Vol. 66 (108), 2026, pp. 117-134 -Primer semestre / enero-junio
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Depósito legal: pp. 195202DF47
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Un pequeño vocabulario de la Amazonía peruana: el glosario de Aserradero de
Manuel Tamayo Vargas (1939)
Recibido: 09/09/2025 Aceptado: 09/01/2026
Resumen
El artículo analiza el glosario inserto a continuación del relato Aserradero de Manuel Tamayo
Vargas (1939), como una temprana descripción del vocabulario del español peruano
amazónico de la región de San Ramón (Chanchamayo). El estudio toma en cuenta los
recientes aportes de la lexicografía dedicada a glosarios literarios en Sudamérica, así como
su aplicación al estudio de la historia de la lengua y de sus contactos con otras modalidades
idiomáticas. El análisis de las entradas ofrece indicios de la singularidad del léxico regional
y demuestra que en el español amazónico no ha influido solamente una sola modalidad de
quechua, sino varias diferentes. Se evidencian algunas formas léxicas ausentes en el
vocabulario amazónico de la selva baja o diferentes de la selva alta norperuana, con
influencia del quechua I, junto con algunos términos de origen incierto y varios derivados
del castellano que han adquirido significaciones particulares. Las noticias del viajero francés
Theodore Ber (1820-1900) confirman la vitalidad de parte de ese léxico a finales del siglo
XIX.
Palabras clave: Perú, léxico, español amazónico peruano, selva central, glosarios
literarios
Carlos Arrizabalaga
Doctor en Filología Hispánica y profesor de la Universidad
de Piura, con especialización en estudios xicos y
gramaticales del español americano y de historiografía
lingüística peruana. Ha publicado los libros: “La perífrasis
concomitante norperuana” (2010), “El dejo piurano
(2012) y “Lingüística peruana. Introducción a los estudios
del castellano en el Perú” (2017). Docente en la
Universidad de Piura desde 1996, ha sido profesor visitante
en la Universidad Estatal de California.
carlos.arrizabalaga@udep.edu.pe
https://orcid.org/0000-0003-3097-057X
Departamento de Lengua y Literatura
Universidad de Piura, Perú
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A brief vocabulary of the Peruvian Amazon: The glossary from Aserradero
by Manuel Tamayo Vargas (1939)
Abstract
This article analyzes the glossary included at the end of Manuel Tamayo Vargas’s short story
Aserradero (1939) as an early description of the vocabulary of Peruvian Amazonian Spanish
from the San Ramón region (Chanchamayo). The study takes into account recent
contributions to lexicography on literary glossaries in South America, as well as their
application to the study of the history of the language and its contact with other linguistic
varieties. The analysis of the entries provides evidence of the uniqueness of the regional
lexicon and demonstrates that Amazonian Spanish has been influenced not by a single
Quechua variety but by several. Some lexical forms are evident that are absent from the
Amazonian vocabulary of the lowland jungle or differ from that of the northern Peruvian
highland jungle, showing influence from Quechua I, along with some terms of uncertain
origin and several derivatives from Castilian Spanish that have acquired specific meanings.
The accounts of the French traveler Theodore Ber (18201900) confirm the vitality of part
of that lexicon at the end of the 19th century.
Keywords: Peru, lexicon, peruvian amazonian spanish, central jungle, literary
glossaries
Petit vocabulaire de l'Amazonie péruvienne : le glossaire de Aserradero
de Manuel Tamayo Vargas (1939)
Résumé
Cet article analyse le glossaire inséré à la fin de la nouvelle Aserradero de Manuel Tamayo Vargas
(1939), en tant que description précoce du vocabulaire de l'espagnol amazonien péruvien de la région
de San Ramón (Chanchamayo). L'étude tient compte des contributions récentes de la lexicographie
consacrée aux glossaires littéraires en Amérique du Sud, ainsi que de son application à l'étude de
l'histoire de la langue et de ses contacts avec d'autres variétés linguistiques. L'analyse des entrées met
en évidence la singularité du lexique régional et démontre que l'espagnol amazonien n'a pas été
influencé par une seule variété de quechua, mais par plusieurs variétés différentes. On observe
certaines formes lexicales absentes du vocabulaire amazonien de la basse jungle ou différentes de
celles de la haute jungle du nord du Pérou, avec une influence du quechua I, ainsi que certains termes
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d’origine incertaine et plusieurs dérivés de l’espagnol qui ont acquis des significations particulières.
Les récits du voyageur français Théodore Ber (1820-1900) confirment la vitalité d'une partie de ce
lexique à la fin du XIXe siècle.
Mots-clés: Pérou, lexique, espagnol amazonien péruvien, forêt centrale, glossaires littéraires
Un piccolo vocabolario dell'Amazzonia peruviana: Il glossario di Aserradero di
Manuel Tamayo Vargas (1939)
Riassunto
Questo articolo analizza il glossario incluso nel racconto Aserradero, di Manuel Tamayo
Vargas (1939), come una prima descrizione del vocabolario dello spagnolo amazzonico
peruviano della regione di San Ramón (Chanchamayo). Lo studio considera i recenti
contributi della lessicografia dedicata ai glossari letterari in Sud America e anche la loro
applicazione allo studio della storia della lingua e del suo contatto con altre varietà
linguistiche. L'analisi delle voci offre indizi sull'unicità del lessico regionale e dimostra che
lo spagnolo amazzonico non è stato influenzato da una singola varietà di quechua, ma da
diverse. Sono evidenti alcune forme lessicali assenti dal vocabolario amazzonico della foresta
pluviale di pianura o diverse da quelle della foresta pluviale degli altipiani del Perù
settentrionale, che mostrano influenze del Quechua, insieme ad alcuni termini di origine
incerta e a diversi derivati dallo spagnolo che hanno acquisito significati particolari. I
resoconti del viaggiatore francese Théodore Ber (1820-1900) confermano la vitalità di parte
di questo lessico alla fine del XIX secolo.
Parole chiavi: Perù. lessico, spagnolo amazzonico peruviano, foresta pluviale
centrale, glossari letterari
Uma pequena amostra do vocabulário da Amazônia peruana: o glossário de Serraria,
de Manuel Tamayo Vargas (1939)
Resumo
O artigo analisa o glossário incluído ao final do conto Serraria (Aserradero), de Manuel
Tamayo Vargas (1939), como uma descrição precoce do vocabulário do espanhol peruano
amazônico da região de San Ramón (Chanchamayo). O estudo leva em consideração as
recentes contribuições da lexicografia dedicada a glossários literários na América do Sul,
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bem como sua aplicação ao estudo da história da língua e seus contatos com outras
modalidades linguísticas. A análise oferece indícios da singularidade do léxico regional e
demonstra que o espanhol amazônico não foi influenciado por uma única modalidade de
quíchua, mas por rias. Formas léxicas ausentes no vocabulário amazônico da selva baixa
ou formas léxicas diferentes da selva alta do norte do Peru foram evidenciadas, com
influência do quíchua I, juntamente com alguns termos de origem incerta e vários derivados
do castelhano que adquiriram significados particulares. Os relatos do viajante francês
Theodore Ber (1820-1900) confirmam a vitalidade desse léxico no final do século XIX.
Palavras-chave: Peru, léxico, espanhol amazônico peruano, selva central, glossários
literários
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Introducción
El periodo comprendido entre 1935 y 1950 permitió un desarrollo notable de la
lexicografía literaria en el Perú que recién empieza a ser reconocido (Arrizabalaga, 2024).
El detonante del glosario que incorpora Ciro Alegría (1935) a su primera novela, publicada
en Chile, es acompañado por el que incluye Arguedas a su cuento Agua (1935),
y continuado
por muchos otros, por los mismos años en que se publican los vocabularios de Ugarte
Chamorro (1942), Vargas Ugarte (1946) y Hildebrandt (1949). En general, el interés por los
regionalismos es marcado en su aparición en la literatura costumbrista de ámbito local.
Hubo
glosarios incluso para obras que se habían publicado décadas antes sin ellos. En la primera
edición de Aves sin nido (1889), de Clorinda Matto de Turner, no se incluyó ninguno, pero
apareció uno en la cuarta edición con 64 términos, casi todos quechuas, “que deben conocerse
antes de leer esta novela” (Matto de Turner, 1948, p. 267). Igualmente, Cuentos andinos
(López Albújar, 1950) no tiene glosarios en las dos primeras ediciones de 1920 y 1924, pero
en la tercera oportunidad fue Juan Mejía Baca quien añadió un listado con 43 voces de la
sierra central.
A ellos podemos añadir otros repertorios lexicográficos como el Vocabulario
surperuano de Vásquez (1940), así como el Glosario de quechuismos y regionalismos de
Barrionuevo (1950), también referido a esa zona; al mismo tiempo que se registran voces del
valle del río Mantaro, en Laña Santillana (1948), entre otros. La lexicografía regional nace
también estrechamente vinculada con el creciente interés por los estudios folcloristas, como
En ese periodo “la literatura peruana acentúa la tendencia hacia el culto del folclore rural y selvático” (Toro
Montalvo, 2000, p. 473). Para mayores referencias Reyes (1986) ofrece un recuento muy completo de obras
y autores. Los estudios regionalistas se han abordado también desde otros puntos de vista, como la
antropología (Tord, 1978).
Arguedas (1935) señala el significado de algunos indigenismos procedentes del quechua sureño: “La mayor
parte de las voces no españolas que Arguedas recoge deliberadamente en sus novelas son quechuismos
introducidos en el español, con una misión muy clara, la de remitirnos al mundo indígena, a su cultura” (Aleza
Izquierdo, 1999, p. 27).
Utilizamos el término regionalismo, en general, para referirnos a “voces de uso geográfico limitado”
(Guerrero, 1992, p. 155), aunque en este contexto se aplica más concretamente a las voces de ámbito local
que no abarcan un uso reconocido en el conjunto del país. De hecho, Benvenutto (1936) trade reunir
materiales para un gran diccionario de peruanismos que no llegó a realizar nunca.
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ocurre, por ejemplo, en la zona altopiurana de Morropón, caracterizada por la fuerte
presencia afroperuana (Ramírez, 1950).
La función de los glosarios es puramente instrumental, y consiste en “ofrecer a los
desconocedores del dialecto el acceso a la comprensión del mismo” (Tejera, 1983, p. 13).
Ello, mediante el esclarecimiento del significado de palabras de uso particular,
imprescindible para tener una lectura satisfactoria de un texto literario. En este sentido, el
glosario no debe responder tanto a un recuento de la extensión y exhaustividad del léxico;
sino a satisfacer con una explicación útil de aquellos vocablos poco comunes utilizados por
el autor,
con lo que se limita a dar la acepción pertinente al texto en cuestión.
El lugar de los glosarios, por lo general, tiene una posición marginal, como paratexto
aclaratorio, por lo que suele ir en letra pequeña ocupando las páginas finales, lo que les
condena a ser recursos “ocultos” o “escondidos” (Ahumada, 2007. Suelen aparecer bajo los
membretes de “vocabulario”, “glosario” o, simplemente, “vocablos”, sin que el uso de uno u
otro término tenga aquí mayor importancia.
Son fuentes habituales de las lexicografías
nacionales, que se nutren del acopio y ejemplos de uso proporcionados por los escritores,
además de que los glosarios ofrecen importante información para el estudio histórico y
dialectal del léxico (Pérez, 2007, p. 142). Permiten además hacer inferencias sobre el grado
de normalización y la autonomía funcional de los sectores del idioma a nivel diatópico, así
como contribuyen a la formalización de la ortografía (Corrales, 2004, p. 65).
Este trabajo analiza un pequeño glosario del español amazónico para resaltar su valor
como testimonio temprano de la conciencia metalingüística respecto de esa variedad dialectal
en el espacio nacional y por su significación para el conocimiento de la historia del léxico
hispanoamericano. Más concretamente, se plantea la posibilidad de que el análisis de los
glosarios permita confirmar o corregir planteamientos formulados por la dialectología
posterior y se apoya en la lexicografía hispánica como disciplina lingüística desde un enfoque
Sobre referencias de estudios de folklore peruano de aquellos años, se puede ver la bibliografía de Ángeles
Caballero (1952).
Los glosarios, por supuesto, no siempre son elaborados por el propio autor.
Campos Souto (2011, p. 55) resalta también el halo de vaguedad que rodea al término. Fajardo (2018)
señala, sin embargo, que la denominación de las obras lexicográficas “suele llevar aparejados aspectos
conceptuales” (p. 79).
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funcional (Azorín, 2011), esto es, entendiendo los repertorios léxicos como resultado de una
actividad que depende siempre del destinatario y la finalidad para la que se elabora el registro
del conocimiento activo y pasivo del léxico, en este caso por parte de una persona con
formación jurídica, pero con ciertas inquietudes literarias.
El español amazónico peruano
La región amazónica, la más extensa del país, está representada también por los
glosarios que acompañan las obras regionalistas de Fernando Romero (1934) y Francisco
Izquierdo Ríos (1949 y 1950), entre otros posteriores.
Asimismo, en su primera novela, Ciro
Alegría (1935) incluye ochenta y nueve voces, con definiciones muy concisas: ardilosa:
enredadora, donairosa” (p. 204), registradas en la zona del alto Marañón. Escobar (1993)
refiere que en la obra se registra una elaboración del lenguaje que busca “resaltar los rasgos
peculiares de un ambiente diverso” (p. 46) y que con ello contribuye a “asimilar al lector al
ambiente y la experiencia” (p. 51), mediante un conjunto de recursos sintácticos, léxicos y
fraseológicos. Años más tarde reflexiona sobre la idea de que la literatura regional de aquellos
años establece algo parecido a una “doble norma lingüística” (Escobar, 1999, p. 168).
Menos conocida por entonces era la región de la selva baja y así Romero (1934)
justificaría la publicación de sus relatos por “el propósito de divulgar un poco las cosas y
gentes de nuestro Oriente, mal comprendidas, cuando no ignoradas” (p. 17).
Habrá que
esperar al vocabulario de Enrique Tovar (1966), para tener un repertorio extenso de los
aportes léxicos regionales del castellano amazónico peruano.
Dos recopilaciones relativamente recientes se presenten en Huamán Ramírez (1994) y Chavarría (2013).
En 1960 Alberto Escobar recibía el doctorado por la Universidad de Munich, en Alemania, con un estudio
descriptivo sobre las características del lenguaje de la primera novela de Ciro Alegría, principalmente
orientadas al análisis de la fonética y la morfosintaxis de los castellanos que se representan en la novela: del
alto Marañón y de la región andina norperuana (Escobar, 1993).
"La importancia del contingente dialectal de Doce novelas se demuestra al considerar que en las 100 páginas
que propiamente ocupan, hay 205 voces loretanas que han menester, casi todas, de nota que las explique
para el lector costeño o serrano", para lo cual “ha colocado al final de cada uno de sus cuentos sendos y
utilísimos glosarios” (Benvenutto, 1936, p. 182)
Apenas hay referencias a la montaña entre los regionalismos recogidos por Arona (Arrizabalaga, 2025). El
español amazónico de la selva baja, especialmente de la zona loretana, se estudia con cierto detalle en
Ramírez (1993) y en Marticorena (1994 y 2010). Valenzuela y Jara (2020) ofrecen una panorámica general del
español peruano amazónico, si bien se enfocan en una selección de rasgos lingüísticos del llamado “español
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La selva central comprende un espacio bien distinto de los dos anteriores. Fueron
los franciscanos, desde el tiempo del conde Chinchón, quienes avanzaron por el lado de
Huánuco y de Tarma y Jauja hasta el Pachitea y Ucayali por el río Perené, y fundaron como
base de operaciones el convento de Santa Rosa de Ocopa. San Ramón fue una fortificación
militar creada en la época del presidente Castilla y no sería hasta fines del siglo XIX que
empezaría a colonizarse a raíz del contrato con la Peruvian Company.
La región de la selva central, que estuvo menos comprometida que la del norte y la
del sur en la economía cauchera, y más fácilmente conectada a mercados urbanos,
como los de la sierra central y la propia capital de la república, desarrolló una activa
producción agrícola a partir de las colonias europeas instaladas en la zona, en algunos
casos desde el siglo XIX. (Contreras y Cueto, 2013, p. 293)
En 1875, el gobierno de Pardo y Lavalle ofreció a los colonos chacras o pequeños
fundos formados con un terreno de 500 m por 2000 m con un pequeño resguardo militar y
una subvención económica para asentarse en la zona de Chanchamayo. Un viajero que vivió
varios años junto a esos colonos fue el francés Teodoro Ber, quien hacia 1881 describía así
San Ramón:
Este fuerte simple y llanamente es un amontonamiento de tierra y cantos de unos
metros en el extremo conformado por el encuentro del Chanchamayo y el Tulumayo.
Fue construido hace unos treinta años para atemorizar a los indios chunchos y para
detener sus correrías. (p. 271)
Años más tarde, el gobierno peruano, mediante la Ley General de Tierras de Montaña
de 1909, declaró a los campos selváticos tierras de libre colonización, y desplazó
definitivamente a los pobladores nativos ashaninkas. Primero fue la explotación maderera de
cedro y caoba (Contreras y Cueto, 2013, p. 297) y luego vinieron las plantaciones de café,
establecidas en Chanchamayo, “que tenían cerca a Tarma como puente hacia el mercado
nacional y la costa” (Contreras y Cueto, 2013, p. 295).
loretano”. El análisis de una novela amazónica contemporánea (Pau, 2020) se concentra principalmente en
algunos aspectos fonéticos y en el uso de posesivos y la discordancia nominal.
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Si bien el castellano hablado en la región amazónica no se describe con suficiente
profundidad en Benvenutto (1936), este autor ya detectaba a grandes rasgos la profusión
dialectal y la gran variación léxica de esa zona dialectal. La región llamada entonces “de la
montaña”, habría sufrido múltiples influencias debido al contacto con diversas familias
idiomáticas nativas.
Escobar (1978) vinculaba el español amazónico con el español costeño
peruano por la presencia del yeísmo, mientras que Ramírez (2003) lo relaciona más con el
español andino por diversos aspectos entre los que destaca especialmente el léxico regional.
Es notable la influencia del contacto de muy diversas lenguas, fenómeno que apenas
“empieza a tomar real importancia” en los estudios lingüísticos a principios del presente siglo
(Romaní, 2008, p. 167).
Francisco Izquierdo Ríos (1963) destacaría que la selva peruana tiene un rico acervo
de narraciones”, debido a que la fuerza de la naturaleza “es un poderoso incentivo para la
imaginación popular” (p. 142). El autor distingue entre la Selva Alta y la Selva Baja, pero
añade que en todos estos lugares “se hallan en la imaginería popular de la selva peruana
referencias a árboles que ríen, aves que lloran y ríos que cantan” (p. 143). Asimismo, al
explicar la variedad temática de estos relatos, señala que “siempre se escuchan en la selva
historias de mujeres adúlteras amarradas por sus maridos al árbol tangarana” (p. 145).
Un pequeño glosario
Precisamente, la infidelidad es el tema escogido por el abogado limeño Manuel
Tamayo Vargas
para su pequeño relato: Aserradero (1939). Constituye un caso singular de
un joven abogado que no publicó ninguna otra obra de creación, y este pequeño “cuento
regional” lo ofrece con un propósito algo testimonial a su amigo Juan Lanfranco Monier,
quien le habría proporcionado el vocabulario y también alojamiento en su hermosa hacienda
(ubicada, por supuesto, en el escenario del cuento). San Ramón es uno de los seis distritos
La región de la montaña posee una fonética más compleja, resultado de las muy varias influencias que ha
sufrido (Benvenutto, 1936, p. 109).
Manuel Tamayo Vargas (1910-1982) ejerció como juez de menores en Lima y llegó a ser vocal de la Corte
Suprema. Desde 1952 formó parte de la comisión de redacción de la Revista del Foro del Colegio de Abogados
de Lima, junto con Estuardo Núñez, José Barreda Moller y Fernando Tola.
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que conforman la provincia de Chanchamayo, en el departamento de Junín, perteneciente
geográficamente a la cuenca del río Perené.
En el espejo del riachuelo la enramada frondosa hace boscajes: lavan las indias,
golpeando la ropa sobre maderos tiernos. Como el agua, susurradora salta Fidela de
la “cutupa”, cuenta de ayer, en la ranchería, que con “chalanca” Martín frotó fuerte
el cuerpo de la “Yegua” hasta romperlo como tronco en aserradero. (Tamayo, 1939,
p. 76)
La crudeza con la que afronta el asunto anticipa el tono tremendista de los relatos de
otros escritores posteriores como Cronwell Jara. El estilo del relato adolece de una pretensión
algo forzada que recuerda el preciosismo modernista y también se asemeja, con algo de
acierto ciertamente, al lenguaje elaborado de las primeras novelas de Ciro Alegría,
especialmente por sus comparaciones con elementos de la naturaleza amazónica: “fuerte
como congona”; “apretada como planta de montaña”; “igual que tigre cimarrón” (Tamayo,
1939, p. 73 y 75). En ese sentido, detectamos también tempranos ejemplos del uso
comparativo de “mismo”, ahora bastante extendido en el español peruano: mismo que ucush
por la casa”; “mismo que hombre” (Tamayo, 1939, p. 74 y 75).
El relato denuncia la extracción masiva de madera en la región, pero es que toda la
circunstancia del aserradero hace posible el clímax del relato con su final terriblemente
siniestro: “fue con hacha, dice, que tumbó su cabeza que rodó como árbol copudo”. Respecto
al plano léxico, finalmente, los términos incluidos en el “vocabulario” son los siguientes:
bicharra: cocina de barro.
casinete: pantalón.
congona: árbol de madera de ese nombre.
cutupa: pedazo de tronco que queda una vez cortado el árbol.
chalanca: yerba como la ortiga.
chacta: aguardiente de caña.
jobeo: curación por frotamiento, generalmente con animales como el cuy.
lliclla: manta de mujer.
ranchería: casa de peones de una hacienda.
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schaschia: perfume de unas hojas, que usan las indias.
siguetear: seguir.
supaypa huahua: hijo del diablo.
ucush: pericote.
umiro: hojas que usan para techar. (Tamayo, 1939, p. 76).
El glosario, pese a sus limitadas dimensiones, refleja bien la heterogeneidad del léxico
diferencial de la región amazónica. Encontramos, en primer lugar, dos americanismos
bastante extendidos procedentes del castellano: casinete y ranchería, junto a otro derivado
castellano de uso local: siguetear, que en conjunto manifiestan la propensión de los dialectos
hispanoamericanos por el procedimiento de derivación para crear nuevos significados.
El
caso de casinete (cierta tela de calidad inferior)
merece un comentario, pues es algo
singular, como diminutivo popular de casimir, gentilicio de una región montañosa del
Himalaya de donde se sacaba una lana de excelente calidad, pero que aquí, por un
procedimiento de metonimia, ha pasado a designar el pantalón que se confeccionaba con
dicho material.
La mayor parte de los rminos proceden del quechua, de donde se explica también
la expresión: “supaypa huahua”. También proceden de ese origen los vocablos congona,
chacta, lliclla y ucush. La voz congona está ampliamente registrada en los repertorios
lexicográficos (Álvarez Vita, 1990, p. 146; Ugarte, 1997, p, 105). Respecto a chacta y lliclla,
vale decir que no están registrados en los repertorios léxicos amazónicos, sino que más bien
estarían más referidos al área andina;
mientras que, en el último término, estos registran
En el caso de ranchería, aparece definido como “conjunto de viviendas” (Ugarte, 1997, p. 253), “barracas”
(Álvarez Vita, 1990, p. 454), o “conjunto de casa de adobe” (DiPerú, 2026, p. 838), aunque el rasgo semántico
constante y pertinente es que constituían el alojamiento de los peones o empleados de las antiguas haciendas.
Así lo definen Álvarez Vita (1990, p. 127), Ugarte (1997, p. 74) y el DiPerú (2016, p. 212).
Respecto a chacta, procedente del quechua chaqtay, ‘golpear’ (porque para elaborar el aguardiente hay
que golpear y machacar la caña en el trapiche o molienda), Álvarez Vita (1990, p. 168) lo ubica en Ayacucho,
Ugarte (1997, p. 78) en Huánuco y el DiPe (2016, p. 323), de manera menos precisa, en la sierra central. Sin
embargo, el verbo en quechua huanca para moler, frangollar con una piedra es chamqay, con su variante
chamkay (Cerrón-Palomino, 1976, p. 37). Teodoro Ber (2020) recoge el término en sus diarios: La caña para
el aguardiente (chacta) y la chancaca, el café el arroz, el maíz, la yuca, el camote, los frejoles, el achiote, el
plátano son los productos principales del valle (Ber, 2020, p. 272).
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solo la forma ucucha, ‘ratón’ (Tovar, 1966, p. 199). En realidad, ucush parece reflejar una
forma propia del quechua central de las regiones próximas de Tarma y Jauja (Junín), donde
se registra ukush, ‘ratón’ (Cerrón-Palomino, 1976, p. 138),
mientras que ucucha
correspondería más bien al quechua sureño.
También procede mediante adaptación fonética
desde el quechua, el vocablo jobeo (de kupay, ‘frotar’), variante de jubeo, que designa una
actividad muy conocida en todo el Perú con el nombre general de ‘limpia’ o ‘pasada de cuy’
(también qaqoy). Cabe indicar aquí la definición ofrecida por el embajador Álvarez Vita
(1990):
jubeo. - Práctica usada por algunos curanderos para sanar a sus pacientes y que
consiste en frotar un cuy por el cuerpo del enfermo. (p. 306).
Son vocablos de origen amazónico chalanca, ‘ortiga’ (Tovar, 1966, p. 75) y humiro,
‘hoja de palma’ (Tovar, 1966, p. 107).
Este último es uno de los nombres que recibe una
variedad amazónica de palmera que también se conoce como yarina, tagua y marfil vegetal.
Es de origen incierto la voz bicharra, ampliamente documentada y registrada en los
repertorios de peruanismos, así como cutupa, que no se registra en ninguno. Ugarte (1997)
describía bicharra como cocina de hierro fundido” y también como “horno hecho de
adobes” (p. 47). Es más precisa la definición de Álvarez Vita (1990, p. 82), como “fogón o
cocina” de adobes, la que repite el DiPerú (2016, p. 126). En todos los repertorios se marca
el término como usual en la zona andina o en el área rural, pero aquí se registra en la selva
Un rasgo arcaizante el quechua central o huanca es que conserva la sibilante palatal /š/ (Cerrón-Palomino,
1987, p. 111).
Ugarte (1997, p. 180) señala para lliclla una extensión limitada a la sierra sur. Para el vocablo ucucha, en
cambio, indica una extensión amplia a todo lo largo de la sierra y por todo el oriente (Ugarte, 1997, p. 296).
No lo traen Ugarte (1997) ni Tovar (1966); mientras que el Diperú (2016, p. 533) trae con la misma acepción
el término jubeo, junto a los derivados jubear y jubeador.
Ber (2020) trae el término en femenino: “La casita de Las Palmas [una hacienda a una legua de La Merced
en la orilla derecha del Chanchamayo] es como todas las casas de la chacra: una pajarera de cañas o camanu,
bien cubierta con humira, dos estacas y un pequeño vestíbulo techado que sirve de comedor, un gallinero un
poco más lejos, un techo que cubre un espacio que sirve de cocina al aire libre y otro cobertizo para el caballo,
el conjunto en una extensión de veinte metros de lado” (Ber, 2020, p. 306).
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central. No lo recoge el diccionario de Tovar (1966), que describe el léxico de la selva baja.
Respecto a cutupa, tal vez podría venir del quechua kutipa, ‘residuo’, pero el término cutipa,
en la región amazónica, tiene otra acepción muy diferente (DiPerú, 2016, p. 354), y podría
tratarse de un término ya desaparecido.
Finalmente, tampoco se advierte en ningún repertorio o fuente documental el vocablo
schiaschia, que en el relato remite al ‘perfume de unas hojas’ de manera bastante imprecisa.
Ugarte Chamorro (1997) refiere una planta silvestre amazónica cuyas hojas son muy olorosas
(se usan, sin embargo, como condimento) llamada chicchipa (p. 85). Ciertamente, la selva
amazónica posee una enorme diversidad biológica y cuenta con centenares de plantas
aromáticas diferentes.
Tampoco una inspección lingüística permite hallar una solución al enigma. En
quechua huanca existe el verbo asyay, ‘apestar’ (Cerrón-Palomino, 1976, p. 31). Con todo,
lo más probable es que el término se refiera a la acacia o aromo, nombre que se le da aquí a
un pequeño árbol andino con flores amarillas como pequeños pompones y largas espinas,
usado habitualmente para extraer perfumes. Otra hipótesis que tampoco se puede afirmar con
seguridad es que podría provenir como un préstamo al quechua local desde el castellano chía
nombre de una planta propia del centro y norte del continente (Salvia hispánica), de la que
se extraen aceites esenciales. La adaptación fonética del vocablo habría sufrido la tendencia
a la reduplicación que es muy común en el español amazónico, por ser un procedimiento
habitual del quechua y otras lenguas para formar el plural (Ramírez, 2003, p. 44). También
es probable que Tamayo Vargas (1939) escuchara o anotara mal el término, aunque aparece
muy destacado al final del cuento, representando casi el símbolo central del relato.
Conclusión
El glosario de Tamayo Vargas es significativo en cuanto reproduce la complejidad
del español amazónico, además de que ofrece información léxica sobre un espacio no
considerado en la división dialectal que propuso Marticorena (2010). Dentro de la gran
variedad de contactos que han influido sobre el castellano, se demuestra aquí también una
presencia importante del quechua. En efecto, el idioma quechua adoptó el papel de lengua
general en tiempos incaicos, pero más especialmente en la época virreinal, por el empuje de
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las misiones franciscanas. Ello no quita que el castellano haya ejercido también influencia
en las lenguas amazónicas o que algunas de ellas adquirieron el papel de lenguas de relación,
por lo que este espacio ofrece toda una variedad de situaciones que han tenido efectos en la
realidad lingüística actual (Romaní, 2008, p. 168).
El glosario de Aserradero (Tamayo, 1939) constituye un testimonio entusiasta de un
visitante que conoce muy superficialmente la región amazónica, pero que igualmente nos
ofrece noticias significativas Al menos, brinda un indicio claro de que no solo fue el quechua
sureño o quechua II el que se extendió e influyó en la región amazónica, puesto que muestra
indudable influencia de quechua huanca o quechua I, en términos de Cerrón-Palomino
(1987). Se confirmaría así la propuesta de Zariquiey (2023) con relación a que los préstamos
del quechua al español amazónico peruano no provienen de una sola variedad de quechua.
Queda por considerar cuál es la antigüedad y extensión de estas incorporaciones léxicas y de
qué manera coexisten y compiten aún por mantenerse o han podido desaparecer en los
vocabularios regionales.
Ninguno de los términos incluidos en el glosario de Aserradero figura en las notas de
vocabulario que, bajo el título de Glosario de localismos, reúne la segunda edición de los
cuentos de Fernando Romero Pintado (1905-1996). Este otro glosario se compone de un total
de 139 voces (Romero, 1958, pp. 99-104), que también podrían analizarse para conocer mejor
el “clamor silvestre” de las características y la evolución de estas variedades, dentro de las
cuales, el castellano amazónico peruano de la selva central presentaba a mediados del siglo
XX algunos rasgos muy particulares.
Las definiciones aparecen en nota a pie de página en la primera edición de los relatos (Romero, 1934), pero
en la edición que prepara el editor Juan Mejía Baca (Romero, 1958) se colocan todas juntas al final del libro.
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