, teniendo  
miedo al deshonor y a la vergüenza se deshacían de sus progenituras hembras; las casaban desde la  
infancia o las enterraban vivas. A esos se les prometió el infierno eterno. El Islam los denunció. Dios  
dijo: “Entre los Beduinos que os rodean y entre los habitantes de Medina, hay hipócritas obstinados.  
Tú no los conoces; nosotros los conocemos. Vamos a castigarlos dos veces, serán entregados a un  
castigo terrible. (p. 17)  
Ahí escuchamos la denuncia, envuelta en una conciencia. Por eso Zahra nos cuenta que  
en la multitud hubo ligeros movimientos de sorpresa e incomprensión y se elevan voces. Un  
hombre le dice que solo venía a escuchar la música y a verla bailar, pues no estaban en una  
Artículo  
mezquita. Otro joven complacido con lo dicho por la muchacha dice: “… no preste atención  
a estas reacciones, son expresadas por los primos de los Beduinos(ibid.). Y otro joven  
expresa: ¡Un cuento es un cuento, no una misa! Y además, ¿desde cuándo las mujeres que  
no están en edad se atreven a exibirse de este modo? ¿No tiene padre, ni hermano o marido  
que le impidan molestar?(p. 18).  
Por estos comentarios, la muchacha le habla en tono dulzón e irónico:  
- ¿Serás tú el hermano que no tuve o el esposo devastado por la pasión al punto de olvidar su cuerpo  
temblando entre piernas gordas y velludas? ¿Serás tú ese hombre que acumula imágenes prohibidas  
para sacarlas en tus frías soledades y frotarlas bajo un cuerpo sin amor? ¡Ah! ¿Eres tú quizás el padre  
desaparecido, a quien se lo llevó la fiebre y la vergüenza, este sentimiento de maldición que te exilió  
en las arenas del Sur?(ibid.)  
La inteligencia como vía de emancipación se muestra en estos diálogos. Por eso, la  
muchacha ríe, toma un extremo de su haïk, que ajusta a su cintura, y pide al joven sostenerle  
el otro extremo, ella gira lentamente apenas moviendo sus pies hasta que se enrolló  
completamente, dice al joven:  
-¡Gracias! ¡Que Dios te ponga en el buen camino. Tienes ojos lindos; rasura ese bigote; la virilidad está  
en otra parte, no sobre el cuerpo, quizás en el alma! Adiós… Tengo que abrir otros libros. (ibid.)  
Estos diálogos tienen una función formadora del espíritu, tanto para los marroquíes  
como para los ciudadanos del mundo, pues “la virilidad” no está en el bigote, “quizás en el  
alma”.  
Voz del padre  
La soberbia del padre es el resultado de la sociedad patriarcal que no permite a la mujer  
heredar ni conducir los bienes familiares. Es una presión social. Un padre sin un varón  
heredero, presenta ciertamente un problema en una sociedad que así valora las cosas. Esto se  
presenta como una crítica al absurdo, al absurdo lugar que es dado a la mujer ocupar,  
invisible, muda y sin voluntad, casi en esclavitud. Al menos es así en la novela. Estas  
representaciones que apreciamos en La noche sagrada configuran por una parte un  
argumento por ethos, porque persuaden a través de signos divinos, de la palabra del bien y el  
Artículo  
amor; pero, por otro lado, puede configurar un pathos, pues toda la violencia que se  
representa en la obra funciona como un golpe en el rostro social y es un llamado a la reflexión  
y al cambio de comportamiento. Como ejemplo, referimos el diálogo del padre, en el  
momento de la muerte, comienza con la invocación de los ángeles que están por descender  
en noche santa, y después con el reconocimiento del error, explicar los motivos y pedir  
perdón.  
-Sabes que en esta noche ningún niño debería morir ni sufrir. Porque esta “noche es mejor que mil  
noches”. Están allí para recibir a los ángeles enviados por Dios: “Los Ángeles y el Espíritu descienden  
en esta Noche, con el permiso del Señor, para arreglar todas las cosas.” Es la Noche de la Inocencia,  
pero los niños no son inocentes. Son incluso terribles. Si la noche es para ellos, será también para  
nosotros, para nosotros dos. Será la primera y la última. La vigésimo séptima noche de este mes, es  
propicia a la confesión y quizás al perdón. (p. 23)  
La voz de la madre de Zahra  
La voz de la madre configura argumentos por pathos, pues su representación puede ser  
interpetada como un llamado, un grito que ciertamente despierta compasión en el lector, por  
tratarse casi de una no vida:  
¡Mi hija! ¡Ora conmigo para que Dios o el destino hagan que yo muera antes que tú y que me conceda  
un mes o dos de vida después de la muerte de tu padre! Quisiera poder respirar algunos días, algunas  
semanas en su ausencia, ausencia absoluta. Es mi único deseo, mi única aspiración. No quisiera irme  
con él en vida, pues me iría doblemente asesinada, horriblemente devastada, humillada. Decidí vivir  
en el silencio de la voz ahogada por mis propias manos. Pero que me sea dado un tiempo, aunque sea  
corto, para gritar de una vez por todas. Dar un grito, un solo grito que vendría desde lo más hondo del  
alma, desde muy lejos, más lejos que tu propio nacimiento, un grito que está ahí, bloqueado en mi  
pecho. Él espera, y viviré para no morir con este grito que me llena y me destruye. Ruega por mi, mi  
hija, tú que conoces la vida de dos caras que sabes leer en los labios y en el pecho de los santos… (pp.  
52-53)  
Los olvidados o un imaginario histórico y una relación sintagmática  
La novela nos sorprende con su capítulo 19, titulado “Los olvidados”. Está dentro del  
contexto de la prisión de Zahra quien venía de ser mutilada por sus vengativas hermanas. El  
tema de los olvidadosrecuerda a un pasaje de Cien años de soledad, de García Márquez;  
en el cual, las autoridades suprimen una manifestación de tres mil trabajadores, no dejan un  
sobreviviente que pueda dar testimonio (excepto uno), en consecuencia, el hecho nunca  
Artículo  
ocurrió. En La noche sagrada sucede. A Zahra, herida, le permiten deambular por la prisión  
y se topa con vibraciones, olores y escenas extrañas, entra en un diálogo con un moribundo:  
Todas las personas que usted ve aquí eran gentes pobres, mendigos, vagabundos, enfermos. Aquí, usted  
está en el gran salón de la feria de animales. Un día, se dio la orden de limpiar la ciudad, porque un  
visitante importante, un extranjero iba a dar algunos pasos por las calles. Nosotros éramos el rostro  
sucio e indeseable del país. Había que borrar esta imagen, exiliar a esta población, hacerla desaparecer,  
al menos momentáneamente, solo durante los días de visita del extranjero. La orden se ejecutó. Redada  
sobre redada. Ellos nos acumularon aquí y nos olvidaron. Nosotros peleamos entre nosotros mismos.  
Soy el último sobreviviente, ese que debería desaparecer porque su testimonio es terrible. Informe estas  
palabras. Cuente a todo el mundo lo que usted ha visto aquí. No es una pesadilla. No somos fantasmas.  
Somos hombres convertidos en desechos y olvidados por siempre. Nadie vino a reclamarnos. Usted es  
el primer ser humano en entrar a este hangar… (p. 162)  
Zahra quiere interrogar al médico que se ocupa de sus heridas; pues, no está muy segura  
si lo que vio y escuchó forman parte de sus alucinaciones. En efecto, reconoce el médico que  
gente vulnerable fue encerrada y olvidada en esa prisión. Por ello, Zahra revela: “la voz del  
hombre que moría se introdujo en mí hasta vertirse en la mía y convertise en mi propia voz”  
(p. 163).  
Esto puede convertirse o es un imaginario histórico; tal, lo narrado por García  
Márquez, pues dicen que ocurrió a los trabajadores bananeros de la República, de este modo  
puede sugerirse como un tipo de relación hipertextual, según diría Genette (1982).  
Conclusiones  
Se constata el papel importante que juegan algunos elementos paratextuales de la obra  
para desplegar su sentido retórico, pragmático y semántico en relación con los contenidos  
luminosos que configuran los imaginarios de la novela.  
El análisis del título, por ejemplo, permitió revelar el particular sentido religioso que  
propone el contexto de la obra, pues La noche sagrada es la vigésimo séptima del Ramadán,  
noche que conmemora el descenso del ángel con la palabra, que es la luz sobre las tinieblas.  
La instancia proemial que se erige con el preámbulo de la novela nos condujo a  
reconocer su sustrato pragmático: la relación narrador-audiencia. Esta última es convocada,  
estratégicamente por medio de argumentos por pathos, a absorver los signos que guiarán una  
transformación de la conciencia en cuanto al trato justo hacia la mujer. El preámbulo, por su  
Artículo  
característica en esta novela hace gala de un lenguaje metafórico de calidad donde el juego  
de luces y sombras, claro, oscuro, ocre conforma una atmósfera impactante que rinde tributo  
a la cultura arabo-musulmana y al autor por la maestría de su paleta.  
La estructura episódica de la novela fue propicia para guiarnos en la interpretación del  
sentido que cobran las luces que cuentan la historia y destino de los personajes: ascensiones  
y caídas, de acuerdo con las estructuras antropológicas de lo imaginario de Durand (op. cit.),  
pero también para develar algunas estrategias retóricas usadas por el autor, como las figuras  
de oposición: el oxímoron y la paradoja para fortalecer el juego de luces y sombras.  
La narración pudo esbozar a los personajes del relato a través del retrato (prosografía  
y étopeya) y por medio de la caricatura pudo revelarnos el carácter de los seres, y de ese  
modo, tejer configuraciones retóricas, críticas en beneficio de una ética y de un desarrollo de  
la conciencia del lector.  
Asimismo, las descripciones o ékfrasis pudieron hacernos apreciar tipos de imaginarios  
específicos de la cultura: gastronómicos, vestimentarios, artísticos.  
Las estructuras dramáticas, diálogos, monólogos, gritos y silencios, abundantes en la  
obra, se consideraron como una polifonía, o como la voz (figura de Genette, 1972) pues se  
han puesto en juego múltiples voces. Estas voces están cargadas de una conciencia, de una  
manera de pensar y argumentar, con lo cual se devela la denuncia o el banal trato de los  
hombres hacia las mujeres, el maltrato histórico de la sociedad patriarcal y la corrupción de  
las instituciones sociales, destacan los argumentos por ethos y pathos.  
La especial luz que se pone sobre los lugares del relato aporta el sentido esencial de la  
obra. Así, por ejemplo, la plaza nos remite al lugar histórico del intercambio, de la palabra,  
otra versión del árbol de la palabra de los antiguos de África, lugar de los griots que cantan  
sus epopeyas a las generaciones; es el lugar de la tradición oral, de la literatura oral, como  
dicen hoy. Y es eso lo que vemos exaltado en esta novela de Ben Jelloun, es su tributo a los  
cuentacuentos errantes que llegan a la plaza sacudiéndose la arena del desierto antes de contar  
sus historias.  
Y finalmente, asistimos a la luz de otros lugares: cementerios bajo un azul fluorescente  
y un sol brillante, bosques con luz roja de crepúsculo y sudores animales, ocres estrechas  
calles míticas, baños públicos vaporosos crean ilusiones fantásticas, aguas muertas, casas  
Artículo  
abandonadas encierran historias escabrosas y supersticiones; la oscura realidad de una  
prisión en un sistema corrupto e indolente contrasta con lugares de ensueños: el jardín  
perfumado, el hangar azul y la casa blanca de un blanco Santo nos han revelado ciertas  
relaciones sintagmáticas con otras obras.  
Artículo  
Referencias  
Al-Nafzawi, M. (1999). The garden of sensual delight. Trad. Jim Colville. Kegan Paul  
International.  
Bachelard, G. (1942). L’eau et les rêves. Essai sur l’imagination de la matière. Paris.  
Librairie José Corti.  
Basima Qadeesh (1997). L’identité féminine dans l’Enfant de Sable et la Nuit Sacrée.  
[Mémoire  
de  
Master.  
Université  
de  
Georgia].  
Consultado  
en:  
Ben Jelloun, T. (1987). La nuit sacrée. Paris. Éditions du Seuil.  
Boussem Souad (2015). La dimension mystique dans « La Nuit Sacrée » de Tahar Ben  
Jelloun [Projet de Mémoire. Université Mohamed Khider] Consultado en: BOUSSEM  
SOUAD.pdf (univ-biskra.dz)  
Chevalier, J., Gheerbrant, A. (1982). Dictionnaire des symboles. Mythes, Rêves, Coutumes,  
Gestes, Formes, Figures, Couleurs, Nombres. Paris: Édits. Robert Laffont, S.A. et Édits.  
Jupiter.  
Diario de Navarra (2022, 05 de abril). ¿Qué es el Ramadán? Consultado en:  
523090-302.html  
Durand, G. (2005) [1960]. Les structures anthropologiques de l’imaginaire. Paris : Dunod.  
Dusault Ch. (1998). Le parcours initiatique et l’évolution de l’espace dans la Nuit Sacrée de  
Tahar Ben Jelloun [Mémoire de Master. Université Laval]. Consultado en:  
Genette, G. (1972). Figures III. Paris: Édit. du Seuil.  
Genette, G. (1982). Palimpsestes. Paris: Édit. du Seuil.  
Genette, G. (1987). Seuil. Paris: Édit. du Seuil.  
L’internaute (2019, 10 de mayo). Tahar Ben Jelloun : biographie de l'écrivain, auteur de La  
tahar-ben-jelloun-biographie-courte-dates-citations/  
La línea del horizonte. Baobab, el árbol de la palabra. (2016, 11 de febrero). Consultado en:  
Artículo  
Lada Žabenská (2012). Les motivations du fantastique dans La Nuit sacrée de Tahar Ben  
Jelloun : Une fonction esthétique ou pratique ? Université Marsakyana. Consultado en:  
Lada_Zabenska_Les_motivations_du_fantastique_dans_La_Nuit_sacree_de_TBJ.pdf  
Lázaro Carreter, F. (1968). Diccionario de términos filológicos. Madrid. Editorial Gredos.  
Le Monde (1987, 17 de noviembre). GONCOURT: Tahar Ben Jelloun pour " la Nuit sacrée  
"
Un  
sacrilège.  
Consultado  
en:  
nuit-sacree-un-sacrilege_4075632_1819218.html  
Mami Asma (2015). Les manifestations du destin dans « La Nuit sacrée » de Tahar Ben  
Jelloun [Mémoire de Master. Université Larbi Ben M’hidi] Consultado en:  
http://bib.univoeb.dz:8080/jspui/bitstream/123456789/5018/1/le%20m%C3%A9moire%  
20Mami%20ASMA.pdf  
Ricoeur, P. (2008). Hermenéutica y acción. Buenos Aires: Pontificia Universidad Católica  
Argentina.  
Trier, L. Von (2009). Antichrist (Film). Zentropa.